UNA CHARCA/

Vicente Espinales (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Ayer paseando miré a tu acequia,
estaba triste,
sus aguas cenagosas,
antaño claras, limpias y olorosas,
ahora de putrefacción se visten.
De tus sueños ya queda la entelequia
de aquellos que en sobrevivir insisten,
ninguno te acaricia ni desviste.
Y tu escenario,
al cruel paso del tiempo no resiste
pues nadie ya contigo es solidario.
Casi laguna, acequia, ahora charca,
tus sueños y esperanzas de ser mar
se han perdido en tu incierto caminar
o entre alcanfor guardados en el arca.
Hasta las ranas te han abandonado,
pues ahora ya a tu lado
sólo queda dolor y desconsuelo.
Trágico hoy hasta el duelo
entre sombras se ausenta ensimismado.
Tus ojos dolorosos, desprendidos,
atónitos de afanes escondidos,
lágrimas lloran con olor a muerto
en nombre de un futuro tan incierto
escaso para vivir ya de motivos.
©donaciano bueno

El paso del tiempo hace que los sentimientos, si no se cultivan, se queden anticuados.

POETA SUGERIDO: Vicente Espinales

Vicente Espinales

Junio

Hermano mayor del mes de Mayo
abiertas están mis puertas
las que nunca se abrieron
para que dejes durante treinta días
la Historia de otros años
y tu presencia como un niño blanco.

Llegas aún entre la lluvia
traes al son en tus columnas
derrámalo en el campo
y entrégame un domingo de ternura

No te llenes de ceniza
ni contemples las ruinas de un pasado
tú y yo podemos ser ancianos
y sin embargo eres nuevo en el verano
y yo con una luna redonda entre mis ojos.

Junio
hay un río que corre en tus laderas
y es mi sed, mi fuerza, mi cerebro
mi relámpago.

Febrero

¡Ya a Febrero lo tengo entre mis sienes
despertando las luces de este invierno;
mientras un barco despide mi tristeza
mis manos llenas de cansancio
arrancan los números finales.

En este nuevo mes
cosecharé luceros,
brotarán las espigas
que sembré en Enero
y habrá por todo mi campo de respuestas
un terminar de campanas y colores.

Es tan corto mi amor es tan hermano
que llega a humedecer hasta mis versos,
pero es sincero en mi ventana de sorprersas
ciegamente lo espero.

Febrero, no sé por qué
tú me entregas en tus marcados días
lo que desde hace mucho tiempo anhelo.

Celos

Baja un poco la sombrilla
El sol está quemando tus pezones
Y sobre la arena caliente
Un par de piernas se entusiasman.
Y te aclaro que no me sorprendo de nada.
Simplemente tengo terror a los anzuelos
A los ojos desorbitados
A la malicia servida a plena luz del día
Y a la falsa posición de los abrazos.
Talvez me esté consumiendo en mi vejez
O en esa libertad repasada que me acusa.
Pero me importa más
Que todo el tiempo ya vivido
Tu perfil de fruta apetecida
Tu busto al viento
Y esa copa derramándose en mi mirada.
No te inquietes
Si digo que bajes la sombrilla
Si es que importa.
Caso contrario, desnúdate más
Y más. Que así es como yo te amo.
Y que todos entiendan
Este lenguaje de amor
Que tengo para tu cuerpo.
Y esta razón de amarte
Para tu enriquecida vida.

Llamada

Me dicen que llamaste
No sé desde dónde.
Tus vuelos son tan mágicos
Que en mí son separaciones.
Ayer una, hoy otra.
Y talvez mañana la última.
Siempre es la última.
Porque volvemos galopando
Al sitio de la entrega.
Allí sin timbres alucinantes,
Sin interrogaciones
Los cuerpos son los cuerpos
Las pieles se deshojan.
La noche es una sola.
Y los dos entrelazado
Para seguir el cuento.
Pero ayer mismo te fuiste
Y comprendo que andas desesperada.
Ahora otra vez
Quiero volver conmigo
Para lo mismo, para lo mismo.
Talvez te vuelva a recibir
Pero por si acaso no te molesta
Haz un esfuerzo
Y vuélveme a llamar.

Discúlpame

La puerta estaba abierta
Arreciaba la lluvia
Hacía mucho ruido en el tejado
Y el viento era una constante
Entre mis huesos.
Almacenaba de verdad anhelos
Desde la última llamada de emergencia.
No enloquecía. Suspiraba en medio
De la inquieta soledad
Que entraba de puntillas poco a poco.
Decidido entonces a permanecer despierto
A ser guardián de mis propios sueños
A tratar de embriagarme con recuerdos
Y a no dejarme vencer en el cansancio.
Así llego desnudo a tu aposento
Al mismo lugar de los encuentros.
En donde ni tú ni yo nos consolamos
Invierno tras invierno.
Discúlpame me ensortijó el deseo
Me bañé sin quererlo en tus adentros.
Y lentamente fue descendiendo en la promesa
Hasta quedarme frente a ti sólo en mis ojos.
Ahora, bien puedes marchitar la lluvia
Que aún se anida entre mis huesos.
Soy el mismo de ayer con más sigilo
Y sin embargo tirito todavía.
Vamos, dejemos los lamentos
A la tierna suspicacia del anhelo.
Los dos somos una guitarra desprendiéndose
En la noche
Con un canto latiendo en cada cuerda.
No me sorprendas cerrándome la puerta.
He venido a tu encuentro.
Tómame, desgárrame, incinérame.
Sólo tú conoces la adivinanza de mis besos.
No le hagas sombra.
Siémbralos en tu amanecer
Bajo la lámpara.

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