VER PASAR EL TIEMPO

Poeta sugerido: Rosa Romojaro

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De la vida apoyado en mi bastón,
caminando sin dirección ninguna,
observo como pasan una a una
las vivencias de mi viejo corazón.

Mientras tanto tarareo una canción
que aprendí de mi madre allá en la cuna,
lanzo notas y clamo a la fortuna
al ritmo que me marca el diapasón.

¡Cómo recuerdo en mi vida la razón
del pueblito, mi escuela, mis maestros!
mis juegos a la pelota en el frontón,
en fin, todos los sueños eran nuestros.

¿Por qué aquella inocencia se murió?
¿Por qué dimos plantón a la alegría?
¿Quién suplantó en nuestra mente la ilusión?
¿Con qué señuelo ahogaron nuestras vidas?

Hoy lamentos no son la solución.
De nada sirve ya decir lo siento.
Pienso en mi madre y reanudo su canción
observando como trascurre el tiempo.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Rosa Romojaro

Rosa Romojaro

LA VUELTA

Acabas eligiendo este sexteto
lira, o mejor, lo elegiste al llegar
del viaje secreto,
de vuelta a este lugar
y a estos folios vacíos.
Ibas como sonámbula entre líos

de medias, ropa usada, neceseres,
maletas: no debiste, tan ligera,
hacer planes: no eres
dúctil como la cera:
A B a b c C,
si lo que quieres es gritar: por qué.
(Poemas sobre escribir un poema y otro poema, 1999).

EL ÚLTIMO POEMA

El último poema de la noche
es éste que ahora lees.
Ha sido un largo caminar a oscuras
rastreando estas palabras huidas en la sombra.
Se ocultaban lo mismo que se oculta
y se pierde la voz de un país sometido.
Y también la memoria, esa sala sin luz
donde no encuentras nada porque nada ya es tuyo.
Invadida la vida por la vida
sólo un retazo queda que ha de ser suficiente
para salvar el habla. ¿Notas el soplo amigo
de la brisa en los ojos? ¿Su mágico consuelo?
¿Su dictado? Es la confirmación
de un pacto aún no abolido con el mundo:
esa alianza antigua por la que, en soledad,
el mundo te entregaba su lenguaje.
Cuando la luz del día haga palidecer
la claridad fingida de esa lámpara,
no traiciones su gesto.
(Zona de varada, 2001).

CONJURO AL ESPECTRO DEL POEMA

Ese poema ahí,
mientras el tambor gira y el asado se dora,
en el trocear la carne,
en el podar las plantas del jardín,
en el subir y en el bajar
las escaleras,
en el sudor del día,
en el rememorar qué falta en la despensa,
en revisar los fuegos y las luces,
en hacer cuentas para ir viviendo,
en recoger las cosas que se agolpan,
en desbrozar papeles que se apilan,
en limpiar y fregar, y barrer y aspirar
el polvo,
y las pelusas,
y los pelos que caen
(todo es belleza, luego, y armonía,
y, sobre todo, orden), en salir de la casa
para ir al trabajo, en rendir sin rendirse
(todo es paz al llegar),
en amar mucho o poco,
en hacer el amor,
en recibir amor o en ser odiado,
en el bien y en el mal,
en el ni bien ni mal:
ese poema aquí.
Amén.
(Poemas de Teresa Hassler (Fragmentos y ceniza), 2006)

Danae

Chispean los minutos como lluvia
de oro en el espejo azul de la consola.
Mediodía de un jueves soleado
en soleante seducción del blanco cuerpo
retenido en la cámara.
La bella
se desteje limosa en los sueños del lino
y, mecida, no sabe si la mano es un pez
bajo liviana ola, o medusa riente
en un brazo de mar.
El cobre del cabello
se derrama cubriendo el cabezal de ascuas
encendidas.
En el cenit el sol arde la fronda.
Y la bella despierta al fervoroso tacto
de la líquida fibra,
y en el espejo mírase,
despeja la espesura
y, sabiamente, ámase.

Reina

Mostradme qué ha ocurrido. Cómo una aguja débil
pudo ser tan mortal. Se dice en los anales
que el hombre del presente fue otro en el pasado:
una línea de sombra separa el nuevo día

del que va hacia el declive: la vida de la muerte.
Este efecto furtivo de desahucio,
este vagar vacío por ciudades ajenas:

extrañeza del cuerpo: casa deshabitada.
Dónde el amor. Ningún amante hubo más dulce
y sin embargo. Capitula

la piel en el exilio. ¿La podéis ver ahora
en la orilla sentada?: el agua corre
a través de sus dedos. Mirad su imagen quieta.

Tahúr

La conciencia de haber gastado todo
en un juego de azar. ¿La habéis sentido?
Es como andar desnudo con pudor de doncella.

Se cubre la palabra bajo un velo de nieve.
La luz , desconocida, se manifiesta entonces
sin amistad alguna. Acuchilla los ojos

que sangran en la hoja. Contornos incendiados.
Qué distante la nube a las señales ciega.
Día extranjero. Mar. Ángulos de la puerta

clausurada a la calle. Esquivo fue el vivir
como un joven hermoso. La muerte será esquiva.

Ratas en el jardín

Allí estaba entre ramas. Sigilosa.
Oscura sobre el blanco de la cal.
Luego, corriendo en la cornisa. Luego,
el cerco de su ojo, amarillo en la sombra,
saliendo del macizo. Y allí, otra vez, los dos,
con las manos cogidas, sabiendo que una rata
sola no hace septiembre, mirándonos perplejos.

Recuerda

Esas copas que brillan como llama
y que laten al tacto de metales
ligeros -tantas copas-; esa trama
que, sobre cal, dibujan, verticales,

las hileras de libros en tapices
de olvido -tantos libros-; todos esos
atajos y caminos de matices
parejos que descubre la luz, presos

entre los montes -tantos-. Tantas cosas
iguales y cercanas, ordenadas
y juntas son, más aún que las rosas,
más aún que el reloj o las azadas,

recados de la muerte: faltará
tiempo para vivirlas todas ya.

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