CUANDO VUELVA A NACER/

Eutiquio Leal (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Pues que Dios siempre da facilidades,
cuando vuelva a nacer será distinto
que hoy prometo ser fiel a sus verdades.

Caso omiso he de hacer a veleidades
ornadas de pelaje variopinto
y por ende también a indignidades
y a los malos consejos de mi instinto.

Y a los guiños que me hacen las beldades,
a besos del malvado vino tinto,
la castidad, ¡adiós a suciedades!
sin distraerme en este laberinto.

Prometo renunciar a vanidades
y cuando de sospecha quede extinto,
morir ya de asco, espero no te enfades.
©donaciano bueno

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Eutiquio Leal

Nocturnanza

A lo alto
escalando la mole de tan único cerro tutelar,
un reguero de luces caprichosas.
Fúnebre mar en vela
de luceros felices parpadeando
por sobre la sabana del frío entre la niebla.

A lo bajo
la geografía exacta en filas se organiza.
Se cruzan las hileras de riguroso ejército
de paz, en reconcilio con la vida,
como parada de honorables fastos
y en vilo filigranas acuciosas despiertas.

Titilares alternos de corriente.
Hoy nos devuelven juntos sus amarillos pétalos
de astro visionario
en metales y tonos de diamante encendido
por millares de crímenes y sueños.

A la sangre
de todos nuestros viejos limones interiores
anda un montón sinuoso de horizontes y júbilos.

A lo hondo
dormirse es revivir en la memoria cegatona
toda la luz umbría
que nos ha deslumhrado de simiente lunar.

V. 1988

EMIRO

La arcilla no es arcilla como ha sido.
Por tu poder es pulpa de este Cosmos,
polvo de las Galaxias, materia filantrópica.

En las creadoras manos de tus manos
se hace floresta, vive, se agiganta y grita
para volverse humanamente gesto,
alegría volcánica,
constelación del hombre haciendo al mundo.

El silex toma forma y sal y esencia
igual que el mármol, liberados
a través de tus dedos inventores y fértiles
como fusiles nuevos edificando al hombre
de la tierra, coronando de nardos y gaviotas
toda desolación, todo martirio, todo pueblo
sublevado en azadas y ocarinas.

No dejes, oh maestro prometéico,
de acariciar el humus con la luz de tus yemas
de mil ojos fantásticos.
Tu arcilla ya es bronce férvido del futuro.
Bogotá, 19, VII, 1988

Poema escrito exclusivamente para el escultor Emiro Garzón,
y publicado en el libro MUSICA DE SINFINES 1988.

Cosecha de poemas: Trinitarias
Palabra-sangre-camino:

El palpitar oscuro de la ciudad dormida
y los abruptos crímenes despiertos:
el día mira y huye…

En nosotros habitan los muertos de la guerra
vivos y enamorados:
hay ausencias presentes en el trueno.

Llora el viento sus muertos aturdidos
de miedos y relámpagos:
los niños ateridos cantan su hambre nocturna.
Rosa-roca-caracol
Sin luz sobre sus libros la niña enamorada
vigilia en cada letra:
el fuego ha pernoctado entre sus ojos

Ha caído una rosa:
el dolor de la tierra se levanta angustiado
a buscar otra roca en las estrellas.

Cosecha de versos: Trinitarias
Recolecta espontánea de versos:
La niña en su columpio goza el viento.
Allá vive la rosa sin esquirlas.

En las noches de luna todo amor es espejo.
Cada instante inventamos un verano infructuoso.
Aletea la mañana bajo un sol que renace.
Enciende tú la noche.
La joven jardinera siembra odas y doctrinas.

Para Jorge Orlando Pardo: “Un auténtico escritor que refleja, desde el punto de vista temático, los conflictos del hombre contemporáneo en sus diversas facetas y, desde el punto de vista narrativo, la utilización de técnicas o modos de contar que marcaron, el camino cierto de entrada a la modernidad de las letras colombianas”.

Eutiquio:

He estado haciéndole
gambetas
a este dolor de tu muerte.

Pero hoy catorce de mayo
a las seis de la tarde
me llegó de frente,
como una manada
furiosa de soles.

Fuiste duro para morir;
no te decidías a marcharte.

Pensabas que todavía
era posible luchar,
levantar de nuevo
los ídolos rotos,
recobrar las banderas
perdidas.

Para ti los ídolos
estaban intactos,
las banderas
ardían en el viento.

Fuiste duro y luchaste.
Luchaste
contra la muerte
y su puñal en alto.

Y te rendiste al fin,
cuando la mano
que más te amó
en el mundo
acariciaba tus manos.

Cordelia
de un Rey Lear derrotado
que nunca quiso
darse por vencido.

A Dulima Hernández
(Del libro LOS NOMBRES DE LA AUSENCIA)

Presente (Su soneto final)

Ya muy pronto nos vamos. Casi ya nos iremos
de tanta dicha junta, por cantarinas penas,
y de la franca ruta de altibajos e inviernos
en que hemos navegado con discretas sirenas.

Siempre ha sido una lucha en nuevos trinos
Junto a todas las voces hirsutas y serenas,
un batallar cerrero de mil potros morenos
por el viento y el limo de gentes azucenas.

Uno se va a la sombra de la más clara herida
o a la luz de la noche sin su rosa encendida,
bajo los resplandores traviesos del amor.

Como así uno regresa, con toda la porfía
con que se ha despedido librando la alegría,
sin pronunciar renuncio ni la palabra adiós.
(Eutiquio Leal (Mayo 1997)

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