VIVIR DE PROPINA

Carlos Vásquez Tamayo(Poeta sugerido)

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Que vivir para mi hoy, ya es de propina,
agarrado a la pata voy de un banco,
sin lastres, pues ya nada contamina,
en riesgo, siempre al borde de un barranco.

Cual loco que del mundo nada espera,
despacio, siempre al frente voy mirando
sobre qué soy, qué fui o ser pudiera.
la muerte a mis espaldas, divagando.

Y aunque dudo que exista, a dios le pido
me siga en el paseo acompañando
que juro continuar sin hacer ruido
rogando sin cesar y al mazo dando.
©donaciano bueno

Siempre viviendo de prestado Clic para tuitear

Hay quien dice que a partir de los 50 años, el resto, todo es de propina, otros arguyen que eso es a partir de los 60, y otros, como yo, que toda la vida lo es. Es una opinión,.

POETA SUGERIDO: Carlos Vásquez Tamayo

Carlos Vásquez Tamayo

PROMETEO

Me dejaste solo.
Entro en la espesura.
Y la noche gira.
Se va dividiendo.

Se acuesta a mi lado.
Su calor me habla.
Sílabas partidas el eco no abarca.

Recojo en mi red las conchas cerradas.
¿Qué puede prender?
En agua sumisa la playa blanquea.

Ruido interminable.
Cómo puedo asirte.
En secreto flota su hilo la araña.

La voz enrojece.
Murmura quién viene.
La luz es un ruego.
Su ripio cayendo.

Bajar ir palparse.
Acre rojo labio.
La piel fría escama.

el viento repite su vano quebranto.
El río no alumbra.
Me expulsa su lecho.

Qué extraña manera.
Seguir sin moverse.
Por lentos recodos.
La pisada quema.

De pronto aparece.
Intento tocarle.
Sácame de aquí.

Esparce la noche su seca tormenta.
No logra tenerle.
Desprende su vaho.

Busco en su rincón.
Quién llama quién viene.
Una sola puerta.
Parece la misma una vez sellé.

Puede baste abra.
El garfio en el sueño.
Ella sigue sola su sorda rodada.

Están allí juntos.
Cual ciegos se palpan.
Se inclina en la sombra la lenta pared.

Amarga la boca murmura su hierba.
El oscuro aire hierve mis pulmones.

Me mira de cerca.
El oído aliento se lleva la frase.

Qué puedo confiarle que ya no contenga.
Me deja que ruede.
El pozo se estrecha.
Hondos escuchamos la piedra caer.

La saliva esparce.
Ronca lengua escarba.
El amor oculta el hueco que abre.
La palabra atiza su negro brasero.

Dime vida mía.
El cielo devora la luz que me dieron.

Piedra de estar quieto.
Mis solas pasiones.
Qué son sin mis dedos.

Como si dijese.
Noche toca apaga.
En medio los días.
Grieta impenetrable.

Las horas un paso.
Segundos un soplo.
Abajo en lo yerto.
Rueda un agua breve.

La mano gotea su arena desierta.
Déjame lo intente desnuda caer.

La ciega ceniza envuelve los huesos.

Te llamo. ¿Me oyes?
El aire retumba.
Arena los párpados.
Un agua dormida empuja los muertos.

No me dejes solo.
Dime dónde ardes.
Me aferro me jalan.

Me hundo en tus dedos.

te alejas te alejas.
Oigo tu pisada.
De golpe penetra.
Clava en mis pulmones la negra puntilla.

El rostro ilumina.
Detrás de qué tela.
Es tiempo no vayas.

La sed hormiguea.
Bebo gotas secas.
Ahora que arrecia no me pidas eso.

Mastico tu olor.
Tu labio tu lengua.
Tu mano desliza.
Más honda me cava.

Ciérrame te imploro.
Tu sal ruda quema.
Axila me hundo.
Bebo no me sacio.

La blanca ceniza.
Mis manos desgajan.
Los dedos se cierran para no decirlo.

Rezo estoy rezando.
Me extiendo en la hierba.
Rodéame hermana.

No quiero hacia nunca.
Sea paso a paso.
Mi sangre persigue los días que quedan.

No importa me astille.
Sucesión hermana.

No quiebres mi tallo.
El árbol se arquea.
Es tiempo se apiade.

aunque no te siga.
Tiempo mío hermano.
Hasta que me tapie.

Lluvia barre el aire.
Mi hora se atasca.
En qué curva ciego.
¿No veré ya tierra?

