ESTIRAR EL DINERO

María Zambrano (poeta sugerido)

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Estirar el dinero, repetía
mi madre cuando hablaba de dinero,
cuanto más lo recuerdo más la quiero
y aunque a mi me sonaba a letanía,
si no fuera verdad más la querría.

Pues mi madre era santa, aquí os lo juro,
y además de ser santa, la peseta
la cuidaba cual niño hace a una teta,
el hambriento se agarra a su pan duro
el pasado le añora a su futuro.

Que tenía una caja yo sabía
donde allí cada céntimo guardaba,
si metía la mano me soltaba
el sopapo que siempre repartía,
sin derecho a opinar, sin amnistía.

Lo que cuesta ganarlo, me decía,
¡tú no sabes ganar lo que me cuesta!,
yo ignorante gozando a mesa puesta
y ella solo pensando en mi alegría,
si pudiera hoy volver se lo diría.

Que aun me acuerdo de aquellas martingalas,
yo intentando acabar con su paciencia,
con mi escaso entender, mi inconsistencia,
disparando escopetas sin sus balas
¡qué sería de mi ya hoy sin sus alas!.
©donaciano bueno

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María Zambrano

Delirio del incrédulo

Bajo la flor, la rama;
sobre la flor, la estrella;
bajo la estrella, el viento.
¿Y más allá?
Más allá, ¿no recuerdas? , sólo la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma:
duérmete, aduérmete en la nada.
[Si pudiera, pero hundirme… ] Ceniza de aquel fuego, oquedad,
agua espesa y amarga:
el llanto hecho sudor;
la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.
Y la carga vacía de un corazón sin marcha.
¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.
Y que no lo recuerdes. [Era tu gloria.] Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro,
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.
Mas no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;
no llego hasta la nada.

Roma. Enero, 1950. Hotel d’lnghilterra

El agua ensimismada

Para Edison Simons

El agua ensimismada
piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?

1950. Roma (antes de abril) .
Albergo d’lnghilterra.

La Pièce, 2 de febrero de 1978

Muchas gracias

Muchas gracias;
muchas, muchas gracias.
Qué va. Está muy bien.
Dispénseme, señora.
No hay de qué.
Está completo, pero está muy bien.
Un farsante, un cuentista,
un enterao
-la Place de l’Alma-, un cualquiera,
me da igual.
Cuando usted quiera.
Ah, señora, ¡si usted supiese!
Está bien.
Aquellos buenos tiempos…
Mas París es París, y está muy bien.
Aunque no lo comprendo.
L’Étoile, Notre-Dame, Les Champs,
se sabe, ¿por qué no?
Encuentro, encontraré, ¿encontré
ya?
Entonces, apresúrese, vaya.
¿Por qué no?

Traducción de Mª Victoria Atencia

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Pasa el tiempo, y yo sin darme cuenta,pasa el tiempo, que a mi me sobrepasa,pasa el tiempo mas no lo tomo a guasa,no se para a mimarme ni un momento,pasa el tiempo que el tiempo siempre pasa.