Feliz Año 2016

»El Poeta sugerido: María Sotomayor

 

Un año viejo se va
y otro año nuevo que empieza,
el que se va ya no está
y el que viene dios dirá,
qué panorama traerá
si de alegría o tristeza.

El tiempo que ya se han ido
nunca jamás volverá
a retornar a su nido.
Que el vino que se ha bebido
cuando ya se ha digerido
en la nada quedará.

Es, sólo es, que eso es,
hoy, aquí, en este momento,
no más tú eres lo que ves.
Y aunque vuelvas del revés
dos más uno serán tres
el resto sólo es un cuento.

©donaciano bueno

Estos versos fueron escritos con motiva de la entrada de este nuevo año 2016. Es buen momento para hacer un inventario en nuestro interior y sacar aquello que no es de buen color, desarraigar el rencor, la ira y abrir espacio para que se llene con amor, comprensión y buena disposición. Feliz Año Nuevo.

POETA SUGERIDO: María Sotomayor

María Sotomayor

EL LENTO OFICIO de los hombres justos

ha huido lejos o lo han olvidado simplemente
sus brazos caen agotados sobre la juventud
y en su pecho se entrelaza
el desorden de los vestidos blancos
a lo mejor algún día perderán el miedo de su lengua
lejana
a lo mejor podrán transcribir la distancia de las
piedras
que lanzadas al estanque nunca vuelven a la mano
después un calendario es un reloj de madera
pero la mesa sigue vacía
desde el principio hasta el final del hambre

YO VIAJO en treinta zapatos

siempre después de haber sufrido
de los hogares vacíos y de las madres llenas
de la cara solo me lavo los dientes
y muerdo un barco que se enciende
dejando el agua correr sobre un pañuelo
desde que lo supe no he parado de dibujar
rosales en el pecho
para plantar lagos verdes a punto de crecer
y algún que otro escarabajo asustado
un zapato impar ha subido por unas escaleras
mostrando orgulloso su huella en el recorrido
ha dejado descalzo a mi padre antes de pasar
y yo juraría haberlo visto antes saludando a los
labios
desde la tristeza más alargada de su último viaje
como hilo de lana dentro de la respiración del aire

HAS DICHO palabras aquí

aquí no voy a volver a entrar
en este lugar la respiración no nos enternece
porque no existe y el tiempo se estira y se confunde
como la vena violácea en un párpado
hoy que hace un frío
insalvable
un frío profundo
o los días tuertos
en los que me protejo los ojos con las manos
con un simbolismo de inexistencia de gestos

dormí con el peso de un hueso
atascado en la garganta
el mismo peso que un hueso redondo
y de memoria
hice el esfuerzo de imaginarme
dando a luz con el pelo sucio y mal cortado
por la luz
haciendo de la luz un periodo mucho más largo
donde los labios se mueven mucho más despacio
para pedir las cosas

hace días que hago lo que me digo

las puertas se abren con las rodillas las rodillas
son ganzúas

mientras me pongo en la postura del perrito dando la
espalda
porque este mundo está conmocionado por relatos
que me impiden
y honesta soy capaz de hacerme la mustia
está bien solo hice lo justo a mi parecer
no tuve dudas
porque no comí de una belleza azul para después
desdecirme
sostenida de nombre juntando las manos
me vine al mundo
a pedir perdón.

Nos cruza una niña jugando

lleva el pelo recogido en forma de llave
y un lluvia pálida en cada mano
parece hambrienta
siempre ansiosa por estar adentro

antigua
desnucada
algo resbaladiza

la arena entonces en sus pies
y lo lento del girar en el sentido de las manos
con sus golpes, sus rodillas violetas
me pregunto
si su ombligo tiene forma de paloma
la invisible cicatriz umbilical
dentro de una cáscara de rosa

escribo sobre sus pies torcidos
su labio rojo tan lejos, tan lejos
de los tobillos huérfanos de charcos
del significado de lo puro cuando encaja
convirtiendo a los árboles
en animales heridos junto a la carretera
y los juegos infantiles son bombillas rotas de la tarde
tal vez la infancia sea un hilo en el suspiro del viento

