EL COSCORRO

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Es bien cierto que fui un niño mimado,
lo mismo que un colgajo en una viña,
el suéter que se evita que destiña,
el oro en el joyero más preciado,
el jugo que destila de una piña.

Así fuera una niña que esperaran
a mi del pan guardaban el coscorro,
recuerdo yo era el centro de su corro
que hacia con frecuencia me miraran
cual madre que relame a su cachorro.

Mimar no es consentir. Yo, consentido
prometo nunca fui. Y hoy lo agradezco.
Y aquí mis bendiciones les ofrezco,
pues ser agradecido es bien nacido,
no sé si yo lo he ganado o lo merezco.

Que anduve bien sujeto a los capones
y algún tirón de orejas de maestros,
que algunos más que en letras eran diestros
en dar con los nudillos sus lecciones
o haciéndote rezar mil padrenuestros.

Mimar no es malcriar. Que el malcriado
su propia penitencia ha de probar.
Después, cuando se apreste a naufragar
sus padres no estarán junto, a su lado.
y no le ha de quedar más que llorar.
©donaciano bueno

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