Yo envidio

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Yo envidio de la vida a los que viven
pues la vida al final no es mas que un cuento,
una historia en la que unos sobreviven
mientras que otros sufrirán un fin cruento.

Y envidio a los que siempre al mirar hallan
la luz donde otros ven desesperanza,
que frente a los abusos no se callan
y a las dudas contraponen confianza.

Pelusa yo he de aquel que aprendió a amar,
del que la fe contagia con sus versos,
o hace virtud y oficio al caminar,
y ansia a vivir por motivos diversos.

Y tengo celos de los que al cantar
sin condiciónes fiando van su risa,
de la brisa que sueña con el mar
y aun de los ojos de la Mona Lisa.

Yo envidio a los que dicen lo que sienten
y con hechos predican sus favores
y aun a las bestias quieren y a las flores
que van con la verdad y nunca mienten,

Y yo envidio a esos pájaros que al vuelo
con su alas regalando van caricias,
los que proporcionando andan consuelo
y a los niños ausentes de mailicia.

Tengo envidia del sol y los colores
que el arcoiris dibuja en un momento
y adorna de fulgor el firmamento
la escarcha, a la floresta y sus olores.

¿Envidia? Yo hasta la envidia envidio ¿y tu?
si es sana, es salerosa, si es humana
si es jocosa ¡oh, envidia, envidia sana!
que la otra, si es insana ¡tururú!

©donaciano bueno

De un modo coloquial, se habla de “envidia sana” para indicar que se desea algo de otra persona (puede ser, entre otras cosas, un objeto, una característica física o un logro), pero sin pretender arrebatárselo a ella. Existe una corriente en personas que piensan que mirar hacia atrás y ver la historia es como mentar a la bicha. Y la nuestra está, como la de los demás países, llena de claroscuros.

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