EL PAN CANDEAL

Paloma Palao (poeta sugerido)

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El arte de segar con la zoqueta.
La hoz con su destreza. Segadores.
El sol sobre la espalda. Los sudores.
La brisa y su galbana siempre aprieta.

Obsesos de la mies. Madrugadores.
El vino de la bota en el almuerzo.
Alguna lagartija, algún escuerzo.
La paja en las gavillas. Soñadores.

Las eras y los trillos, precursores
de máquinas segar. Cosechadoras.
Humildes las arcanas beldadoras
los sueños ventilando a labradores.

Moliéndose la piedra en el molino,
las mieses penarán hechas pedazos,
la harina del salvado en los cedazos,
comida servirá para el cochino.

Y así acaba esta historia. Su final
pondrán la harina, el agua con la masa,
en tanto que amasar la vida pasa
y nace, horno de leña, el pan candeal.
©donaciano bueno

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Paloma Palao

Aprendo un camino para tu pestaña

Aprendo un camino para tu pestaña: luz
abierta que no se desboca.
Acudo
a la razón: todo niega
la posibilidad de ser de nuevo
carne en la conjunción de tu memoria.
Barro el dolor, porque busco en mi ventana
la nota
que produzca silencio prometido: escribo
sobre un amor, que no llega;
pero no me despeino
en la nostalgia, porque
la fuente me deja su ruido,
promesa de una necesidad
que se intuye. Contra el dolor
yo tengo mi palabra: firme promesa
de resistir.

Esa puerta de mármol, esa losa

Esa puerta de mármol, esa losa
que cae sobre mi alma
si ando, donde me voy dejando
nudillos, nudos, manos…
He de tirarla abajo.
Esa madera joven, en la que me he
clavado, con ranuras
estrechas, con bisagras gigantes,
que envuelta de recuerdos
me sale siempre al paso…
He de tirarla abajo.
Esa puerta que llama cuando sigo
adelante, esa puerta que avanza
cuando yo me he parado. Esa puerta
que escucha cuando yo estoy
llamando…
Esa puerta -que es mía-
he de tirarla abajo.

Vivir en tu voz

Vivir en tu voz,
doblarme
bajo tu párpado, sería necesario
para compensar
el beso
de nieve, la luciérnaga
de esta resurrección imposible. Pero nada
han hueco como el agua,
donde el pozo
no es medida, sino acumulación
culpable del vacío, inexistencia
proclamada,
fondo desposeído por su transparencia,
recompensa de mirar
hacia la oscuridad
y hacia dentro.

Inmóvil permaneces Annelein, con un algo…

Inmóvil permaneces Annelein, con un algo
de sirena encendida, cuando creíamos
haber desvelado tu secreto. Nadie
tiene tu rostro -Annelein-. Nadie
percibe qué paisaje te mira de frente.
Ya no hay desolación en torno a tus ruinas,
ni invencible pudor en torno a tu desgracia.
Tu resignación explica
el número de tus desventuras y una tristeza
impar nos devuelve tu rostro. Nadie sabe
Annelein que has muerto, a pesar
de todas las ceremonias.
(De Contemplación del destierro, 1982)

Magnolio

Soledad de caoba
que la piedra comparte, sigilosa memoria
que hacia el tiempo
confluye y brota prisionera
de la luna y el sueño
y lentamente aspira
la verdad y su belleza.
Manzana de la luz,
suavemente ignorante,
el cáliz terso
de su piel construye,
aroma y fuerza
que el deseo clama.
(De Hortus conclusus 1986)

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