LA DUDA, EL RUIDO Y LAS NUECES/

José María Alvarez (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Ayer salí a la calle, estaba muda,
tampoco percibí silencio hubiera,
me puse a rebuscar, vino la duda
mostrándome a la cara era tozuda
diciéndome al pasar yo era un cualquiera.

Así que yo quisiera abrir la boca,
no pude responder pues que el reposo
vetó mi respirar, callar te toca,
me dijo él, a sabiendas me provoca,
pensé que estaba allí yo haciendo el oso.

La duda y el silencio son hermanos,
los dos tienen la misma compostura,
cogidos van los mismos de las manos,
los dos austeros son, que son veganos,
no tienen ni un resquicio de pintura.

Me dicen, lo que tienes lo mereces
por ser inquisitorio y por inquieto,
querer mezclar el ruido con las nueces
juzgando a dios, al mundo y a los jueces
perdiendo a lo que fluye hasta el respeto.

Pues yo he quemado el tiempo aquí dudando
y el eco siempre ha estado en mí presente
les digo ¡por ahí les vayan dando!.
De tanto discernir me estoy cansando,
renuncio a ser ya un puto reincidente.
©donaciano bueno

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José María Alvarez

Margull

Hace el amor gran villanía al no enlazarte a ti
Jacopo da Lentino

Como un desnudo con alhajas
la noche de Verano languidece
en este bar junto a las aguas.
Desazón del calor. Una música ingrata
que impide hablar. Y esos seres
(en los que nada reconoces)
ofrendando a la madrugada su vacío
de alcohol y drogas…

Y de pronto, en medio de esos rostros,
el tuyo. Esa mirada alegre,
ese gesto risueño, esa
vitalidad deslumbrante que
como dando saltitos
se exhibe ante mí.

Una vez más, la vida
ha sido generosa; me permite
contemplar la delicia de una juventud
en su esplendor, imaginar mis manos
acariciando esa piel suave,
y a mis labios besando ese pelo salvaje,
esas sienes, esa boca, ese vientre,
soñando el calor y el olor de ese cuerpo.

Sí. Y este viejo corazón,
como si no estuviera hastiado,
como si aún tuviera diecisiete años,
se alboroza, tiembla.

Y estos viejos ojos
de los que se ha borrado la vileza de este sitio,
el sinsentido de esta noche,
agradecen vivir -¿A quién, a qué? Al Deseo.
Que como ciertos libros, como algunas
obras de Arte
es lo único ya
que hace soportable la existencia.

Marina

¿Qué debemos hacer hoy para salvar la Cultura?
Curzio Malaparte

Para Vicente Gallego

Sólo dos cosas, Filis, yo quisiera
decirte, hacer que aniden
en tu desvergonzado corazón: Es la primera
un consejo de Ovidio, cuando escribe: Si a una de vosotras
Venus negó sensual naturaleza,
fingid.
Supongo que ahora no lo entiendes.
Pero hazme caso.
Confía en tu instructor.
La otra se refiere
a tu pregunta: ¿Y cómo
sugieres que debería ser mi vida?
Querida, serás muchas.
Pero aquí sí que dicto
un canon. Y es curioso: lo dijo
un enemigo (acaso
de los más feroces, irreconciliable), el que fuera Ministro
de Propaganda en aquel Reich
e los Mil Años, Joseph Goebbels.
Según Speer en sus Memorias,
llamolo a su Departamento cierta tarde
Goebbels, y le pidió:
«Amigo Speer, quiero que me diseñe
un despacho de verdad impresionante».
«¿Cómo le gustaría?», dijo Speer.
«Estilo trasatlántico», repuso
Goebbels.
Pues eso, vida mía, Filis querida y deseada:
Estilo Trasatlántico.

Nubes doradas

“La nostalgia que siento no está ni en el pasado ni en el futuro…”
Fernando Pessoa

“-En el coche queda una botella de ginebra.
-Por qué no lo dijo antes, en vez de hacerme perder el tiempo
hablando tonterías?”
Daniell Hammettt

“La resistencia se organiza en todas las formas puras”
Tristán Tzara

A Jaime Gil de Biedma

Qué importa ya mi vida.

