CONCHA ESPINA

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Tenía yo quince años y te fuiste,
Cocha Espina, poeta ya al nacer,
prolífica escritora a la que hacer
mi loa pues que envidio lo que hiciste
un canto a tus valores de mujer.

Tirando del honor sin que temieras
segura de ti misma y tus saberes,
hacer demostración que las mujeres
no deben de mostrarse cual las fieras
y aun menos solo objeto de placeres.

Que tú fuiste, milagro, madre, esposa
y Nobel, si no fue, yo aquí lo pongo,
permíteme poeta si es un tongo
licencia que me tomo, que a tu prosa
no debe de aplicársele un supongo.

Católica creyente y gran patriota,
valiente y luchadora bendecida,
supiste con denuedo armar tu vida
dejando tu legado como nota
al punto de anunciar tu despedida.
©donaciano bueno

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Concha Espina murió en el 1955 y este autor en el 1940.

POETA SUGERIDO: Concha Espina

Concha Espina

SONETO

«Hay una sepultura de ladrillo
que me espera en el suelo arrodillada,
rojo lecho en tierra calcinada,
cuerpo estéril de gélido mantillo.

En ella ha de torcer un sordo anillo
mi pálida ceniza sosegada
bajo el silencio adusto de la nada
que resucite su mortal cuchillo.

Pero sobre la muerte se deshoja
la eterna luz del cielo soberano
y sobre la dureza de una losa

que abrigue la negrura de un arcano,
habrá el roce amoroso de una mano
que derrame el perfume de una rosa».

YO SOY UNA MUJER: NACÍ POETA…

Yo soy una mujer: nací poeta,
y por blasón me dieron
la dulcísima carga dolorosa
de un corazón inmenso.
En este corazón, todo llanuras
y bosques y desiertos,
han nacido un amor, interminable,
y un cantar gigantesco;
pasión que se desborda de la tierra
y que invade los cielos…
Ando la vida muerta de cansancio,
inclinándome al peso
de este afán, al que busca mi esperanza
un horizonte nuevo,
un lugar apacible en que repose
y se derrame luego
con la palabra audaz y victoriosa
dueña de mi secreto.
Yo necesito un mundo que no existe,
el mundo que yo sueño,
donde la voz de mis canciones halle
espacios y silencios;
un mundo que me asile y que me escuche;
¡lo busco, y no lo encuentro!…
Poema incluido en la novela La esfinge maragata, 1914.

¡TODO ESTÁ DICHO YA!… ¡QUÉ TARDE LLEGO!…

¡Todo está dicho ya!… ¡Qué tarde llego!…
Por los hondos caminos de la vida
pasaron vagabundos los poetas
rodando sus cantigas:
cantaron los amores, los olvidos,
anhelos y perfidias,
perdones y venganzas,
zozobras y alegrías.

Siglos y siglos, por el ancho mundo
la canción peregrina
sube a los montes, baja a los collados,
en los bosques suspira;
cruza mares y ríos, llora y muge
en vientos y celliscas;
se queja en el jardín abandonado,
en las flores marchitas,
en las cosas humildes, en las tumbas,
en las almas sombrías.

Todo el mundo es querella, todo es himno,
todo el mundo es sollozo y poesía…
Y yo vengo detrás de ese torrente
que al universo encinta,
con una canción nueva entre los labios
sin poder balbucirla:
porque ya no hay palabras, no hay imágenes
ni estrofas y armonías,
que no rueden al valle penumbroso,
y suban a las cimas,
y salven los abismos,
colmando las medidas
de las voces humanas
y los sagrados sones de las liras…
¡En este mundo lleno de canciones
ya no cabe la mía!
Loca y muda la llevo entre los labios
sin poder balbucirla…
Poema incluido en la novela La esfinge maragata, 1914.

