ANTE EL ESPEJO

Poeta sugerido: Ricardo Gómez López

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Un día me juré que nunca juraría,
mi imagen increpé mirándome al espejo
mas no reconocí pues se apreciaba un viejo,
el mismo que de frente y cara se veía.

Y allí un golpe pegué de forma incontinente
y al gesto replico de nuevo aquel pendejo,
no le quise mirar pidiéndole un consejo
¡a ver quién es usted! quiero que se presente.

Quiero me haga el honor, le exijo sus respetos,
a qué viene ese horror, a qué el recibimiento,
sepa que en el saludo es norma el cumplimiento
y a nadie admito se escude en parapetos.

Permita que le diga a usted, acto reflejo,
que es un mero cristal con un barniz de azoque,
y aquí ante su cara que yo me desahogue,
por más que ha de intentar, yo nunca me acomplejo.
©donaciano bueno

El espejo es el reflejo que a cierta edad no quisiéramos ver.

POETA SUGERIDO: Ricardo Gómez López

Ricardo Gómez López

Lucy

Lucy es la hermana mayor.
Se fue a Buenos Aires y allá se quedó. En sueños
jugamos a que yo la visito
o que ella despacito por los Andes
para no despertar la nieve.
La Pampa es grande
y la cruzo dentro de una carta
allí me apersono
le cuento que mamá es ‘más’ abuela
(ella más tía en consecuencia)
que el Metro cruza en cruz el centro
y nadie se persigna
que los valses pa las cármenes
ni las cuecas del dieciocho
son lo mismo.

En este domingo de nostalgia
trato de escribirle líneas alentadoras
pero la alegría no resulta.

Tomo la guitarra y compongo una canción
en DOlor Mayor sostenido
y paseo nuestras risas por la infancia.
No es que esté solo
sólo que me siento
incompleto.
(perdona mi caligrafía ardorosa
al parecer el lápiz tiene fuego)

Escribe pronto y no vayas
a decir que tienes canas verdes
Manda un beso con el sol
dime que la lluvia no hace charcos en tu rostro
dime que volveremos a cantar y reír juntos
dime
por favor
que todavía y más
somos hermanos.

De este mundo

Soñé
que yo era un ave de otro planeta

Desperté pajareando
con las alas entumecidas
y con una veintena de bípedos
curiosos          mirándome
(abajo la Capital de ojos brumosos)
tras los barrotes del zoológico.
(Incluido en el CD Poemas de Ida y Regreso,
Dúo Urbe-Provincia, Leutún, 2002).

En el palomar

Dos palomas observan vitrinas
          En el paseo peatonal
Se escandalizan de los maniquíes
Aprietan sus carteras          añosas
          Se miran
          Suspiran
Y se dirigen al Banco del Estado de Chile
A cobrar la jubilación.
(Incluido en el CD Poemas de Ida y Regreso,
Dúo Urbe-Provincia, Leutún, 2002).

Cerca de la sima de Babel

En calle Bandera
—entre la Compañía de Jesús y Huérfanos—
          La urbe se agita
Mientras la multitud extravía inspiraciones
una hoja blanca se balancea eléctrica
aferrada a un cable telefónico
Con la estampida de las 12 p.m.
se precipita pálida
bajo las suelas rápidas del transeúnte

A eso del ocaso
detrás de un kiosco yace la hoja
          a t e r r a d a
Su faz luce una mancha pop:
helado de frutillas
que escurre sobre el dibujo naif
de una familia tomada de la mano
Un bubble gum          lacre su pecho
el escupitajo          a sus pies
a-firma la civilidad cotidiana

Desde entonces
          las vagabundas hojas sueñan
          en campos          virginales
ducharse desnudas bajo la luna
ausentes del shock capitalino
y de todos los edificios cómplices
          que noche a noche
          bostezan
con sus melenas de neón.

SERIAMENTE

Algo grato se extravió del rostro humanitario:
aquel rictus cosquilleante que subía desde adentro
y anidaba luz
más allá de la mueca injusta de estos tiempos.
Tal vez se fue esfumando entre años de locura
y proyectiles del terror, que acribillaron sueños
condenándolos a flotar río abajo…
Por allí comenzó este misterio, esta seria insolencia
que fue destripando alegrías
y dejando el bolsillo de la esperanza vacío de mañanas.

Ya nada es lo mismo:
lo cotidiano: un oscuro pasadizo en trámite hacia ninguna parte.
(Todo transeúnte lleva máscara para ocultar propios extravíos).

Pero más allá de incontables desgracias hay risas,
sí que las hay:
grotescas, faranduleras, de los que día a día, peso a peso
y con soberana indolencia
se hacen millonarios de sonrisas
robándonos
las nuestras.

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