¡Feliz Año 2015, poetas!

Poeta sugerido: José Ángel Cilleruelo

 

Un año más ha pasado,
otro que vuelve a empezar,
éste que ha sido un penado
un consejo te va a dar:

Coge doce hojas en blanco,
copia los meses del año,
rellénalos de ilusiones,
de proyectos, de ambiciones,
intenta no ser tacaño.
No pienses sólo en el banco
sigue este humilde consejo
si quieres llegar a viejo.

Plantea mil objetivos,
trabajo, amor, mil motivos
que te enriquezcan la vida,
los sueños, los desencantos,
las ocasiones perdidas,
el abrazo de un hermano,
un amor correspondido,
la suerte de haber vivido
y disfrutado de tanto.

No olvides las emociones.
Transcribe las maravillas
o las cosas mas sencillas
que hay en la naturaleza,
la ternura de una vieja,
de los pájaros el canto.
Y cuando el último folio
hayas, por fin, rellenado,
si el balance es positivo,
gracias por haber vivido,
la celebración al canto.

Y si el tiempo trascurrido
no resulta de tu agrado,
toma el tiempo como aliado.
Vuelve a abrir tu portafolio,
y otras doce hojas en blanco.
dado que has sobrevivido,
de nuevo vuelve a intentarlo.
Y al final, un colofón:
disfruta un buen colocón
¡que esto es la vida, pardie,
y celébralo conmigo!
Un consejo de tu amigo
Donaciano Bueno Diez

©donaciano bueno

Feliz Año 2015 a todos los usuarios de Poemas del Alma de éste que lo es su amigo en la poesía, Donaciano Bueno. Que la inspiración les sea propicia y que les colme de bendiciones.

POETA SUGERIDO: José Ángel Cilleruelo

José Ángel Cilleruelo

CANCIÓN TRISTE DE CABARET

A menudo me veían pasear
junto al río y mirar hacia la ciudad
con tristeza. Solo esas aguas,
solo un aire verdoso en los días limpios
sustituía el temblor de una mirada
al cobijarse entre las manos.
Regresaba en tranvía al oscurecer
ajeno por la babia de escaparates
iluminados. Descendimos
en silencio los cinco eternos rellanos,
te diste la vuelta al llegar al portal,
ya nunca olvidaré aquellas palabras:
Olha, rapaz, eu não acredito
no amor, mas apenas nos corpos.
(Alfama, 1987)

IN UNA STRADA DI FIRENZE

De camino a Florencia hay una puerta
que da a un patio de piedra. De camino
a Florencia hay vestigios en las tapias
con dibujos obscenos y lamentos

antiguos. De camino hacia Florencia
todo está en su lugar menos mis ojos:
la sombra de las nubes en los muros
y el silencio atrapado entre la yedra.

¿Habrá camino hasta Florencia, patios
con rosales y sendas con guijarros?
Todo está en su lugar. Alguien lo ha visto.

Y ha visto nuestra duda, y lo ha contado.
Todo estará en su sitio. Menos mi alma,
sin caminos, sin patios, sin Florencias.
(Maleza, 1995)

