COTOPAXI

»Mi Poeta sugerido: Nuria Parés

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Egregio, insigne, real, omnipresente,
cresta blanca, gallito de pelea
que escondes mil vivencias en tu vientre,
erguida la mirada siempre al frente
en que el mundo se mira y se recrea.

Belleza que se palpa en el ambiente
colgando de tu hermosa cabellera
creando admiraciones de la gente,
misterio y emoción que está presente
corriendo por la sangre de tus venas.

Cotopaxi, testigo impenitente
de titanes y míticos bribones,
que a ninguno nos deja indiferente,
espías, traficantes y ladrones,
de heroísmos de reyes e indigentes.

Con Pichincha, Sangay y otros hermanos,
Tumburahua, Antisana y Chimborazo,
sus figuras inundan el paisaje,
pendientes de enviar algún mensaje,
y orgullosos de ser ecuatorianos.
©donaciano bueno

Cotopaxi es un volcán de Ecuador. Con una elevación de 5.943 metros es el segundo de más altura del país (siendo precedido por el Chimborazo) y uno de los volcanes activos más altos del mundo (el volcán activo más alto es el Ojos del Salado en la frontera entre Chile y la Argentina). Está situado 50 km al sur de Quito.

MI POETA SUGERIDO: Nuria Parés

Nuria Parés

Nuria Parés: XXI

Silencio: la bruma es gris y la tarde está callada,
toda la ciudad sin rostro de asoma por las ventanas
para mirarla caerse, perfecta como naranja…
Silencio: la bruma es gris y gris bruma está el alma.
La tarde se muere gris , se muere ceniza y plata,
se muere en las altas nubes, se muere en las negras casas,
la tarde se muere gris, la tarde se va callada,
se va sin querer llevarme, se va de ceniza y plata.
Silencio: la bruma es gris y gris bruma está el alma.
La tarde se está poniendo como naranja estrujada,
un sabor acidulado me corre por la garganta.
La tarde se está cayendo. Yo pienso: si la arrancara
se iría ruede que ruede, rodando a la mar amarga
por entre los parques tristes, por entre las negras casas,
rodando, ruede que ruede, su angustia de solitaria.
! Ay! ¡que la tarde se cae ya sin remedio… ¡Aguantadla
vosotros de manos fuertes y voces con resonancia!
! Asirme esta tarde triste que cuelga ante la ventana
no vaya a caer y os deje por dentro como una llaga!…
!Ay! ¡que la tarde se cae y yo no puedo aguantarla!

Entrega

Apartaos de mí, que me he arrancado
esa mitad de sombra a manos llenas
para arrojarla al sol con la alegría
con que se iza al viento una bandera.

Apartaos de mí, porque he lanzado
los caballos del sueño a la carrera
y un galopar de potros se desboca
como un golpe de sangre por mis venas.

Apartaos de mí, que estoy ardiendo
con la llama agitada de una tea.
Todos mis dioses se han venido abajo:
Sólo el momento y yo como una ofrenda.

Romances de la voz sola

Que quede grabado en mí,
que todo el momento exacto
con su plenitud perfecta
quede en mi interior vibrando…
Que nada se pierda de él,
que no tenga que encontrarlo,
pobre limosna, en el sueño,
con su perfil deformado.
Que todo el ser, blanda cera,
guarde su latido exacto,
pájaro vivo en la malla
de la voluntad apresado,
que toda el alma esté alerta
y mi cuerpo esté afilando
sus mil memorias pequeñas
dispuestas a recordarlo.

Esta voz, que no es mi voz,
con la que hablo y me río,
que habrá de seguir en mí
y habrá de acabar conmigo,
esta voz, que no es mi voz,
que está robándole el sitio
a esa voz que yo me sé
cantando sonidos vivos…
Esta voz, que no es mi voz,
¿habrá de acabar conmigo
sin que la otra voz, mi voz,
pueda surgir de su olvido?

Pero mi voz está lejos
y no siente lo que digo.
Faltas de luz mis palabras
van anegándose en ritmo
con un jadear penoso
que sabe de su vacío
y el momento está esperando
no sé que matices tibios
que hagan ahondar mi palabra
por senderos de infinito…
Pero mi voz está lejos
y no siente lo que digo.

La poda

España que alborea
con un hacha en la mano vengadora…
Antonio Machado

¡Qué fe retoñaría si nosotros
pudiéramos ponernos una fecha
como una flor de luz entre los labios!
¡Marcarnos en el tiempo con la fuerza
con que el ritmo del hombre se recorta
sobre las estaciones de la tierra!…
Porque hay un ritmo viejo para todo,
un tiempo señalado en la faena:
el tiempo de sembrar o cosechar
y el hombre de la siembra o la cosecha.
Y hay también otro ritmo,
otra tarea necesaria y vieja:
el tiempo de segar o de podar
y el hombre de la poda o de la siega.
Hoy sé que si nosotros
pudiéramos ponernos una fecha
como una flor de luz entre los labios
en los días de fiesta,
yo os guardaría el tiempo de la poda:
el que presiente el retoñar y espera.
Yo os guardaría el hombre de la poda:
¡el que sabe del hacha y no se arredra!

