UNA TARDE EN MADRID

Paz Molina(Poeta sugerido)

 

Hoy de mi casa en Madrid he ascendido a la azotea
es una tarde de otoño, tarde de luz primorosa,
-de cielo al atardecer, gris y azul, tarde mimosa-
donde diviso el entorno y hasta mi alma se recrea.

Oigo el susurro del viento que acorde con la estación
va transportando el perfume que se arrastra de las lilas.
Inquieto, un rayito de sol, divertido y juguetón
insistentemente posa y luego oculta en mis pupilas.

Bailo al compás que me marca de mi hamaca el diapasón,
mientras silbo y tarareo alguna linda melodía,
¡cómo me gusta asomarme cada tarde a este balcón
haciendo mil aspavientos, suelo y cielo en sintonía!.

Ensimismado ahora estoy viendo el manto en la campiña.
Para mi el tiempo no existe, veo parterres de rosas,
veo que jugando a la comba en la plaza hay una niña
y otras parece que en riña, todas lindas, revoltosas.

Mi terraza es mi evasión ¡Yo amo en Madrid a mi terraza!
Siempre husmeando en cada plaza. Es mi ilusión, mi alegría.
Y lo hago así cada día, paraíso es que relaja.
¡Lo que alguien feliz como yo por subir allí daría!

Cae la tarde. Cojo el sueño y me lo envuelvo entre algodón
para que así en mi memoria permanezca cada día,
abro la puerta de mi alma y desde allí saco un cajón
y guardo con mucho esmero zalamero a su ambrosía.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Paz Molina

Paz Molina

Tan solamente

Yo rivalizo conmigo:
No estoy a la altura de mi condición.
Me topo con sorpresa contra mi propio yo.
Me sucede que no canto como quisiera.

Balbuceo y escucho una lejanía.
Tímidamente me alzo en lluvia.
Escojo, por no dejar, un nombre para darme.
Y no me siento interpretada.

Tan torpe como soy. Tan solamente.
Tan única y tan ella y tan dolida.
Y la gran carcajada que me gasto.
Y las ganas de ser y de quebrarme.

Rivalizo conmigo y esta pugna
vagamente grosera me invalida
las mejores gestiones amatorias.
Y mi propio amor, mi boca para el beso
mi discutible condición angélica
se me van convirtiendo en impostura.

LA ROSA

Considera el perfume de la rosa
-me dijo un sabio- por su terciopelo.
No es cosa de ponerse tremebundo
y desterrar al sol de los jardines.

Yo quise hablarle de la rosa negra
de la rosa fundada en la sospecha
de la rosa revuelta en la ráfaga
de la rosa podrida en la conciencia.

Yo quise hablarle de la rosa ciega
de la rosa muñeca de madera
de la rosa ritual del calendario
de la rosa crema chantilly.

De la rosa. Yo quise hablarle de la rosa.
Pero estaba amortajado el caballero
en el perfume ambiguo de la rosa.
(del libro Cantos de ciega)

VESPERTINO
Qué pálido el reflejo de la conciencia
en el comedor de los otros
cuando anochece y no hay lumbre
cuando anochece y no hay madre.

Así apenas la canción
apenas el polvoriento afán
del verbo en su escondrijo múltiple

A qué controvertir ya tantos soles
A qué tanto amanecer y de rodillas

Sólo que me contuviese la alegría
Sólo que la alegría me fecundase.
(poema inédito)

TE ARREPIENTES
No te bastó con verme agonizante.
Quisiste abrir aún más la honda llaga.
Tu espada insolente dividió mi sueño
en dos mitades imposibles.
Ahora busco la forma de reparar lo irreparable.
Un riesgo se define plácido en mi frente.
Acudo nuevamente a ti. Te nombro y huyes.
Acobardado por mi terrible afán.
Ahíto de sorpresas.
Absoluto de arrepentimiento.
(del libro Neruda, aparta de mí esta sombra)
HISTORIAS DE ÁNGELES II
Yo quiero una mujer para apagar mis ansias,
dijo el Ángel, y un gesto obsceno le oscureció el semblante.
Estoy harto de alas y miriñaques,
ahora quiero deshonrar mi estirpe entumecida.

Quiero unos pechos vastos, formidables,
en extensión incierta como pensamientos humanos;
que se hundan en ellos mis torpes manos pudibundas.
Mis antiguas plegarias han de ser besos y saliva.

Quiero una inconfesable lujuria.
Se subleva mi espíritu macilento,
mi espalda sudorosa se inclina sobre un cuerpo
que parece ardorosa convulsión del Infierno.

Quiero un goce satánico,
dos piernas que agonicen de estertor,
y dos manos que perturben mi agónico sentido.

No recuerden mis cánticos.
Mis alas están yertas.
tan sólo quiero una mujer
y su nefasta dulcedumbre.
(del libro Memorias de un pájaro asustado)

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Aquí estamos por azar, porque lo quiso el destino o el Señor, dispuestos a terminar…
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