SE FUE SIN HACER RUÍDO

José Luis Hidalgo (poeta sugerido)

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No fui como mi padre, más quisiera,
tampoco me acerqué hasta mis hermanos,
que a nadie yo alcancé. Y ahora las manos
no tienen quien les mime, que les quiera
ya excepto los gusanos.

Mi padre (solo sé lo que recuerdo)
pues pronto a su pesar fue a por tabaco,
pagando el enfrentarse a un buen morlaco,
(del año en que lo hizo ya hoy me pierdo),
pues yo aun era un retaco.

De mí siempre ignoré lo que pensara,
tampoco si se hiciera él ilusiones,
o pudo soportar sus frustraciones
al verme allí creciendo alguna tara
cual pluma a sus tachones.

Mi padre era un buen hombre o eso dicen
aquellos por tabaco que aun no han ido,
(lamento yo no haberle conocido)
el agua algo tendrá si la bendicen,
se fue sin hacer ruido.
©donaciano bueno

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José Luis Hidalgo

Ahora que ya estoy solo te llamo suavemente

Ahora que ya estoy solo te llamo suavemente
y bajas a mi boca como un fruto maduro
desde el árbol eterno donde existes y velas,
con las ramas rozadas por los astros desnudos.

Ahora que ya estoy solo puedo morir. Tú sabes
que a la muerte hay que ir sin que nadie nos llore,
ocultando las rosas del amor que encendimos
y el que sólo fue sombra que soñamos de noche.
Por eso está ya el fruto temblando entre mis dientes
mas no quiero morderlo sin que tú me lo digas.

Algo más

Nunca he sabido si acaso la muerte
era algo más que tocar una rosa
y sentir que sus pétalos rojos
se ocultaban, de pronto, en la sombra.

Me he perdido de noche en un bosque
y vino a encontrarme la luz de la aurora,
y he comprendido que el sol encendido
dora de nuevo las lívidas lomas.

Porque la muerte no toca a los hombres
cuando en lo oscuro sus cuerpos se borran.
Sabe la tierra que late su entraña,
sabe la noche que todo retorna.

Sólo los hombres no saben. Pensamos
que el corazón es igual que la rosa.

Hoguera de amor

Este día que viene a mis labios
esgrimiendo su zumo de oro,
moja el alma en su triste belleza,
y la embriaga de sueños remotos.

Todo acaba en su luz amarilla.
Los recuerdos se borran, y de otro
me parecen las manos que tocan,
me parecen las cosas que lloro.

No pensar en las hojas que sufren
y olvidar el dolor de sus troncos.
No saber si las nubes que nacen
vuelven ya de un oscuro retorno…

Mas sentir en el pecho, encendida
por el viento que trae el otoño,
una hoguera de fuego que, alegre,
quema el mundo con un amor loco.

Imposible

Nunca la palma blanca del amor
podrá tocar en ti y abrir las fuentes
de un alegre vivir, limpio y desnudo,
que cante como un pájaro en tus sienes.

Nunca, porque el amor deja a los hombres
cuando dejan de serlo con la muerte.
Como sombra de nube, si se apaga
la luz, también el amor muere.

Después del amor

El zumo de la noche me gotea
con racimos de estrellas en la cara,
y madura mi frente su luz triste,
como una fruta sola sin su rama.

He perdido mi tronco; ardientemente
ha tajado el amor en sus entrañas
con un hacha sombría. En otro cuerpo
la ceniza enrojece de mi savia.

A solas con la noche me he quedado,
con mi carne tendida, fruta amarga.
y suena el corazón, bajo mi pecho,
con un crudo tañido de campana.

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