MADRE NO HAY MÁS QUE UNA

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Tenía la paciencia de un Job santo,
con maña devanaba la madeja,
si yo la entretenía, niño deja
cerraba así mi boca a cal y canto
al tiempo que una queja

solía resbalar de mi garganta
con mutis por el foro y a hurtadillas.
Después ya me sentaba en sus rodillas
llenándome de besos la tunanta
y haciéndome cosquillas.

Así es como yo hoy día la recuerdo,
-lo dice todo el mundo, era mandona-
solía colocarse una corona
de mira y no me toques que ahora muerdo
fingiendo otra persona.

Un ser al que la vida le dio palos
sabiendo responder con tal denuedo,
capaz de rechistarte y meter miedo
y al rato conmoverte con regalos,
meterte en un enredo.

Se dice lo de madre no hay más que una,
y debo aquí aclarar que eso es bien cierto.
La mía, la que a mí llevó a buen puerto
presente siempre está desde la cuna
al día en que esté muerto.
©donaciano bueno

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Romance del niño que todo lo quería ser

(Manuel Benítez Carrasco)
El niño quiso ser pez;
metió los pies en el río.
Estaba tan frío el río
que ya no quiso ser pez.

El niño quiso ser ave;
se asomó al balcón del aire.
Estaba tan alto el aire
que ya no quiso ser ave.

El niño quiso ser perro;
se puso a ladrar a un gato.
Le trató tan mal el gato
que ya no quiso ser perro.

El niño quiso ser hombre;
le estaban tan mal los años
que ya no quiso ser hombre.

y ya no quiso crecer,
no quería crecer el niño
se estaba tan bien de niño,
pero tuvo que crecer.

Y una tarde, al volver
a su placita de niño
el hombre quiso ser niño
pero ya no pudo ser.

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