YO NO ASISTO A LOS CONCURSOS

Mi Poeta sugerido: »Cristina Fernández Castro

MI POEMA… de medio pelo Otros poemas ESPIRITUALES

 

Yo a concursos nunca asisto, me provocan frustración
los que ganan siempre son los que a mi más me disgustan,
que a mis pautas no se ajustan, no generan emoción
y percibo en conclusión que al leer no se degustan.

Pues yo, vate del montón, con ninguno me comparo
y aunque así les suene raro todo tiene explicación,
pues que tantos ellos son, casi todos en el paro,
aunque no ponga reparo, no soy carne de cañón.

Sobre gustos como el vino, cada quién es cada cual,
si está bien o si está mal apostar ¡qué disyuntiva!
si es del verso la misiva, o su estilo es muy banal
o si tiene un mal final, o conduce a la deriva.

Hay quien dice que amañados ya se sabe el ganador,
y que siempre el perdedor contra el fallo se rebela,
y que a Dios poner la vela te produce resquemor
que acrecienta el sinsabor para así escribir tu esquela.

Que el saber conmigo mismo cuando escribo voy contento
pues que digo lo que siento, lo demás me importa un higo,
Si me leas no consigo lo confieso aquí, no miento,
no tengo resentimiento mas si lo haces lo bendigo.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Cristina Fernández Castro

Cristina Fernández Castro

Desolada nostalgia

El agua que murmura
algún secreto
trae leves vestigios
del otoño
– frágil vida que late en el silencio –
Se recortan las sombras
sobre el río
y en el cerro la luz
mengua en rosado
el perfil de las águilas en vuelo…

Me descubro buscando
tu latido,
el rumor de tu nombre
por el viento.
Desolada nostalgia
de tu boca.
Con tus manos de lluvia
cava el sueño.

Imágenes del Uritorco

El silencio me habla.
Con las voces antiguas que maceran la piedra.
Pertinaz letanía
de guerreros y sabios que deambulan insomnes.

El silencio me habla
con los tonos del viento.
Un susurro de hojas aleteando en la tarde.
Un rugido de sombras
por los riscos desiertos.
Una lenta tonada que murmura el arroyo.

El silencio me habla.
Tengo el alma despierta y percibo mensajes
de los viejos guerreros
que aún recorren senderos;
de los sabio chamanes que aún invocan el fuego.
El silencio me anega.
Y se anida en mi pecho
y destierra la pena.

II –
El cosmos se detiene
en la clara cadencia de la tarde.
La piedra agreste
recortada en perfiles desparejos
es un nido que guarda viejas huellas.

La paleta de verdes invernales
pone brillo al follaje.
El río va cantando
entre grietas, verdines y oquedades
en su búsqueda lenta,
interminable,
de las aguas profundas y lejanas.

El silencio me envuelve …
Como un dulce ropaje que remansa
el latido alocado de la sangre.

El cosmos se detiene.
Y en la clara cadencia de la tarde
mi corazón
se abraza a la montaña.

Memoria de piedra

Existe una razón para que vuelva
a nutrirme de magia y de misterio.
Acaso sea un lazo que me une
a estas piedras desnudas y ancestrales
desde alguna otra vida que aún ignoro.
… Pero sé que la voz que me reclama
insiste sin descanso dentro mío…
En un vuelo de cóndores planeo
entre nubes de airosa consistencia
que dibujan sus formas en la piedra.
En aromas silvestres de algarrobo
me sumerjo buscando una quimera,
ese sueño constante que me acosa.
Y descubro la paz en los lapachos
fulgor rosa que incendia el viento leve
en las tardes calladas de setiembre.
… Hay un duende siestero que me llama.
¿ Es su nombre “destino” ? …..

Por la esperanza…

Y la luz fue. Colmando aquel vacío
agrisado, silente de la ausencia.
Y fue el tierno brotar de la conciencia
de tu cuerpo yacente junto al mío.

Y fue ardiente el susurro del estío.
Esa lluvia de besos. La vehemencia
de tus manos de clara transparencia
desbordando los cauces de mi río.

