ME REGALÓ UNA FLOR

Abel Robino (poeta sugerido)
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Vivía yo en Madrid. Cada mañana
me daba algún paseo,
distrito Chamartín, La Castellana,
después de alguna noche de jarana
o algún que otro jaleo.

Recuerdo, cada paso que allí daba
se hallaba un pordiosero,
los ojos de tristeza en que miraba,
la jerga imperceptible mascullaba,
poniendo su sombrero.

Venidos desde el Este, ciudadanos,
buscando hacer su vida,
lavaban la conciencia a los paisanos
que apenas les miraban cual gusanos,
soltando una parida.

Verás me dijo un día, yo, tu amigo,
mendigo soy de amor,
pues no es solo comer lo que persigo.
Y en prueba, se acercó, de lo que digo
me regaló una flor.

Detrás de cada cual hay una historia
que nadie ha de juzgar,
y aun menos de tratar como a la escoria,
pues todos, cangilones de una noria,
vinimos por azar.
©donaciano bueno

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Abel Robino

Naufragio de un gato negro

Hacia aquel lugar
para que rebalse de dolor el costado izquierdo,
acarreamos a una fosa fresca un gato muerto
(o para mejor anunciarlo, caído en aguas desconocidas).
Hacia aquella abertura estrecha y en su honra
arrojamos cartas, dibujos, jardines
(todo el sin sentido del amor, costumbres y peripecias).

Hacia aquel lugar
donde aun se explican lo hechos
con palabras, se habla de un misterio ágil
que entra en un misterio que detiene.
se habla de las extrañas causas de la vida
cobrando ardor ante la ingravidez de este cuerpo menudo.

Hacia aquel lugar
por esta cercana pasión ahogada,
por un amanecer sin uñas, sin elasticidad ;
cuando nadie previó en nuestro cariño
una oportunidad doméstica;
en esta emboscada de presa
sin suerte, a flor de piel.

Hacia aquel lugar,
siempre nosotros, los de la tristeza cultivada,
los de la pausa al hablar a solas,
los de esa manera de acariciar con los recuerdos.

Hacia aquel lugar.

Extraído del carnet de las reencarnaciones

Como cuervo: atravesé algo sin límites
el cielo y los augurios, en un ridículo
mecanismo emplumado, menudo, cerrado;
dispuesto a seducir al mundo como víctima
de una belleza negra, de un pasajero temor.

Como lobo: creí poder nacer de mis dientes
y de mi baba, descansar en una garganta abierta,
correr con algunas vísceras, sorprendidas, humeantes
y nunca morder el corazón que ama,
repleto de llanto de opaca enfermedad.

Inserto en cada porción mortal desgrané
uno a uno los días del escuerzo, la liebre y el cerdo.
Pronto mi destino será un residuo de cosa viva
que desde las ávidas sombras del planeta espera
una certeza más del desamparo.

Ahora, como liendre, aspiro a recalentar mi sangre
en otra sangre, a poner fin a mi aventura en el más
dulce de todos los venenos.

Arte poética

Lo invisible es fácil de ver y yo diré la verdad :
en mi juventud, escudriñé el cielo con un ojo fanático
mitad cólera, mitad estupor
esperando que de lo alto se anunciase el día
y me descubriese así la boca abierta al infinito.

En la edad sin razón, siguiendo consejos llegué a probar
con un escorpión sobre la lengua,
qué otra cosa que unas pocas tinieblas a descubrir
se le puede pedir a la delicada virtud de un aguijón.

Con los años y las ruinas de la ilusión intenté
vislumbrar algo, arrancando de mi mente todo convencimiento
de lo real y tan solo agité la cabeza en un largo sí,
en un largo no.

Desahuciado visité la muerte en la fosa de los elefantes
donde oí decir de nada sirve venir a enumerar huesos
perdidos mientras lo singular y desconocido,
como una pulga, salta entre nosotros.

Lo invisble es fácil de ver y yo diré la verdad :
solo es necesario desinfectar el misterio
y larga vida a las promesas,
y larga vida a sus inocentes.

(De Hiel por hiel, 1997)

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