¡PRESUMIDO!

»El Poeta sugerido: Lucas Bárcena

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¿De qué presumes, chaval, de qué me hablas
si aun no has sacado un conejo en la chistera,
ni bebido un buen brebaje en primavera,
por qué intentas demostrar que tienes tablas?

Si aun escaso de bagaje y de equipaje
esparciendo vas la mies en sementera,
y a los surcos perfilando en la carrera
presumir has de esperar para este viaje.

No eres nada, no presumas de tu herencia,
no eres nadie, no exhibas tu trofeo,
ni alardees de tu estampa en un cameo,
o que alguno ya te rinda reverencia.

Pues la vida es un rodar, es experiencia,
desplegándose el camino has recorrido,
con fervor recordando esa vivencia
y contarlo y el placer de haber vivido.
©donaciano bueno

Narcisismo: En su uso coloquial designa un enamoramiento de sí mismo o vanidad basado en la imagen propia o ego. La palabra procede del antiguo mito griego sobre el joven Narciso, de especial hermosura, quien se enamoró insaciablemente de su propia imagen reflejada en el agua.

POETA SUGERIDO: Lucas Bárcena

Lucas Bárcena

Poema

Venía tras los luceros
en los telares del alba;
vestía franjas el cielo
con amagos de alborada
y ella nada más tenía
una ilusión y dos alas.

Cuánta dolencia de grillos
por doquiera que pasara
ella, de jugo y de aroma
de camelias y naranjas. . .!

Se fue encontrando conmigo
que iba cansado y sin alas
y nos ahogamos a un tiempo
en un fulgor de miradas.

Ella con dos luceritos,
yo amasando una esperanza;
ella tibia de desvelos,
yo pesado de palabras. . .

y ella tiró sus luceros
por subirse a mi piragua
pero ya allí no cabía
porque allí iba la mañana. .

Montañesa

Montañesa: tú que llevas
en el jarrón que corona
tu cabeza
una canción de agua clara,
lavas con ella tu cara
para borrar la tristeza?

Qué tal si fuera de amor
la canción que te despierta?
(Habría en tu pecho una flor
y una aureola de candor
sobre tu mirada muerta.)

Chola de talle profano
y de cabellera larga:
cómo vas sobre el pantano
con el sostén de tu carga!

Tu risa va pregonando
la montaña que te apresa.
Mitad bruja, montañesa,
vas por los aires cantando.
(Y quizás, mitad princesa. . .)

Cuándo dejas el sendero
que ha ensombrecido tus ojos
y te ha negado el lucero
que soñaron tus antojos?

Habrá quién dé su tesoro
por tu piel dura y morena;
habrá quién muera de pena
por tu voz: cristal y oro.

Más, quién logrará el milagro
de tu mirada traviesa!
quién fuera el cántaro añoso
de agua clara
que corona tu cabeza
para lavar mi tristeza
cual tú te lavas la cara,
montañosa. . .!

Ebriedad

Por cuáles rutas de esplendor naugrafo?
Por qué parajes ronda mi desvío?
Alado caracol es mi navío,
(Hipocampo de luz en verde lago)

Lanza, pluma y broquel en pleno amago
me incitan al rencor y al vocerío.
Agridulces, mis venas, van al río
de un universo extraño, insomne y vago.

Abierta rosa, ya no tiene encanto
en otro amanecer, vibra mi canto
y no lo escucho. Mi delirio abrasa.

Mundo de risas bienhechoras, locas;
campanas de agua. Brilla entre mis rocas
la gota de licor, como una brasa.
Del libro: La Poesía de olor a Monte.

Salutación de Amor

Amada, buenos días!
Hoy ha bordado el sol tu silueta temprana
en el turbio cristal de mi memoria;
hoy ha volado el pájaro con tu voz en el pico
y han abierto dos pétalos lo mismo que tus labios.

Amada, buenos días!

Voy aspirando absorto, el nardo de tu cuerpo
y a cada paso encuentro la seda de tus manos.
¿Qué distracción tendría el Hado que te hizo
que disolvió la esencia de la estrella en tu vaso?

Cuántos sueños de artistas cuajados en tus ojos
y en el gesto melífluo de tus labios.
Cuántas noches de insomnio por tus palabras nuevas,
cuántos cálices vivos por regar a tu paso. . .!

El sol está contigo, amada, buenos días.
La nube, el aire y todo presiente que tu existes
y por ti es armonía hasta el mismo silencio.

Por tí la flor es fuego y es plegaria la brisa,
es el boscaje un canto
y se rebela el aire que acaricia tu cuerpo. . .

Amada, buenos días. . .

Del libro: Antología Poética.

Cabaña de caña blanca

Nadie ya pisa tus puertas
cabaña de caña blanca,
porque no tienes muchachas.

Sólo se alarga en el patio
la humilde paz de la anciana;
sólo danza en los caminos
la bruma de la nostalgia
y hay un remedo en los aires
de tañer de mejoranas,
de relinchos, de salomas,
de requiebros, de palabras. . .

Porque se fue María Higinia
nadie ya va a la quebrada;
nadie luce en la cabeza
los retoños de albahaca
ni hay quien despierte el silencio
cantando en la madrugada:
“moreno si tú me quieres
llévame al pueblo mañana”. . .

Nadie ya pisa tus puertas
porque no tienes muchachas.
En vano el mirto reparte
la albura de su fragancia
y hay ecos de melodías
en lo alto de la montaña.
Sin los ojos que brillaban
más que el lucero del alba,
falta no sé que a tu vida,
cabaña de caña blanca. . .
Del libro: Antología Poética.

Ruego

Qué sombra más sublime es esta sombra leve
del recordar constante, del asíduo soñar;
la imagen imprecisa como una flor de nieve
y el corazón, ufano, saltando sin cesar. . .

En el paisaje exótico, la verde selva erguida,
los caminos perdidos y el viento sin timón. . .
cómo toman aliento, cómo asoman la vida,
cómo guían los pasos a una misma mansión.

Y hay un dócil anhelo de ser amplio y constante,
ubícuo, multiforme, luminoso, fugaz;
de apagar las antorchas que no vayan delante,
de encender las tinieblas que no vayan detrás. . .

Alma creadora: ata las bridas a esta añeja
sed de pisar los mismos senderos, de volver.
Haz cada día un mundo de nuevo limo. Aleja
los labios de mañana de la copa de ayer. . .

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