Cada vez que levanté mi casa, la
destruía. A cualquier país que llego
no amo otro momento
que aquel de divisarlo. Nunca
pude decir dos veces bien venida
a la misma mujer.

Respetarse uno mismo.

Pensar.

Veo crecer los rosales que planté.
Destapo la última botella del último
pedido.

Miro
como mi vida salva cuanto hay de noble.

Por ti, oh cultura, y por todos
los que vivos o muertos me hacen compañía, bebo.

Más allá del tiempo y de mi cuerpo,
bebo. Lleno
de nuevo el vaso. Dejo
que lentamente el alcohol vaya cortando
los hilos que me unen
a esta barbarie.

Y con la última
copa, la del desprecio,
brindo por los que aman como yo.

Piedra del sueño

En medio de tantos desórdenes siempre reinó una alegría
que los hizo menos funestos
Voltaire

Para Hélene y Bobo Ferruzzi

Este pasador… En el oro más fino
cincelado. Cuántas veces
dedos anhelantes lo habrán apartado
para que una melena oliendo a mujer
cayese abandonada
sobre unos hombros mórbidos.
Ahora, muerto en esta vitrina,
parece reírse de nosotros, reprocharnos
que seamos capaces de pasar el tiempo
admirándolo.
«No soy nada
-nos dice-, sólo un objeto
para sujetar el pelo. Soy hermoso
porque cuando alguien me hizo
era impensable no modelar belleza.
Pero sólo existo cuando brillo
allí para donde fui concebido,
no en el acabamiento de esta veneración mediocre,
sino sobre un rostro hermoso y moreno».

Romana

(Retrato de una niña con «Vingt mille lieues sous lesmers»
o como alecciona Flaubert: quelle joie ce serait que de voir
ce bon petit être que de voir ce bon petit etre sèpanouir
aux splendeurs de l’art et de la nature!)

Al corazón gentil acude siempre el amor
Guido Guinizelli Da Principi

Que arda en el Deseo
Y que sus besos quemen
Cuando la estreche entre mis brazos
Auguste Kopisch

Dulcísima criatura, de una felicidad
que aún no ha salido de Watteau.
Cuando te miro, adormecida en esta siesta,
y sobre tu regazo, abandonada, esa mano, y
caído de ella, ese libro querido…

En instantes así
cómo todo mi ser
responde
a la invitación de ese abandono, a esos labios
entreabiertos, al olor que imagina
emanar de tu cuerpo.

Qué no daría por besarte, tocarte, por ser yo
quien te hiciera gozar, por verte retozona,
abandonada al placer, por escuchar
tus suspiros, por
beberte.

Pero bien sé que debo contentarme
con esta adoración.
Y dejarte
ahí, dormida.

Escucha.
No hagas caso
jamás de las mentiras
con que querrá amaestrarte nuestro mundo.


como Shakespeare decía,
a rebel’s whore,
la puta de un rebelde.

Yctaniz

Musafir «Huésped; visitante»-
El que viaja por medio de la reflexión mental (Fikr) sobre los
inteligibles; lo cual es entender las cosas invisibles a través
de la antología de las visibles (I’Tibär), de modo que pueda
cruzar (Ábara) desde la orilla de este mundo a la otra
Ibn Al’ Arabi

Esta prenda, suave, delicada,
casi caliente aún, aún húmeda
de ti.

Aspiro, absorbo
su olor, hundo mi rostro
en ese perfume
mojado
que abre mis ensueños
los mares de la dicha.

Siquiera imaginar que te ha rozado,
que esa humedad es tuya,
esa dulcísima manchita
que beso.

¿Tendrá la Muerte
este olor? ¿Esta sensación de suavidad?
¿Esta tibieza?

Ah, déjame
un instante aún palpándola.
Tarda en volver del baño.
Déjame
cerrar los ojos, inhalar su fragancia
y comulgar con ella.

Ah, vida mía,
esto sí que es el «éxtasi amoroso»
que abrasaba a Quevedo.
Casi me causa más placer
que acariciarte a ti.

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