BALADA DE CONEY ISLAND

Cuando cae la tarde
y los bañistas abandonan
el lugar tras un sábado de playa,
vestidos solo a medias y la toalla al hombro,
las gaviotas, en grandes grupos,
se reparten la arena, imitando quizá
a quienes ya se aprietan
sobre los andenes, camino
de la ciudad.
Desde un bidón así,
como este al que ahora me encaramo,
contemplé las gaviotas
el día en que cumplí los diecisiete.
No lo recuerdo por casualidad.
Era domingo y todos habían ido al baile
menos yo, que acunaba mi primer desengaño.
Las vi llegar
y mezclarse con los bañistas últimos.
Pensé que desde ese momento ellas
iban a convertirse
en un símbolo propio del amor.
Admiré su plumaje blanco y puro,
la soberbia quietud y elegancia del vuelo,
y encontré reflejadas sobre el gris de sus alas
las cenizas de un día calcinado.
También tuve, sentado en el bidón,
una esperanza súbita: los grises
eran más suaves que las puntas negras
de donde procedían. Luego escribí:
«Vuelo de las gaviotas:
negro, gris, blanco: puente hacia lo puro».
En eso pienso ahora mientras veo
cómo rebuscan con el pico
entre la arena y cubos de basura
restos que tragan con innoble prisa:
lonchas de mortadela en bocadillos
mal mordidos, filetes rebozados,
muslos asados en los puestos de la calle
que los niños esconden tras morder la crujiente
grasilla de la piel.
Qué pajarracos
carnívoros, rastreros y farsantes
fueron un día el símbolo más puro del amor.
Amor…
(alguien asoma tras las dunas,
medio desnudo, las insulta y lanza
latas a su intrusismo tan malsano
y obsceno) las gaviotas lo recuerdan
siempre
cuando cae la tarde.
(Salobre, 1999)

PINTURAS | 1

La muchacha de ojos claros busca
encender el candil frente a las sombras.
Presiente ya el desorden de la noche
en la pereza de la luz gastada

Toma la vela con la mano izquierda
y dirige la llama hacia la mecha.
Un arco con arenas parpadea
y destierra lo oscuro a los rincones.

Recupera la aguja, su dedal
y los trapos que arrumba en el regazo
para zurcir los antiguos remiendos.

El canto de los pájaros se ahoga
tras la ventana abierta hacia el verano.
Aunque llegara, no hablaría el tiempo.
(Formas débiles, 2004)

***

Los armarios sin ropa
los cajones vacíos
el color de las colchas
olvidado las sábanas
oscuras de humedad
las bombillas fundidas
deshiladas alfombras
aparatos inertes
y cristales partidos.
La vida en aquel túnel
segundo puerta izquierda
número veinticuatro
era sin ti una úlcera
sin ti era la nada.
***
Si les pregunto qué desean, dicen
que nada, que miraban sólo muebles
por gusto, por pasar la tarde. Juntos
los cuerpos, cuchichean: el armario
lo querremos más grande, buscaremos
una cómoda alta donde quepa
la ropita del niño cuando crezca
y los juguetes: de mayor sabrá
el color de su infancia. Dan rodeos
para volver a cruzar ante una cama
de matrimonio con mesitas nobles.
Nunca miran el precio que no pueden
pagar. Los vendedores a su espalda
se burla y me burlo igual y olvido
cómo elegí los muebles por catálogo,
una noche, al cerra la tienda, Solo,
***
Un zumbido distante de turbinas
impregna el aire húmedo. Las aguas
bajan por el canal sin chapoteo,
prietas, desheredadas. Oscurece.

Las farolas se gustan a sí mismas
contra los muros de ladrillo imberbe
de la fábrica. Humea tras la tapia.
En sus cristales rotos canta el odio.

Los amantes se abrazan y contemplan
desde la barandilla del paseo
otra noche que nadie puede ver.

Dicen frases que oyen en canciones,
por ti la eterna juventud del mundo,
cosas así en las que creemos todos.
***
Una estación sin nadie en los andenes,
un banco en la avenida y nadie cerca,
un almacén abandonado,
el tope de una vía muerta,
un autobús vacío,
un jardín solitario,
un tren sin luces,
la madrugada,
un hueco.
Yo.
***
Nadie ha de ver en los cascotes, bolsas
reventadas, astillas, viejos fardos
con desechos, cenizas, muebles rotos
y polvorientos y descerrajados

e inútiles, el claro sacrificio
de una espera. La espera de las columnas,
de relieves, de mármoles, de piedras
blancas y nobles; memorables versos,

la palabra cilíndrica, el exacto
retrato de las vidas y la muerte.
En este campo abandonado y sucio

alguien tendrá que hundir los ojos y manos
y erguir la torre esplendorosa. Tiempo
de vigilia: escritura para nadie.

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Quien idiomas inventaraañadiera confusióna la mente, a la razón, y lograra se ofuscara,y a pensar…
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