ASÍ DE RÁPIDO

Mi Poeta sugerido: »Carlos Pardo

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Cuando él nació, el mundo ya existía,
que el mundo no paró porque naciera,
mas otro hay que al nacer ya se muriera
cual fuera que nacer él no quería.

Metido como estaba ya en harina
pasó la vida ansiando alguien le quiera,
haciendo de la misma una quimera
y viendo que este mundo es una ruina.

Mas tuvo que ocurrir, y sucedió
que un día, el más aciago, se moría,
y el mundo mal que bien vivo seguía
y entonces ya del mismo se olvidó.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Carlos Pardo

Carlos Pardo

NADIE PREGUNTA

NADIE PREGUNTA quién pero nosotros,
comparsas del planeta
burgués, comentaristas
del reciclaje, hombres piojo,
medimos la parábola de la próxima elipse
por si acaso quisieran lanzarnos al desagüe del tiempo
entre los pre y los pos,
porque si todo instante es irredimible-
mente gasto,
todo sujeto es un conservador.

Para empezar alguien dice nosotros
pero quién entre ruidos
sin un nombre vernáculo
por exceso de lata,
aun enfermo de abulia en blogs de periferia,
llamara nomadismo a este

deambular del trabajo al videoclub,
hacerse el muerto en la contrapartida
del crujir de las ramas,
del adiós de la savia a la página en blanco,
a la página impura

y aburre ser tan tonto en tiempos sulfatados.

BASURA

El mar es familiar en el sentido
de una sopa de genes,
y delante del mar hay un estercolero
y un rebaño de ovejas
husmea pobres restos de comida.

De pronto dudas de la seducción
repetitiva de las escombreras,
de los residuos líquidos
y orgánicos del cementerio.
Con qué invisible y duradero encanto
pudren el aire de los vivos
o respiran su propio aire espesado.

¿Gozamos pervirtiendo la belleza,
como en las universidades, u otra
belleza nueva en la basura anuncia
un horizonte sin cicatrizar?
¿Más metafísica o adorno?

La basura no quiere ser humana.
Le falta un término
a la comparación. Es lo que era.
Cáscaras, pensamientos,
costumbres… Ni los huesos
soportan, pobre Yorick,
confundirse contigo.

Desciendes a la orilla
donde hay niños y espuma saludable.
Te demoras y sacas unas fotos
de dos rectángulos de tiza
bajo el cielo encalado: dos amantes.
O marido y mujer.

Como otros animales vives
entre la madurez de los detritos
de espaldas a la roca, a la asepsia del mar
yodado y joven. Amas
en el descenso. Aunque
quizá no sea amor.

La basura se siente bien contigo.
Hazla metáfora.
O deja aquí, entre plástico, los ojos
para que otros los use.

Y TODO TIENE

Y TODO TIENE un aire presexual.
El mar apesta a olas
hormonadas, y para despistar

los albañiles
cortaban en la calle las baldosas.

Era la primavera, y sigue
una enumeración.

ASOMADO COMO

ASOMADO COMO ave a un hervidero
de nidos, no poeta lírico,
atado en corto a ideas sin semilla,
iluso de la nada,
posesivo tantálico,
arrendatario de miserias escolares,
flojo, con una grulla
parlante en las costillas,
con sueños concurridos
por timidez, hermético pudiendo ser ambiguo,
sin biceps ni razones de altura,
sin la proverbial paciencia de la mala suerte,
rastreador del justo medio
en los extremos de la acidia,
supersticioso de la sensación

y aunque en un ejercicio
de impersonalidad
he llegado a gustarme,
la sangre se demora en un laberinto
que ni siquiera es laberinto,

cada partícula
pide emanciparse.

LA BIOGRAFÍA

LA BIOGRAFÍA nos abandonó.

La casa hinca los codos. Amueblar:
hacer sitio al tiempo.

Y por aquí, ciudad amortizada,
como valses de polen,
dados de sombra y juegos de la luz,
como un zoo de arrumacos desvalidos
la domesticación
devuelve al cuerpo un interés de res.

El deseo nos guarda
del golpe de la dicha.

Un escondite en la palabra novia.

Y ahí no cabe Freud.

Del griego Omphalós

PRIMERA CICATRIZ

PRIMERA CICATRIZ
de soledad, nudito,
vuelve a advertirme:
—Estás equivocado.
Alguien te escucha. Habla.

COMO LAS CIRCUNSTANCIAS

COMO LAS CIRCUNSTANCIAS me pidieron
un toque personal
adopté el tono bajo para voz atiplada
con temblor en la frase y temor en el verbo,
resuelto a trompicones.
No era yo
ni era el propio lenguaje
quien hablaba, sino un experimento
de humanos con cultura,
pues soy un hombre de labios impuros
y en un pueblo de labios impuros
habito.
Porque era vanidad
querer narrar la vida
aun más cubierta de su camuflaje
de cuidado interior,
desflecada
en oficios,
y vanidad hablar
del mundo como de la superficie
que devuelve el reflejo
de uno mismo asombrado
y un nimbo de paisaje lila
o verde y fucsia y ocre
o negro con dos trazos azules
excéntricos,
de pulso abierto,
dialéctica del tacto y la cabeza
en cielos que un exceso creador
pulcramente dibuja despoblados
—y vanidad que no dijera yo
y que hablara de dioses
de un acerbo de oídas.

Las mujeres van y vienen
oliendo a tàpies.

Hemos tomado fórmulas prestadas
del viaje épico, del auto-
conocimiento a pie, del folk,
del rock,
de los documentales susurrantes,
del apólogo esdrújulo,
del cosmos homeopático.

No partir, no llegar. retardar para cuando
realicemos de forma pleni-
potenciaria el placer
sin que éste nos consuma,
más digno por la confianza, más
aséptico sin duda
por haber olvidado la emergencia,
por haber esperado
—si el deseo era auténtico
hablando en jerga de autenticidad—
un deseo que luego
luego será mejor.

Hablar para salir airosos de la vida
por los caminos del lenguaje.

Y aquí termina la insatisfacción.
Carlos Pardo. Echado a perder. Madrid; Ed. Visor, 2007.

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