YO CONOZCO

»El Poeta sugerido: Enrique González Martínez

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Conozco una tierra, llena de tristeza
y un barco sin velas, presto a naufragar,
y un viejo sin alma, que gime y que reza
y un ciego sin ojos de tanto llorar.

Y a un niño que absorbe la sopa en el plato
y a madres que sufren al verle ensuciar
y he visto, no crean, besar su retrato
a un tipo pacato gozando a rabiar.

Y a curas y frailes, y a pares, a monjas
subiendo a un estrado y allí predicar,
decirle a los fieles bonitas lisonjas,
con ellos a coro ponerse a cantar.

Y he visto, no piensen que lo haya soñado,
que yo por el día no suelo soñar,
a un pobre indigente sufrir despreciado
besando al sujeto y subirse a su altar.

A burros roznando leyendo poemas
de Lorca o Machado, quizá Baudelaire,
y a heces suturando por sucios eccemas,
y a dios repicando muertos de placer.

Y he visto a fantasmas jugando a ser hombres
buscando en las fuentes su signo al nacer
y a otros descontentos cambiando sus nombres
rumiando en silencio sin saber qué hacer.

Y así que haya alguno que a mi no me crea
-me duele en el alma decir que no he visto-
el que a mi me hizo quien quiera que sea
ya fuera Mahoma, ni a Buda ni a Cristo.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Enrique González Martínez

Enrique González Martínez

Mi tristeza es como un rosal florido…

Mi tristeza es como un rosal florido.
Si helado cierzo o ráfaga ardorosa
lo sacuden, el pétalo caído
se trueca en savia y se convierte en rosa…
Mi tristeza es como un rosal florido.

En mi dulce penumbra sin ruido,
la propia vida con mi llanto riego,
y las horas dolientes que he vivido
impregnan de perfumes mi sosiego…
Mi tristeza es como un rosal florido.

Tú que colgaste en mi dolor tu nido,
sabes que a cada mal brota una yema
y revienta un botón a cada olvido.
¡Perenne floración y eterno emblema!…
Mi tristeza es como un rosal florido.

Parábola del camino

A Esteban Flores

La vida es un camino…

Sobre rápido tren va un peregrino
salvando montes; otro va despacio
ya pie; siente la hierba, ve el espacio…
Y ambos siguen idéntico destino.

A los frívolos ojos del primero
pasa el desfile raudo de las cosas
que se velan y esfuman. El viajero
segundo bebe el alma de las rosas
y escucha las palabras del sendero.

De noche, el uno duerme en inconsciente
e infecundo sopor; el tren resbala
fácil sobre el talud de la pendiente,
y el viajero no siente
que en la campiña próvida se exhala
un concierto de aromas…
El prudente
que marcha a pie, reposa bajo el ala
de un gran ensueño, y trepa por la escala
excelsa de Jacob. Cuando el Oriente
clarea, se echa a andar, pero señala
el sitio aquel en que posó la frente.

Ambos llegan al término postrero;
mas no sabe el primero
qué vio, qué oyó; su espíritu desnudo
de toda adoración se encuentra mudo.
El otro peregrino recuerda cada voz, cada celaje,
y guarda los encantos del paisaje.
Y los hombres lo cercan, porque vino
a traer una nueva en su lenguaje
y hay en su acento un hálito divino…
Es como Ulises: hizo un bello viaje
y lo cuenta al final de su destino…

Porque la vida humana es un camino.

Parábola del huésped sin nombre

Han llamado a mi puerta,
que siempre está de par en par abierta
y que esta vez la ráfaga nocturna
cerró de un golpe…
Sola y taciturna,
en el umbral detiénese la extraña
silueta del viador. Lívida baña
su faz la luna; tiene el peregrino
sangre en los pies cansados del camino;
ojos en que retrátase y fulgura
una vasta visión que ha tiempo dura
en incesante asombro;
y con la gruesa alforja, la insegura
mano sustenta un báculo en el hombro.

-¿Quién eres tú? ¿De dónde
vienes, y adónde vas?… Y me responde:
-Nunca supe quién soy, y no sé nada
del principio y el fin de mi jornada.

¡Yo sólo sé que en la llanura incierta
de mi peregrinar, llegué a tu puerta;
que mi cansancio pide tu hospedaje,
y que a la aurora seguiré mi viaje.
Destino, patria, nombre…
¿No te basta saber que soy un hombre?

A sus palabras pienso que mi vida
es como una pregunta suspendida
en el arcano mudo, y digo: -Pasa,
sea la paz contigo en esta casa.

Y entra el viador, y nos quedamos luego
al amparo del fuego.
Nuestro mutismo sobrecoge y pasma,
y cual doble fantasma
que evocara un conjuro,
se alargan nuestras sombras en el muro…

Porque ya mis tristezas son como los matices…

Porque ya mis tristezas son como los matices
sombríos de los cuadros en que la luz fulgura;
porque ya paladeo la gota de la amargura
en el dorado néctar de las horas felices;

porque sé abandonarme, con la santa inconsciencia
de una tabla que flota, sobre el mar de la vida,
y aparté de mis labios la manzana prohibida
con que tentarme quiso el árbol de la ciencia;

porque supe vestirme con el albo ropaje
de mi niñez ingenua, aspirar el salvaje
aroma de los campos, embriagarme de sol,
y mirar como en antes el pájaro y la estrella
-el pájaro que un día me contó su querella;
la estrella que una noche conmigo sonrió-,

y porque ya me diste la calma indeficiente,
vida, y el don supremo de la sonrisa franca,
sobre la piedra blanca voy a posar mi frente
y marcaré este día con otra piedra blanca…

Rústica

El retozo

No en retóricas vanas el osado
el tiempo pierde y la ocasión propicia;
es tentación muy fuerte la delicia
de aquel rostro gentil y sonrosado.

