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»El Poeta sugerido: Pelayo Fueyo

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le espetaba un escocés
a un estudiante francés
sin enterarse de nada.
A su lado un alemán
en su lengua original,
ajeno a ese carajal,
le cantaba una balada.

Qué estúpido, se decía,
con gracejo un italiano,
lo sencillo que sería
si hablásemos en cristiano.
Otro, a su vez, repetía,
haciendo un brindis al sol,
pues hablando en español
“to” el mundo lo entendería.

¿Dónde nacen las manías
de poner puertas al campo?
¡Pare el tren que yo me bajo,
basta ya de letanías!.
¿Qué simple resultaría
si todo el mundo al hablar
el mismo idioma usaría
como lengua natural?

Si no ponemos remedio,
con tantos idiomas que hay,
se organiza un guirigay
que alborota el gallinero.
Para mi en esta contienda
sólo tengo un interés,
que lo que digo se entienda
y no se entienda al revés.

Que además se me comprenda
desde aquí a Sebastopol,
y, si es posible, esta jerga
sea siempre el español.
©donaciano bueno

Yo sostengo que la existencias de tantos idiomas, convierte a estos susodichos llamados medios de comunicación en lo contrario, en herramientas de INCOMUNICACIÓN. Y que lo ideal es que, salvo uno, el que se adoptara como universal, que debiera estudiarse en todas las escuelas del planeta, el resto quedaran únicamente como riqueza cultural local o regional.

Esta poesía tiene destinatario, mi buen amigo Juan Francisco Ortiz, excelente discutidor, que sostiene, en contra de mi opinión, que los múltiples idiomas existentes en el mundo son una enorme riqueza cultural que facilita la comunicación a las personas. Con la esperanza de que poco a poco pueda irle convenciendo de lo contrario.Ver más

Estimado don Juanfran
cisco, heredero de un inca,
presumir de los ancestros,
los antepasados nuestros,
es orgullo baladí,
pues tu y yo estamos aquí
porque un hombre, un tal Adam
en el paraíso terrenal
a doña Eva se la hinca.

No precisaron hablar,
ni falta que les hacía,
siguiendo la sintonía
del lenguaje natural.

Como me explico fatal,
quiero adelantar que el tal
como relata la biblia,
no tuvo que seducirla,
pues no tenía rival,
suerte que el bribón tenía.

POETA SUGERIDO: Pelayo Fueyo

Pelayo Fueyo

EL NIÑO EN EL ESPEJO

Dura ha de ser la vida hasta el instante
en que veles tu memoria en este espejo:
tus labios fríos no tendrán ya refugio
y en tus manos vacías abrazarás la muerte.
J. L. Panero

I
¿A qué hora, en cuál de estos espejos,
recuperar la imagen de aquel niño?
No la imagen del niño que se peina
para ir a la escuela, sino el otro
que restriega los párpados y esparce
los restos de otras caras contra un número.
Mi corazón da pistas. Pero el vidrio,
¿me sabría orientar con vibraciones
dirigidas al cuarto en que despierta?
¡O el niño, abandonados los reflejos
deformes de su fiebre soñadora,
espera, de esta forma, que le nombre?

II
Detrás de este silencio, otro silencio.
Pero, ¿dónde detrás de «otro silencio»?

—«Y este gesto se graba?
¿De qué modo
mi derecha está ahora en esa izquierda?»

(Y seguirán fluyendo las palabras
por la boca de un niño delirante,
o, tal vez, esta voz, y luego el diálogo
de los dos con la araña de costumbre:
el reloj que nos resta y que nos suma
hasta dar con la cifra del acuerdo.)

III
Te buscas en los charcos
de una ciudad llovida en el recuerdo.
Te miras, y no crees
ni en el reflejo de tu cuerpo seco,
ni en la ausencia del rostro de aquel niño.
Aguardas a que llueva
sobre estas mismas aguas estancadas
para que tu mirada
se superponga al rostro que fue tuyo;
para que tus anhelos
emerjan con la forma de otro tiempo,
y, así, saber mañana
qué quedará de aquello que has perdido.

