EL TELÉFONO

»El Poeta sugerido: Regina Salcedo

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¿Cómo puedo besar la voz que a mi también me besa,
tan erótica, susurrante, atractiva y deliciosa,
que de sutiles aromas transpira olor a rosa
y de placer a mi espíritu le embriaga y embelesa?

Corriente eres alterna, tú vas y vienes con destreza
desde unos labios rojos delirantes, deliciosos,
de miel plagados y de ósculos suaves, amorosos
a los temblorosos oídos expectantes de mi oreja.

Ondas hertzianas que a mi corazón le desenfrena,
aurigas de sensaciones que provocan mi delirio,
a veces cruel transmisor de noticias que el martirio
en condena conviertes para yo morir de pena.

Aunque no seas nada más que un sencillo aparato
rodeando el misterio a tu alma etérea le acompañas,
capaz eres de emocionar o con tales fieras sañas
suplicando a tu odioso interlocutor un mejor trato.

Cuando a solas estoy contigo muerto el tiempo pasa
raudo, ufano -risas o llantos- espíritu aprendiz,
tan ensimismado está momentos tantos que en la lid
cual torero la vuelta va al ruedo dando en una plaza.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Regina Salcedo

Regina Salcedo

Tres Poemas Ungüento

(I) cura para la pérdida incurable

cura-sana, culito de rana
si no te curas hoy
te curarás: ¡mañana!

mañana se disuelve en una cucharada de suero con azúcar
y aunque no le des vueltas, de alguna forma oscura,
sabes que te oscurece.

¿dónde te duele?, di. señala con el dedo. ¿aquí? ¿en este punto exacto?
¿o es una vibración imperceptible que sólo oyen los cactus,
o tal vez tan aguda que hace estallar los codos? en silencio.

pero siempre una gota que se filtra.
la presientes batiéndome y preguntas:
¿dónde te duele?, di. señala con la lengua. ¿ayer? ¿en ese punto espeso,
en esa gelatina congelada donde algo similar
a ti
quedó varado?

quizá sea más práctico referirse a las dosis:
¿cuánto se derramó?
o fijar las frecuencias:
¿cada cuántos espasmos?

hasta cuándo
hasta cuán
hasta cruac hasta croac…
digamos cada vez. cada vez que.
en la siesta. la hora de la garza y de la apnea.
cada vez que. con luz blanca y quirúrgica de baños
y ascensores.
cada vez que. un olor a galletas con un tacto
metálico. con sabor dulce-estaño.

pero el dolor no siempre lleva las mismas pintas. en ocasiones carga
bolsas con rodamientos y otras levanta a un niño
para hacerle eructar.

–ignoro cuántos sapos rumian ya en mis bolsillos–

pienso en melocotones. pelados. en almíbar.
pienso en melocotones. maduros. en la rama.
no es que unos resbalen y otros se precipiten;
se trata de la conservación. del modo de pudrirse.

(II) cura para el ruido

era cuestión de tiempo. o no es cuestión de tiempo. si lo piensas;
todo podría serlo.

optemos por llenar el recipiente
con algo más que aire.

durante años mi mente
en modo magnetófono
rastreando cualquier señal acústica,

amplificándola
para abrirle las tripas igual que a una madrilla
de hojalata

y entender cada pieza.

la canción titulada: es que no sé pensar de otra manera
acabó perpetuándose en hilo musical
y como resultado:
los poemas ungüento.
la poesía vórtice.

escribir para hallar el origen del ruido
e hilar un par de ideas consecuentes
que puedan parecer las de los otros.

tantas excavaciones, tantas palabras baba
formando una gran bola pegajosa de chicle.

tengo un callo en la encía. en el labio. de tanto.

hasta que, por sorpresa, alguien coge mis hombros
y me gira hacia afuera para que yo lo vea
entero, como un río.

y, teniendo en cuenta que no soy un castor,
el alivio me alcanza de inmediato.

(III) cura para lo inconfesable

a la señora le parece que la cura podría hallarse en una imitación aproximada.
por supuesto: prohibidos los espejos; dentro y fuera.
nada de detenerse
a quebrarle la cáscara a tan precaria nuez.

si le fuera posible,
buscaría financiación pidiendo un crédito
o por medio de un crowdfunding fraudulento.

si de algo está segura
es de que el universo no va a proporcionarle patrocinio
ni a honrarle con la vista de todas sus peonzas
centrifugando unísonas.

por el contrario, teme
que su único aporte consista en unas risas enlatadas
cuando ella se resbale en una roca,
cuando pase los tres primeros días
magullada en urgencias.

así que de momento, para siempre,
se conforma tejiendo tiritas discursivas,
escribiendo secretos en recibos
que introduce en toperas y otros huecos.

y luego, cada noche,
se acuesta unos minutos más temprano,
la huida, cada noche,
un poco más temprano.

V

Estiramos nuestros cuerpos para habitar el momento y estiramos
nuestros rígidos cuerpos para rascar el velo, el adhesivo
opaco del futuro. Al mismo tiempo las uñas están negras,
desgastadas de tanto anticiparse.
Nuestro cuerpo decapitado y manco
marcha como un autómata y reparte la ropa en los cajones
y habla por el ombligo de enfermedades y otras enfermedades
y a la vez
estiramos nuestro cuerpo para engullir la espera
y el maldito gusano en el agujero,
para hacernos agujeros de gusano y consumir la vida
trasladándonos siempre, en realidad.

LA VIDA, INSTRUCCIÓN DE APAGADO

La mirada descansa en un cuarto vacío poblado, sin embargo, de materia.
Los vecinos, afuera, ocupan el espacio en sus casillas,
no son sino figuras de un tablero-edificio;
objetos polvorientos entre objetos.
Por fin este silencio rodeado de muebles,
de portazos lejanos, de tráfico licuado,
ralentiza las horas,
enmarca los minutos, amamanta el instante en el que el sol desciende,
milímetro a milímetro por mis piernas cruzadas
hasta que sólo queda el murmullo mullido
del lápiz sobre el folio nevado,
ahora infinito.

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