Instante no quemes.
Ido no me siento.
Mi carne adormece su polen oscuro.

Lo encierro en un puño.
Si abro mi mano su larva ya vuela.

Sólo esta muralla.
Mi voz no da alcance.
Mis padres hermanos.
Estoy solo tiemblo.

Pintores

la soledad es infinita para los pintores,
qué sentido tendría su luz, bien sea en
paisajes aureolados o en bocas contraídas
o gritos, si los pintores no traspusieran
su intención, su soledad sería redonda
y se justificaría, hallaría palabras y
las imágenes, aguas, ramas cielos sin nubes,
pasarían a su imaginación, pero hay una pureza,
un plantar la cara ante el vacío, que la luz se
filtre y entonces todo se ve y ellos no
necesitan decir nada, por eso tan solos, tan
místicos, esa extraña satisfacción, no pedir
nada, para nada prepararse, los pintores
plantan su mirada y la vida se abre,
pero nunca dejan de ver y por eso se acercan a
la música y son desnudos como las praderas,
si los pintores no se ajustaran
tan nítidamente a la redondez, pasarían por
embaucadores, piratas de las formas o
intermediarios de dios, pero dios los acompaña
y les guía, les cuenta su secreto y por eso su
soledad se extiende, sube hasta el cielo que
pintan y se detiene a iluminar a los hombres,
que no creen en esa luz y por eso los llaman
y les piden retratos, si los pintores no
estuvieran infinitamente solos, la trama de
ideas y de formas se desharía y hasta dios
buscaría un sitio donde ir.

Inmovilizarme

Viene,
se respira al deshojarse,
cada vez que sopla,

siento el tiempo al revés,
el frío con su precisión
despigmentando el parque,

oscuramente comprendo
que es un honor
que es parte del misterio
presenciar lo extraño.

He viajado todos los días
todas las carreteras
para pisar las hojas secas
en el parque,
muertas, desunidas,
muertas, rotas, multiplicadas,

avanzando a descubrir
los últimos matices de las
fibras luminosas.

Todo se despide ante
la congelación
son pocos los días
y las semanas
y aún quedan árboles rojos,
amarillos, anaranjados.

Siento como un lujo
esta muerte
este instinto tan exaltado,
respiro el aire
y me veo por dentro.

Desde todas partes
saltan las campanadas,
el imagen flaco y desprotegido
de las ramas
entonces me sueño
entre las especies y las formas
que acompañan la materia.

Todo comienza con un corte
transverso sobre un banco,
gravedad más allá
de lo que se sostiene
pasear y petrificarse
mientras el sueño es un eco
del pasado
confundiéndose con el futuro.

Todo comienza cuando
permaneces intacto y mudo
abres los ojos y la boca
enmudece la palabra
y en el límite que se desprende
te desprendes lentamente,
en secreto se interna,
aparece, desaparece.

Fue entonces entre él y yo
todo lo que se va,
herirme al costado para
despertar
en el mismo trecho glacial
advertirme,
advertirle,
como todo desencaja
hasta encontrarse la
realidad más descarnada
en un filamento de seda
casi imperceptible…

Senocal

A Alejandra Pizarnik

Que fue el senocal
y que ya no tienes ojos,
que aguardabas insomne
temblando contra el deseo,
oscilando sin rostro con una plática
exterminadora y desviabas el curso,
el infierno musical
donde la niña extraviada se hundía
sin ternura al salir el sol,
sola, en silencio, desabrigada,
más allá de todo.

Que fue el senocal
y que ya no tienes dedos,
que ya no comprendes y ya
no corriges,
que después de vomitar
te has tumbado
y un ciclo de reflexiones,
ráfagas, flores iluminadas.

Ya me invitases otros años,
derrames de ternura y cuentos infantiles,
que si tomo las pastillas para
dormir ya no doy golpes
y el tiempo es un síntoma
que escarba.

Como si te tocara y no fueras tú sino la noche…

Como si te tocara y no fueras tú sino la noche.
Me clavas al dolor que talla el instante.
Te veo venir del otro lado de la lluvia, eres el viento.
Me ves en el pensamiento, donde no puedo llegar ni nombrarme ni preguntar por mí.
Como manos que entran en la luz y se miran.
Frases oscuras como bocas.
Como la amistad en la que ardemos.
Eres el grito que no puedo oír perdido en el silencio de tus manos.
De Agua tu sed (2001)

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