La fresca brisa y el mullido prado
avivan el afán de la caricia…
¡Fuera en verdad torpeza o estulticia
a Eros tutelar dejar burlado!

Ni fácil ni segura la victoria,
por alcanzar del triunfador la gloria
ninguna avanza ni tampoco ceja;

ágil el mozo, la doncella ducha,
uno del otro dignos, nueva lucha
de Jacob con el Ángel asemeja.

Salle et sille

Quema a solas- ¡a solas!- el incienso
de tu santa inquietud, y sueña, y sube
por la escala del sueño…Cada nube
fue desde el mar hasta el azul inmenso.

Y guarda la mirada
que divisaste en tu sendero- una
a manera de ráfaga de luna
que filtraba el tamiz de la enramada-;
el perfume sutil de un misterioso
atardecer; la voz cuyo sonido
te murmuró mil cosas al oído;
el rojo luminoso
de una cumbre lejana;
la campana
que daba al viento su gemido vago…

La vida debe ser como un gran lago
cuajado al soplo de invernales brisas,
que lleva en su blancura sin rumores
las estelas de todas las sonrisas
y los surcos de todos los dolores.

Toda emoción sentida,
en lo más hondo de tu ser impresa
debe quedar, porque la ley es esa:
no turbar el silencio de la vida,
y sosegadamente
llorar , si hay que llorar, como la fuente
escondida.

Soledad tardía

Soledad, bien te busqué
mientras tuve compañía…
Soledad, soledad mía,
viniste cuando se fue…

De tus brazos me escapé
cuando en tus brazos dormía;
estar a solas quería
sin adivinar por qué.

Toda la noche vagué,
por verte, soledad mía;
regresé rayando el día,
y dormida la encontré.

De puntillas me alejé
burlando su compañía
por hallarte, y no te hallé;
pero un día que volví,
no la encontré…

¡Ay, mi soledad tardía,
viniste cuando se fue!
Lloré porque no podía
hallarte, soledad mía…
y lloré porque te hallé…

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?…
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar…

Mis ojos eran hechos para formas sensibles;
me embriagaba la línea, adoraba el color;
apartaba mi espíritu de sueños imposibles,
desdeñaba las sombras enemigas del sol.

Del jardín me atraían el jazmín y la rosa
-la sangre de la rosa, la nieve del jazmín –
sin saber que a mi lado pasaba temblorosa,
hablándome en secreto, el alma del jardín.

Halagaban mi oído las voces de las aves,
la balada del viento, el canto del pastor,
y yo formaba coro con las notas suaves,
y enmudecían ellas y enmudecía yo…

Jamás seguir lograba el fugitivo rastro
de lo que ya no existe, de lo que ya se fue…
Al fenecer la nota, al apagarse el astro,
¡oh sombras, oh silencio, dormitabais también!

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar…

Te engañas, no has vivido…

Te engañas, no has vivido… No basta que tus ojos
se abran como dos fuentes de piedad, que tus manos
se posen sobre todos los dolores humanos
ni que tus plantas crucen por todos los abrojos.

Te engañas, no has vivido mientras tu paso incierto
surque las lobregueces de tu interior a tientas;
mientras en un impulso de sembrador no sientas
fecundado tu espíritu, florecido tu huerto.

Hay que labrar tu campo, divinizar la vida,
tener con mano firme la lámpara encendida
sobre la eterna sombra, sobre el eterno abismo…

Y callar… mas tan hondo, con tan profunda calma,
que absorto en la infinita soledad de ti mismo,
no escuches sino el vasto silencio de tu alma.

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje…

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda. . .y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

Vienes a mí

Vienes a mí, te acercas y te anuncias
con tan leve rumor, que mi reposo
no turbas, y es un canto milagroso
cada una de las frases que pronuncias.

Vienes a mí, no tiemblas, no vacilas,
y hay al mirarnos atracción tan fuerte,
que lo olvidamos todo, vida y muerte,
suspensos en la luz de tus pupilas.

Y mi vida penetras y te siento
tan cerca de mi propio pensamiento
y hay en la posesión tan honda calma,

que interrogo al misterio en que me abismo
si somos dos reflejos de un ser mismo,
la doble encarnación de una sola alma.

Y pienso que la vida se me va con huida…

Y pienso que la vida se me va con huida
inevitable y rápida, y me conturbo, y pienso
en mis horas lejanas, y me asalta un inmenso
afán de ser el de antes y desandar la vida.

¡Oh los pasos sin rumbo por la senda perdida,
los anhelos inútiles, el batallar intenso!
¿Cómo flotáis ahora, blancas nubes de incienso
quemado en los altares de una deidad mentida?

Páginas tersas, páginas de los libros, lecturas
de espejismos enfermos, de cuestiones oscuras…
¡Ay, lo que yo he leído! ¡Ay, lo que yo he soñado!…

Tristes noches de estéril meditación, quimera
que ofuscaste mi espíritu sin dejarme siquiera
mirar que iba la vida sonriendo a mi lado…

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