MI MADRE ERA MUY GUAPA/

Miguel Rash Isla (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
EL POEMA Lee otros poemas de FAMILIA

 

Mi madre era muy guapa, yo no tanto,
mi madre era hacendosa, yo algo menos.
Cuando ella amamantaba con sus senos
me daba hasta saciar, que hoy me atraganto
con solo de pensar al ver tan llenos.

Mi madre me apreciaba, me decía
tú vales, hijo, más que las pesetas.
Y si algo hacía mal, a hacer puñetas
con todo desparpajo reprendía,
te irás, como una aguja, a hacer calcetas.

Mi madre me educó para la vida
ansiando fuera el Príncipe Valiente.
Yo apenas si llegué a ser asistente
buscando algún mendrugo de comida
mejor si éste estuviera algo caliente.

Mi madre se fue un día sin quererlo
siquiera sin saber por qué se iba
dejando a mi conciencia pensativa.
Y hoy mismo ya me niego aquí a creerlo
la causa si yo tuve en la deriva.

Comprendo que han pasado muchos años
más sigue en mi memoria siempre viva,
me sigue, me persigue y me cautiva,
tan limpia, tan sesuda, sin apaños,
mi madre siempre tiene quien le escriba*.
©donaciano bueno

Las madres son... Clic para tuitear

* alusión al cartero de Neruda.

¿Conoces a Miguel Rash Isla? Lee/escucha algunos de sus poemas

Miguel Rash Isla

A una onda

Onda del mar, padezco tu inquietud: a tu modo
vibro, sollozo, canto, me agito sin cesar;
como tú no hallo nunca concreción ni acomodo,
como tú sufro el signo turbulento del mar.

Caprichosos, volubles, inconformes con todo,
cambiamos, sin que cambie nuestra vida al cambiar;
¿dóndé estará la playa, dónde estará el recodo
traaquilo en que podamos sin morir reposar?

La lumbre te embellece con un prisma risueño,
cual sonrosan mi alma la ilusión y el ensueño,
mas tu prisma y mi sueño son mentira no más.

¿Quién sospecha tus rumbos? ¿Quién mis dudas resuelve?
Tú eres lo que en la orilla dice adiós y no vuelve…
Yo lo que al despedirse no ha de volver jamás.

Amor errante

La donna se ben fa come la luna
e sempre quella sia bruna sia bianca.
D’ Annunzio
Así dijo en la noche, desolado, el viajero:
vengo de las diversas comarcas del amor;
crucé por muchas almas y en todas fui extranjero;
de todas salí siempre con fatiga y dolor.

Vi en los ojos más claros un mirar traicionero,
y en las bocas más frescas hallé el mismo sabor;
no hubo brazos capaces de hacerme prisionero,
ni carnes que temblaran con un nuevo temblor.

De una mujer en otra fui pasando y en cada
una dejé una parte de mi vida inmolada…
Ya no tengo que darles ni espero que me den.

Sólo con los amores que he soñado me quedo,
y con el tuyo ¡oh muerte! aunque me causa miedo
que tus labios destilen sólo tedio también.

De bohemia

Noche invernal. En torno de la mesa
transcurre humildemente la velada;
ella calla y me mira; en su mirada
tiembla su corazón hecho promesa.

Callo también y sueño. Me embelesa
la quietud de este cuarto de barriada
en que vivo una hora, sazonada
con mieles de pecado y de sorpresa.

Un abandono lánguido me embarga,
pues en la noche embrujadora olvido
del diario afán la pequeñez amarga,

y porque en el silencio y a su lado,
gozo un minuto libre, en el florido
regazo del azar y del pecado.

Dedicatoria

En un ejemplar de Para leer en la tarde

Gasté la ilusa juventud primera
esperando un amor que nunca vino,
y a la sombra de un árbol del camino,
me senté a ver morir la primavera.

¡Qué triste ocaso el que a mi vida espera!
pensaba ante el avance vespertino;
mas repentinamente hubo un divino
florecimiento en mi ánima: Ella era…

Eras tú que venías. Y este libro,
en el que a todos los anhelos vibro,
es mi ayer; es un parque abandonado

donde duermen en paz viejos amores.
¡Pasa cantando y deshojando flores
sobre las hojas secas del pasado!

Dualidad fatal

Cuando se daba entera a mi albedrío,
muchas veces salí de entre sus brazos
con mi pobre ilusión hecha pedazos
y con el corazón turbio de estío.

Y hoy que, por propio o por fatal desvío,
de otro amor se adormece en los regazos,
como quisiera renovar los lazos
de aquel amor que me atedió por mío.

Oh dualidad entre infernal y loca:
padecí taciturno desaliento
siempre que un beso desfloré en su boca.

Y cuando ajena a mi ansiedad la siento,
dar la vida y el alma me provoca
por besarla otra vez sólo un momento.

Te sugiero seguir leyendo...
A gritos voy clamando en el desiertoque el mundo una bazofia es pura y dura,los…
Ir al contenido