No tiene prisa, olvida un zapato

pero no el sabor verdadero de los grifos
los hijos pasan silbando blancos por los caminos
y ella detrás del visillo deja correr la lluvia en sus dedos

se ha separado el pelo
y cose un jarrón milenario dentro de las azucenas
también afuera una cierva con el vientre hinchado
ha llegado hasta tu puerta
con un corazón de hombre en la boca

por qué ya no os conmueven los partos de los animales
por qué

el tiempo sería más lento en los ojos
si aprendiéramos a alimentarnos del goteo de leche
de las cicatrices redondas de los cuerpos
del ritual anémico de lo salvaje sobre la vida

He despertado en medio de un puente gris

soplando pequeños pasos
como insectos torpes que saltan
y saltan y remueven sus patitas
en mi carne abierta en mi carne blanda
una luz
naranja
de tarde
se derrama
por la garganta
y lo cubre todo de tierra brillante, incluso la cintura

allí dentro estoy a salvo porque el silencio avanza
y no lo he dicho aún, pero mi pena es redonda y roja
con el mismo aspecto de la tripa de mi madre
cuando ella no era mi madre y yo aún no era yo
tan sólo éramos hambre
entonces
tan chiquita era
que no podía llorar
después me soltó la mano
y las hijas dejaron de hacer pie en las bolsas
para quedarse dormidas dentro de una trapo azul
en el cielo de los niños
en las casas furiosamente extrañas.

Si toda la luz se quedara quieta

contemplando las manos sacudirse
motitas de polvo alrededor de las farolas
y yo sintiera que me estaba enfermando
no pararía de acariciar el pequeño diente
que me empezó a crecer dentro del cráneo
en lo liviano de mi condición de mujer hacia dentro

más tarde
más tarde aún de encaminar mis pies por las aldeas
de bajar feliz de la cama y bautizar a mis doce hijos
más tarde aún de estar siempre del lado de las tormentas
pero en distintos lugares lo supe

hay que seguir tragando flores con los ojos muy abiertos
para seguir oliendo bien por dentro

así que detrás de todos mis intentos de llorar pétalos
sólo me quedó ponerte a navegar en lo hueco de los tallos
por los ríos, por las rayas lisas y pequeñas de tus manos
por la nostalgia luz barullo de los naranjos

y no hizo falta estar limpia para arrastrarse
cuando el gallo cantó su dibujo infantil
contra tu primer llanto blanco de animal sin amo.

Una vez a mis cinco años tuve una hija

no pude llorar lo puro de su carne
la mancha cobalto que dejó en la tierra

la parí a escondidas debajo de un árbol
y no encontré señal alguna de los lobos
más tarde fui la madre de una cierva
y también gorrión dentro de una rosa
clavada en el dobladillo de un vestido blanco

la primera sangre tuvo aspecto de miel púrpura
me hizo nudo y sonrojo las mejillas
despeinada de cintura para abajo

después, la cierva murió tatuada en la ternura
en un pedazo de cielo inmenso que nos hizo sombra
la mañana que nosotras también quisimos el amor
más allá del hambre, de la tripa limpia de los hombres únicos.

Tenías una belleza tan líquida colgando del labio

que hubo un tiempo que olvidé cómo nombrarte
más tarde el puño sobre la mesa
y quedarte tan flaca después del nacimiento
en los objetos punzantes que han llenado tu cabeza
la casa tan vacía
el grito tan alto
que no te reconoces
en el olor de la cocina sucia después de los adultos
de la ceremonia salvaje de ser dorada

ningún espejo va a devolverte tu imagen de cierva
como ningún hombre te va a volver a llenar el vientre
estás seca, te doblas como un junco
y su pequeño corazón se derrama
en tu belleza tan líquida
colgando del labio
en algún lugar de una niña
que hace una acrobacia en la ventana
y lo pone todo perdido de cabellos
sonando a barro en los ríos
en la vida entera.

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