IV
Estáis muertos/ …Os digo, pues,
que la vida está en el espejo,
y que vosotros sois el original, la muerte.
C. Vallejo

Aquí se mira un muerto,
aquí se busca un niño,
y ese niño eres tú.

Pero, no, es mentira:
el alcanfor preserva su recuerdo
de tus zarpas ansiosas, y no hay llave
que desvele un semblante que fue tuyo,
porque nunca hubo máscara.
Tú mismo
te has vestido de tiempo contra ti.

Querrás ver tu ataúd en el armario
donde buscas tus huellas;
sólo es
un baúl invertido.
No existe otra mortaja a tu medida
que la de ese propósito;
tus trajes
no podrán ocultar tanto desnudo.
Volverás al espejo en el que antaño
se reflejó el que fuiste; sólo eso
—tu imagen inmediata y la certeza
de que un niño la tuvo en otro tiempo—
te hará cómplice suyo de la vida.

Recitarás, entonces, esta estrofa
para acabar con todas las doctrinas:

«Yo soy ajeno a mi conocimiento,
soy esa carne cruda que se exhibe
ante su propia historia,
soy el original, la muerte.»

II
I
En trocitos de vidrios recibíamos luz para
los juegos.
Burlábamos, primero, la dirección del sol, luego
los rostros
de los ensimismados transeúntes,
buscando el desconcierto.
¿El sol, el hombre?
Pero fuimos nosotros los que, al final, burlamos
nuestros cuerpos
cuando al sol expusimos el deseo dormido
hacia otros cuerpos.

II
Yo que sentí el horror de los espejos.
J. L. Borges

Del tedio por los ritos más banales,
los espejos oblicuos
nos iban rescatando con un vértigo
hacia otra realidad insospechada.
Una risa nerviosa
negaba la patente del invento
a los que nos creíamos calzados
por las pequeñas cosas;
y, a la puerta
del mágico comercio, parecían
más débiles las voces de las madres,
más ágiles los pasos sobre un suelo
que ya no se movía,
mas los ojos
miraban a las cosas con el miedo
del que se gusta ajeno mas sospecha
que puede ver su imagen deformada.

LA DAMA EN EL ESPEJO

Sueño y me pierdo, doble de ser yo y esa mujer.
F. Pessoa

Quiero llegar a ti desde ti misma,
mirándote desde tus ojos,
besándote con esa boca que me besa.
No puede ser que seamos dos, no puede ser
que seamos
dos.
J. Cortázar

I
El vaho de mi aliento en el espejo:
dibujo un corazón.
Sobre su centro
mi índice descubre lo que de ti no espero:
un transito a mi imagen.
Sin embargo,
el vano de la calle no palpita
con el tono intermedio del reflejo.
Dibujo un corazón.
Sobre su centro
el índice descubre que te has ido.

II
Violaré el territorio de la rosa
que has olido, la rosa
que refleja tu ausencia en el espejo.
Jamás podrás ser mía; con mi dedo
dibujaré la flor de tu silueta
y dejaré mis huellas en el vidrio.
Así, ya sin tu cuerpo,
tu reflejo y tu ausencia en esa rosa,
grabaré mi deseo.
Mas, quién sabe
si volverás aquí para ignorarme,
desdeñando el reflejo y mi grabado
al saber que no espero ya tu cuerpo;
o si, en cambio, querrás tocar la rosa
y añadir ese tacto a mi silueta
cuando la flor no tenga ya sentido,
cuando seas ausencia de ti misma,
y tu presencia estorbe a mi deseo.

II
Recuerdo ayer la imagen de una mujer hermosa
—y yo, frente al cristal, su punto débil…—
y hoy la imagen de un hombre que la quería.
Grito:
no se ha hecho pedazos. Me ha dejado,
por mucho que mis ojos la proyecten.
Ni en el engaño cruje el vidrio.
Creo
que nos hemos amado en otro ámbito
y no nos conocemos en persona.

III
Por fin, los dos materia de un espejo.
Pero…

—«Tú, ¿adónde miras?
¿Hacia ti, hacia mí?
¿Podremos vernos?»

Quizás nuestros latidos se reflejen
donde nosotros dos somos un cruce
y estamos enmarcados en el aire.

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