MI PASEO DIARIO/

Lorenzo Gomis (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Hoy como cada mañana
siempre entorno de las diez
cojo a mi nieto ¡pardiez!
y lo saco de jarana.
Recorro la Castellana
y en una tahona amiga
me paro, de nombre Miga,
-una tostada, un café
y un zumo, y a saber qué-
hago un lapsus a mi andana.

Después tomamos Orense
o quizás Capitán Haya
que vaya por donde vaya
respira un aire circense.
Que está lleno de suspense
transpirando por sus poros
sonidos que son canoros
o de toques de trompetas
de esas niñas pizpiretas
que destripo cual forense.

A medida voy andando
al ambiente tomo el pulso,
a veces éste es convulso
o es que al cielo está bramando,
otros, en cambio, silbando
a mi alrededor rebotan
y a mi nieto le alborotan
respondiendo el muy tunante
que le empuje hacia adelante
y que a mí me vayan dando.
©donaciano bueno.

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Lorenzo Gomis

LA EDAD

A veces pienso que algo se prepara.
Cada mañana veo en el espejo
un hombre que me mira, un hombre viejo,
un viejo que me mira cara a cara.

No le conozco, pero –cosa rara-
me mira con sonrisa de conejo
y me coge el cepillo, si le dejo,
y se afeita en mis barbas, y no para.

Y no para y no para de imitarme.
No sé si es un actor o es un abuelo,
un viejo actor que estudia bien mis gestos

o un abuelo que viene a consolarme.
Es más viejo que yo, ya es un consuelo,
mi compañero de los ratos estos.

Lo humano no es el hombre, es lo que deja

Lo humano no es el hombre, es lo que deja:

es la muñeca que olvidó la niña,
la vasija de aceite con que aliña
la mujer la comida, es la madeja
en la sillita baja de la vieja;
lo humano no es el gesto, no es la riña,
el jadeo en la torpe arrebatiña
o la sombra que agranda candileja.

Lo humano es el objeto, la casita,
el menudo instrumento, lo que emplee
el tipo en su trabajo. Más humano

que el hombre -lo que afirma, lo que grita-
es el objeto -toma, mira, lee-
que un día él mismo hizo con la mano.

La otra vida

SI hay otra vida es vida, pero es otra,
y si es otra el mortal no la imagina,
una vida sin sexo ni cocina
tiene que ser sencillamente otra.

qué haremos en la vida si es tan otra
y si ya no hay taller ni oficina
y si ya elmismo cuerpo no declina
(si declinara no sería otra)?

Si hay otra vida, es otra pero es vida
y si es vida es noticia y es sorpresa,
sin que la muerte acabe la partida,

vida que canta, vuela, abraza y besa.
Es la vida de Dios la otra vida
y si es de Dios nos basta su promesa.

Lo humano no es el hombre…

Lo humano no es el hombre, es lo que deja:
es la muñeca que olvidó la niña,
la vasija de aceite con que aliña
la mujer la comida, es la madeja

en la sillita baja de la vieja;
lo humano no es el gesto, no es la riña,
el jadeo en la torpe arrebatiña
o la sombra que agranda candileja.

Lo humano es el objeto, la casita,
el menudo instrumento, lo que emplee
el tipo en su trabajo. Más humano

que el hombre _lo que afirma, lo que grita_
es el objeto _toma, mira, lee_
que un día él mismo hizo con la mano.

EMPRESA DE LAVADO

Aquí se lava todo, todo queda borrado,
la mancha y el zurcido, el crimen y el pecado.
Aquí se lava todo. Empresa de lavado
abierta el año 30 por un ajusticiado.

Era un hombre de pueblo, carpintero de oficio.
No llevaba corona, ni espada, ni cilicio.
A los hombres piadosos les sacaba de quicio.
Comía con los malos. No tenía otro vicio..

Predicó por los pueblos algo más de dos años.
Hablaba de la siembra, de pesca y de rebaños.
Curaba al paralítico, veía sus engaños.

Era Dios en persona y murió como un hombre.
Se levantó de nuevo _que ninguno se asombre_
y a uno de sus amigos, Pedro de sobrenombre,
le encargó que lavara, que lavara en su nombre.

EL HORROR ES UN MOMENTO

El horror es un momento
Ya no siento lo que siento

El horror visto por dentro
Va de la nada al encuentro

Cuando estalla el explosivo
Queda muerto el que era vivo

Pon horror en la memoria
Y pasarás a la historia

El horror es el vacío
Que traga lo que era mío

Es la boca de la muerte
Que te sorbe sin morderte

Oh Rorr oh Rorr Cuánta erre
Ya no cierra ningún cierre

El horror es ese grito
Que traspasa el infinito.

UN CARDENAL LLEGA AL CIELO

El señor cardenal, de púrpura encendida,
subía del abismo buscando mejor vida.

Traigo cánones nuevos en perfecto latín,
confiaba jovial a un monseñor pillín.

Pero había en el cielo cola de costureras,
de peones, maestros y chicas casaderas.

En el cielo es domingo ¡cuánta gente, Señor!
San Pedro está ocupado, atiende a un pescador.

Tendrá usted que esperar. Tome asiento, Eminencia.
Es el cielo. Es domingo. Hay que tener paciencia.

Y pasaban las horas y venía la noche.
El cardenal dudaba si reclamar el coche.

El señor cardenal decía para sí:
¿Y ahora dónde iré? ¿Qué haré, pobre de mí?

Y entonces vio una cola que avanzaba de prisa.
No pedían siquiera que hubieran ido a misa.

Los pequeños mostraban la señal en la frente
y entraban en seguida por la puerta adyacente.

Y el cardenal probó, rebuscó en la memoria.
Poco a poco llegó al fondo de su historia.

No siempre he sido anciano. Hace tiempo fui niño.
Yo tenía una abuela. Yo tenía cariño.

Muchos años atrás yo fui niño pequeño.
Rezaba de rodillas. Me caía de sueño.

Ahora que recuerdo, veo luz en mi infancia.
Prefiero ser pequeño que cardenal de Francia.

Beatísimo Padre Pedrito, por favor,
búscame algún rincón en casa del Señor.

 

Adelina del paseo – García Lorca

La mar no tiene naranjas.
ni Sevilla tiene amor.
Morena, qué luz de fuego.
Préstame tu quitasol.

Me pondrá la cara verde,
—zumo de lima y limón—,
tus palabras, —pececillos—
nadarán alrededor.

La mar no tiene naranjas.
Ay, amor.
¡Ni Sevilla tiene amor!

(De Canciones)

 

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