Ada Salas (poeta sugerido)

A UN PLATO DE LENTEJAS/Donaciano

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¡Qué pasada de legumbre,
revoltosas las lentejas,
a fuego lento en la lumbre,
mejor jóvenes que viejas!

Conozco bien el vicio de la gula,
de extasiarme ante un plato de lentejas
¡qué olor y qué sabor! Si tú las dejas
demuestras ser más lerdo que una mula.

Yo hoy aquí en estos versos me declaro
un buen amante de la buena mesa,
el hueso de jamón, esa sorpresa
que al caldo da sabor, eso está claro.

O ese almíbar de dioses, la grasilla
resbalando en la punta de mis labios.
Y el rojo pimentón, el pintalabios,
¡qué placer al comer, qué maravilla!

¿Y el chorizo? Ese ser estrafalario
que conoce a la perfección su oficio,
mas si el tocino falta me desquicio,
sería sin campana un campanario.

Admito que el comer resulta un vicio,
que una mesa y mantel son su escenario
y aunque hay más ingredientes, culinario,
si hay granitos de arroz, yo pierdo el juicio.

No puedo esperar más, venga el servicio,
que si es que de algo yo he morir prometo
que una gran cucharada yo me meto
antes de ya lanzarme al precipicio.

Con su ajito han de estar algo picante,
y a mi gusto también algo caldosas,
Amebas que en mi mar bailais mimosas,
¡que olor y qué emoción, vengan p’alante!
©donaciano bueno

Existen en la vida placeres dignos de aparecer en el ranking del hedonismo, como un buen plazo de lentejas.

POETA SUGERIDO: Ada Salas

Ada Salas

BOSQUE

Estos
pájaros
-ahora, sí, tan nítidos-
que oigo -su canto: esa luz-
convierten
la ciudad
en el centro de un bosque.
Apenas dicen nada
de la muerte
dicen:
yo soy
la primavera.
Estoy de nuevo aquí.
Me acerco a tu ventana luego
dicen:
también
entre el horror
más pura
la belleza.

A qué región me llegaré a buscarte

ahora que reposas a mi lado
en forma de deseo
hombre
cuya belleza apenas
conocía. Cada día me ciñe
su cilicio de ausencia.
Me has herido de vida desde toda
tu muerte

y no hay sueño bastante a tu vacío.

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.

Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.

La casa que abrigó tu corazón

será una ruina. Furtivos
en la noche
la habéis abandonado.
Oscura en el jardín la tierra removida.
Quise
decir traición

y dije llanto.

Te has ido como el sol.

Una boca de tierra
te había comulgado. Luego sólo la llama enmudecida.

No hay nadie

ya lo ves
no hay nada
y sin embargo
esto no es el silencio.

Y para qué esta herida

esta abertura umbilical
por donde entra y sale
la claridad del mundo

si no me quedan nombres
ya

de tanta transparencia.

No duerme el animal que busca

su alimento. Huele
y está tan lejos todavia
el aire de su presa.
Y vagara en la noche.
Con la sola certeza de su hambre.
Ciego

porque una vez ya supo

de ese breve temblor
bajo su zarpa.

Tiene la tarde un gesto de caballo

sorprendido en carrera. La estacion
se descalza y ofrece
tulipanes abiertos
rojas resurrecciones efimeras.

Deber ser esto el tiempo:
el azar o la huida.

Ya no será la paz.

Han besado
mis ojos

tu terrible desnudo.

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