LEJOS…

Entre la noche que está dormida
Y el mar dormido que sueña y lucha
Tengo enhebrada mi ardiente vida,
Alma que alerta ronda y escucha.
Para mi frente clara diadema,
Los astros hilan vivo reflejo;
Para mis ojos, triste poema,
Las aguas mullen un blando espejo.
Calman las olas sus paroxismos
Llenas de lumbres y de estupores
Y entre las fauces de dos abismos
Hago la siembra de mis amores.
Aquí las mieses y las derrotas
Son infinitos que yo poseo;
Haces de vida, ansias remotas,
Vasto refugio para el deseo.
Y las criaturas de mi paisaje,
Bestias menores, nunca son malas;
Con la inocencia de lo salvaje
De los querubes tienen las alas.
Aves y peces, sordo murmullo,
Alible fauna reclamadora
Cuando la noche lanza su aúllo
Del mar dormido que sueña y llora.
Nada me hiere donde yo habito;
Mis daños, todos, son de la orilla
Aquí se esconde mi ronco grito
En el manojo de mi gavilla.
Ramos de espuma, leves corolas,
Plantel de soles y de luceros;
Para mí el baño de frescas olas
Y la ardentía de los senderos.
Para mí todas las noches gayas;
Para mí todos los océanos; (*)
Lejos de la tierra, lejos de las playas; (*)
Ningún anillo para mis manos.
No quiero engarces prometedores
Con el mezquino polvo sediento
Donde el gusano vive en las flores
Y la veleta gira en el viento.
Ninguna gracia de la ribera
Donde se miente lo que se jura;
Es más benigna la mar señera;
Es más piadosa la noche oscura…

Como un mártir primitivo:

Cayó en la arena inflamado
como un mártir primitivo,
de azul camisa bordada
y es un muerto siempre vivo
con la mano levantada.
Gallardete de señales
abierta la extendió al viento
de los sueños imperiales
que de una flor daba ciento
en la mies de los rosales.
Semilla de precursores,
en José Antonio madura
la estirpe de los mejores,
dardo prendido en la altura,
ramo de yugo y flores.
Así el héroe su cosecha
en España centuplica;
su pregón es una endecha
y una campana repica
al vuelo de cada flecha.{

Entre la noche y el mar (fragmento)

Entre la noche que está dormida
y el mar dormido que sueña y lucha
tengo enhebrada mi ardiente vida ,
alma que alerta ronda y escucha .

Para mi frente , clara diadema ,
los astros hilan vivo reflejo ,
para mis ojos , triste poema ,
las aguas mullen un blando espejo .

Calman las olas sus parioximos
llenas de lumbres y estupores
y entre las fauces de dos abismos
hago la siembra de mis amores .

Aquí las mieses y las derrotas
son infinitos que yo paseo ;
haces de vida , ansias remotas ,
vasto refugio para el deseo .

Y las criaturas de mi paisaje ,
bestias menores , nunca son malas ;
con la inocencia de lo salvaje
de los querubes tienen las alas .

Aves y peces , sordo murmullo ,
alible fauna reclamadora
cuando la noche lanza su aúllo
del mar dormido que sueña y llora .

Nada me hiere donde yo habito ;
mis daños , todos , son de la orilla .
Aquí se esconde mi ronco grito
en el manojo de mi gavilla .

Ramos de espuma , leves corolas ,
plantel de soles y de luceros ;
para mí el baño de frescas olas
y la ardentía de los senderos .

Para mí , todas las noches gayas ;
para mí , todos los océanos ;
lejos la tierra , lejos las playas ;
ningún anillo para mis manos .

No quiero engarces prometedores
con el mezquino polvo sediento
donde el gusano vive en las flores
y la veleta gira en el viento .

Ninguna gracia de la ribera
donde se miente lo que se jura ;
es más benigna la mar señera ;
es más piadosa la noche oscura …

***

Perla del Caribe: Antilla.
San Cristóbal de la Habana,
que luce, como en Triana,
la peineta y la mantilla.
Marco azul, clara sombrilla,
presunción americana;
ardiente la sangre hispana,
los ceceos de Sevilla.
Corpiño rojo de sol
en el parque de Martí,
falda corta, negro rol
con plumas de colibrí,
zapato a lo ponleví,
y un abanico español.
De entre la noche y el mar

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