UN RÍO ES UN GARABATO/

Rossy Evelin Lima (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Un río es un garabato,
una especie de serpiente,
un meandro, una corriente
donde el agua pasa el rato;
un espejo de acetato
que buscando va insistente
a un amigo, otro afluente,
que le ayude a hacer más grato
su discurso al que agrandar
para al fin llegar al mar.

Un río no tiene abuela,
que es un verbo presumido,
disfruta de haber nacido,
no se queja aunque le duela.
Siempre mira hacia adelante
enfrentándose al futuro
como un tipo que es maduro
y no un triste rocinante.
Su destino es caminar
Para al fin llegar al mar.

Como el pájaro bravío
va marcando siempre el paso
pues que él sabe que al ocaso
ya dejará de ser río.
Tiene el alma de un poeta,
de un rapsoda, de un buen vate
siempre haciendo algún regate
siempre armando alguna treta,
entonando algún cantar
para al fin llegar al mar.

Un río, yo aquí me río
es un tipo algo pasota,
una especie de pelota
que navega a su albedrío;
un rey que se cree rey
que derrama su riqueza
mas sabiendo aunque le escueza
pronto el peso de la ley
a su puerto ha de llegar
para al fin ya naufragar.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Rossy Evelin Lima

(Poeta del Año en el The Americas Poetry Festival 2018)

Rossy Evelin Lima

Ratos rotos

Siempre escribía en mis ratos viejos
cuando la hora era un día
y vestido de negro bailaba el tiempo;
reposaban en papel mis letras,
largas historias le hacía a la vida.
En mis ratos viejos siempre escribía
en el viento, en las nubes,
el polvo y la gota eran mi tinta,
mis lágrimas todo lo borraban.
Viejos son los ratos donde escribía,
andaban contentísimas mis quimeras,
mis laberintos jugaban a encontrarme,
era la naturaleza la que movía mis manos,
dirigía mis ojos.
Escribía cuando se hacían viejos mis ratos,
locura escribía cuando el olvido
hacía rutina y eran unos viejos con
sentimentalismo los ratos rotos.
Anhelo.
El que lleva escondido en esa “H”
toda la melancolía del vagido
que sólo en el frío es percibido
Ratos, ratos, momentos
que se dejan morir,
porque, ¿quién soy yo para abrazarlos?
¿Qué son mis manos si ya no escriben?

No nos querían

“No nos querían” me dijo.
A las doce de la noche
lo despertaron los aullidos del perro
que agonizaba, un can pinto que los seguía
todos los días de camino a la milpa.
A las once él y sus hermanos se habían ido a dormir
con hambre, con el dolor de un hueco
que pesaba más que el machete
en sus manos de niño de ocho años.
A las nueve les habían traído un plato con comida,
“Tamalitos para los cubanitos” y cerraron la puerta.
Su mamá le dio todo al perro.
A las doce se habían despertado,
los más chicos apretaban fuerte otras manos,
los más grandes hundían los ojos
en el perro que se desdoblaba.
Su mamá les jaló la nariz a los seis
y los mandó a dormir.
“Así te estarías retorciendo”
le dijo su hermano Flavio.
Mi abuelo se imaginó de cuatro patas
y soltando alaridos,
“A lo mejor sí,
pero sin hambre.”

Perro negro

El perro negro que me ladra
es un espejo.
En el brillo de la calle, su alboroto
expulsa la baba que escurre en mis pasos.
mi abuelo decía que ese perro era el diablo,
un trato por tu alma.
.
El filo de mi espalda
busca la mano del perro diablo
para estrecharla
un alma por un trato,
.
el ladrido interminable,
mi espalda que corta su gruñido,
no hay mano que estrechar,
.
apenas y escucho los pasos,
el lomo se hace una caricia que bruñe.
.
Detrás del cancel
todos los hombres son diablos blancos.

Linaje

Mi abuelo nunca le arrebató
su rostro a la tierra,
se levantaba por las mañanas
con la suavidad de los girasoles.
.
Mi abuelo de azúcar
jamás combatió sus pasos
cuando arrastraba los huesos
y tiraba la caña a la molienda.
.
De apellido Aquino.
.
Mi abuelo jamás quebrantó el aliento,
levantaba la mano derecha,
transparente,
y recibía las piedras para hacer su caldo.
.
Los libros dicen que este apellido
proviene de Italia.
Para mi abuelo su apellido
se encarnece entre paja y junco.
.
Aquino, igual que sus hermanos,
herencia única de sus padres,
declaración de la condena
a la que siempre supo sobreponerse:
Aquí no.

Una promesa

Mar, si suelto la fuerza
prometes tragarme en un todo,
en un suspiro descarnado,
abrazarme con rombos corsarios
que me envuelvan en mi viaje hasta tu penumbra,
.
prometes lavarme primero los pies y los ojos
regresarme el asolado recuerdo de mis padres
y quitarme el temblor de estas compuertas
cerradas para siempre,
.
Mar, si mis manos no salen al combate de la vida
prometes sumergirme en el túnel desgastado del golfo
hasta encontrar el camarón de oro
que iré a ofrendarle a la Virgen de los Lagos,
.
prometes, mar, quedarte envuelto en esta caja
como una encarecida ofrenda, si decido no volver,
.
si decido que mi cuerpo descansará en tierra
y no en el nácar ensortijado de tu pecho.

Lancha

La pinté de azul para que entrara en sintonía con el río,
que los peces construyeran sus casas en ella.
.
Creyendo que soy su guía,
escriben historias con sus pequeños tridentes,
me avisan cuando se acerca
el diablo del mar para cambiar el agua
de mi cantimplora
por sal.

Mi herencia

Mi herencia es el dolor del mundo,
un fuego encendido y combatiente
dentro de costillas incisivas, como las lenguas
que en su desarrollo evolutivo
se convirtieron en alas.
.
Cansado de mirar al suelo, digo, al cielo,
me precipito descarriado y agónico, pero sonrío.
.
No es nada la pena si entre la bruma
ahondo con dos manos esta sonrisa,
esta sonrisa que mata soledad,
esta sonrisa que mata pasado,
que hace salvable esta vida tunca y tullida,
.
esta herencia mía, la cargo sin pena,
los viejos dicen que la vida terminará por acabarme,
que mi herencia me hará una joroba grande,
montañosa. Ya quiero que pase, sembrar en mi joroba
tres árboles de limón, un poquito de ruda,
que mi perro se canse de escarbar en mi espalda
y de enterrar huesos que no encuentre nunca,
.
esta sonrisa mata suerte,
rescata almas inundadas de estaño.
Ya siento mi joroba, haciéndose camino,
llenándome el pecho, estirándome el cuero
para hacer más amplia esta sonrisa,
esta sonrisa que mata.

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