Credo

Creo en el hombre,
el creador del mito y de l os sueños.
Creo en el hombre aquí y aquí plantado,
jineteando su porción de tiempo,
encerrado en su círculo de angustia,
clavado en el madero del deseo.
Creo en el hombre sin antes ni después,
en el ahora, sin limbos, sin la gloria y sin infi erno
y porque sé la luz y sé la sombra
creo en el hombre: el absoluto dueño
del olvido (esa pequeña muerte agazapada
que desde siempre nos acecha dentro)
como creo en el hombre: pobre esclavo
que sufre el ramalazo del recuerdo.
Creo en el hombre aquí y aquí plantado,
encerrado en los límites del tiempo,
encajonado en los muros de su mundo
enclavado en la entraña de su suelo,
aprisionado en cárceles y en minas,
circunscrito a su propio pensamiento…
Creo en la maravilla geométrica
del círculo concéntrico
y porque dos y dos siempre son uno
creo en la magia del número bicéfalo.
Creo también en desandar lo andado,
en el que sale afuera desde dentro
y creo en el que tiene la osadía
de ascender por círculos concéntricos:
creo en el hombre del zurrón y el báculo,
en la huida valiente y en el éxodo.
Ahora y en la hora de las confrontaciones:
creo.

Dicen…

Anda por todas partes. Lo he leído
y lo sigo leyendo todavía.
Anda por todos lados,
anda en todos los ojos que lo miran
brillar en la blancura de las páginas
con su cándida luz inofensiva.
Que soy, que somos (nos lo dicen)
“la España peregrina”…
¡Ay, qué bonito nombre! ¡Qué nombre tan bonito
para ir por el mundo a la deriva
como un barco de velas desplegadas,
como una extraña carabela antigua!
¡Qué barco tan bonito si tuviera
un pequeño espolón para la ira!
¡Ay, qué bonito nombre!, tan delicadamente
colocado encima
de nuestros hombros como un traje
sutil, hecho sin prisas…
¡Qué lástima que un traje tan bien hecho
no nos venga a la medida,
que, demasiado grande o un poco chico,
nos incomode el llanto y la sonrisa!
Que no pueda ponérmelo ni en los días
de fi esta. Que me lo hayan cortado
de una tela maldita
que ni me da calor ni quita el frío,
que haya de estar guardado en la repisa
de todo lo inservible,
de lo que, sin embargo, no se tira
no fuera a ser que acaso, alguna vez
alguien, algún amigo… algún día…
¡Ay qué bonito nombre, qué nombre
tan bonito “la España peregrina”!…
Lo digo, lo repito como si fuera de otros
y su rumor me crece romerías,
caminos de Santiago,
veredas de regreso anchas y limpias.
Porque ser peregrino es salir y volver,
acudir a una cita
que el alma te señala en algún lado,
hincarte en algún templo de rodillas
y, sosegadamente, regresar…
Yo no tengo caminos de Santiago, ni cita
a que acudir, ni templo donde orar
(aunque traiga hoy el alma de rodillas)
y los hondos caminos del regreso
me los ciegan los años, día a día.
Y quiero que me pongan otro nombre,
que me den otro barco, otra levita
para ir por el mundo o que me cumplan
esa cándida luz inofensiva,
ese nombre cruel que no he buscado,
esa angustiada eterna romería.

El grito

Nadie eligió su herencia.
Ni tú ni yo. Nosotros no elegimos.
Fue un desigual reparto. Fue un trallazo,
un tajo doloroso y dolorido,
un cuchillo de sombras, una herida
derramada en hondura y sin alivio…
Y aquí estoy, aquí estamos
con nuestra herencia en alto, sorprendidos
con este fi lo ronco en la garganta,
con este agudo y fi ero y roto fi lo,
con esta manda bronca a fl or de labios,
con esta vieja herencia y este grito.
Lo llevo en las entrañas, aguzado,
lo llevo en la conciencia ¡tan preciso!
Me cerca y acorrala día y noche
su rueda de navajas y cuchillos.
Mío es el viejo acento de la tierra,
míos la oscura ley y el desvarío,
míos el hosco resonar del monte,
el pulso de la tierra enfebrecido,
la vaharada ardiente de la sangre,
el toro de la noche y su bramido.
A esta sombría herencia no renuncio,
a esta herencia sombría me resigno:
con mi garganta rota lo proclamo,
con mis manos vacías hoy lo escribo,
con mi emoción despierta lo subrayo,
con mi porción de tiempo fecho y fi rmo.

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