CAERSE SI, PERO NO DE UN GUINDO

Elvira Hernández (poeta sugerido)

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Caerse alguna vez. Tres, cuatro, cinco.
Caerse y por supuesto levantarse,
mirando hacia el culpable y revelarse
y hacer como si no, pegando un brinco.

Caerse, yo mil veces me he caído,
y creo nunca ya me espabilado,
andando como lo hago con cuidado
y alguna vez incluso me he perdido.

Caerse viendo que alguien se ha reído,
buscando que la tierra me tragara,
creyendo que una flecha se dispara,
culpando al empedrado por qué ha sido.

Alguna vez andando a trompicones,
borracho, yo he perdido la mesura,
sufriendo algunos puntos de sutura.
Distinto es lo de darse de morrones.

Mas nunca ante la duda yo me rindo,
tampoco yo he seguido ningún credo,
ni, deben de saber, me chupo el dedo
y nunca me he caído de algún guindo.
©donaciano bueno

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Los guindos o guindales tienen las ramas muy endebles de forma que agarrarse a ellas para coger las guindas asegura una caída. Se utiliza habitualmente la expresión ‘caerse de un guindo’ (o sus formas ‘se ha caído de un guindo’, ‘caer del guindo’…) para referirse a la ignorancia y/o credulidad que, inocentemente, muestra alguien sobre un asunto.

¿Conoces a Elvira Hernández? Lee/escucha algunos de sus poemas

Elvira Hernández

NO TODO LO QUE VUELA

No todo lo que vuela
es pájaro.
A veces lo que piensas
alcanza una pequeña altura.

ESTOY SACANDO ALAS

Estoy sacando alas
que no es lo mismo que
estar criando patas.

Algo más que una sutileza.

Espero algún día
por el sueño de Ícaro.
En otra dirección
un vuelo nocturno.

RELÁMPAGO ALADO

Algo cruza
algo pasa por mi cabeza
algo está en algún lado

de aquello no queda nada
ni aire vibrando en el aire.

EN LOS BAJÍOS
(Valdivia, abril)

En un pie
la garza
sostiene la tarde.

EN UNA GOTA DE AGUA

En una gota de agua
los pájaros se sacian
se refrescan
se miran.

Debemos transformarnos
se dicen.
Alguna vez fuimos dinosaurios.

el lapsus que es el tiempo sin medida
Teófilo Cid

¿Por qué no entregas el cuerpo para el puchero?
¿La paletilla para el santiamén de la lengua?
¿No sabes del hambre y su ensoñación superlativa?
¿A dónde vas con tanta tibieza aprisionada?
¿Por qué dejas abierta la puerta de entrada y cierras la salida?
¿Y diseminas palabras sucias que son verdaderas joyas?
¿Y te quitas el brazo y lo cuelgas a 10 cms. del juicio?
Dime ¿dónde está la Plaza de los Estambres en esta sociedad?

¿Dónde vi ese rostro?
ese entramado espectacular de cejas alcohólicas
esas venas desaguando en la yugular como represas
ese gesto de ave con plumas de siquiátrico
díganme mandíbulas oxidadas de mi memoria
cual erupción nos arrojó juntos al lado izquierdo
dónde estuvimos cara a cara o regateando
dónde ese gran fragor de huesos bloqueados por muslos
en qué país chupando de mi labio leporino
cercanos a qué homicidio nos miramos con los ojos cerrados
al tiempo que el olvido blandía su cimitarra
y por los suelos rodaban las hidras del temor o el placer.

Por un rato me quedé en la Cantina Incolora
Vacié mis carteras en el mostrador
Los manojos de llaves no me hablaban del Cielo
Y el espejo taciturno me puso a penas
junto a un microcanthus strigatus
En todos los rincones se escondían dientes con coronas
Devotos de San Cristóbal y micreros bellas personas
Por mi cuerpo arteriado subía un tropel de algodones
Por la vena porta el estribillo de la tarde
Calada con una visera de reina normanda
Mi cabeza daba vueltas hasta detenerse en el número 32
Allí la Desgracia se había fugado con el Lavautos.

El amanecer anuncia el arribo a Quotidianía
pero yo vuelvo al aire
Un pequeño remezón da cuenta que tocamos tierra
pero yo vuelvo al aire
El capitán ordena próximo desembarco
y me evado en bolsones de aire
Los altavoces llaman a los rezagados por ultima vez
-entonces me desvisto-
no entrego mi cuota a Quotidianía
vuelvo al punto de partida – el aire-
y me deshago.

EN LA RAÍZ DE TODO ESTÁ MI MADRE

En la raíz de todo está mi madre
como un manto de tejido bajo tierra
un sombrío huerto de hierbajos tósigos
un vuelo de mariposillas terrosas.

Los años han contribuido a su alacrán
círculos que ciñen mis días
a sus caricias púas y cruces
rastrillándome el cerebro.

Es tierra que espera por mí
tras haberme soltado la jauría
de células que me prohíjan.

Tantas noches que quise cortar mi cuello
aserruchar mis cervicales
descuartizar mis imágenes
pero a cambio me contenté
con restregar plumas
llorar tinta y otros mendrugos
y seguir ese dictado –una vez más–
meticuloso de las venas.

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