Con primicias de fuego enamorado
desatamos la sangre en desmesura
en el vértice mismo del asombro.

Presintiendo el futuro en el pasado,
con tu boca aferrada a mi ternura
en el roce del viento yo te nombro.

Posesiones

Tengo otra voz que crece por adentro.
Voz singular de viento huracanado
que remueve el otoño y la tristeza
y acompasa mi rumbo en el ocaso.

Tengo otra luz que nace de mis ojos.
Un destello de soles fuerte y claro
que trasciende el silencio y la distancia.
E ilumina el destino hacia el que parto.

Tengo otra mano cálida en mis manos.
Compañera de ruta. De esa mano
abrevo la ternura y este fuego
enraizado en la sangre sin descanso.

Tengo otra voz que late piel adentro.
Resonancia de amor que tu me has dado.
Voy en pos de la huella de tus sueños.
Se reitera tu nombre en cada paso.

Merlo en la luz…

La montaña se yergue desafiante,
murallón roquedoso y agrisado.
Hondos tajos recorren como arterias
su corazón – coraza milenario.
Han cavado su ruta rumorosa
desde el cielo a la tierra los arroyos.
Viene el agua de huella grisverdosa
y sacuden las piedras su letargo.
Tiene el aire la exacta consistencia
de un azul despiadado y transparente.
En la cresta algún cóndor alza vuelo
y recorre el camino del milagro.
Es el verde un febril gozo en el viento
– gama cromática plena y persistente –
Entrelaza el follaje una tonada
mientras crece la tarde en el silencio.

Tu corazón – coraza me contiene.
Es el nido que guarda mis anhelos.
Por el sol de este Merlo incandescente
mi latido y tu magia urden mis sueños.

Sonata en gris

Gris la tarde.
La tarde y mi latido.
Este suave reloj que marca lento
el fluir de la vida.
Mi destino.

Gris la sombra.
La sombra y mi tristeza
demorada en la bruma. Y el silencio
despenando los cauces
del latido.

Y este dolor
para nombrar tu ausencia,
que en la frágil textura de la tarde
se recorta, fugaz,
en el camino.

Espíritus del aire

En esta Sanagasta del silencio,
que percibo plural y desgarrado
por el viento que, eterno en sus insomnios,
deambula por montañas sin edades,
me reencuentro en la piel y las raíces.
Los ancestros, espíritus del aire,
recorren estas piedras sin descanso.
Milenarios fantasmas que la sangre
siente latir clamando desde el alba.
En esta Sanagasta del silencio,
del verde brillo que despunta el agua
me desvelo de sol entre los cerros
polícromos, audaces, que me atrapan
mientras las nubes les dibujan sombras
en un tiempo sin tiempo ni distancia.
Siento crecer la tarde entre canciones
-susurrada tonada en la alameda-
y en un fulgor de oros y de ocres
se adentran, dulcemente, las estrellas.
En esta Sanagasta del silencio,
De las altas paredes gris y greda
Recupero mi asombro adolescente,
Mi identidad primera. Y la promesa
De guardar un retazo de su cielo
En mi pequeño corazón de arena.

Desde el corazón

En planos superpuestos
de grises y de piedra
el horizonte corta la mirada.
Y la tarde dibuja
con pinceles de nubes
las rocas y los cauces.
Guarda el aire la frágil consistencia
de un embrujo secreto.
Obstinada nostalgia de tu nombre,
de la savia vital de tu poesía.
Viento zonda repasa con silbidos
verticales paredes.
Hay un perfil distinto cada hora
mientras el sol matiza los silencios …
Hay un temblor profundo entre las sombras
preanunciando el regreso …
Toda la luz negada alza el vuelo
en la mirada clara, pensativa.
En el rastro de un cóndor
sobrevuelo las piedras desveladas.
Y te nombra mi pena,
herido el corazón por la distancia.
En plano superpuestos
de azules y de sombra
apenas el recuerdo te convoca.
Obstinada nostalgia.

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