COPIAR NO ES PERMITIDO

José Ángel Valente (poeta sugerido)

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Escribir cada día es un suplicio,
escribir cada día es placentero,
la forma de sacarte a ti de quicio,
dejando a tu relajo sin resquicio,
igual que un pordiosero.

¿Escribir para quién?, para ti mismo,
haciendo dejación de otros placeres,
lanzando tu esperanza hacia el abismo
consciente que lo tuyo es ateísmo,
no tienes tal poderes.

Mejor copiar. ¡Copiar no es permitido!
¡Copiar es actuar cual sanguijuela!
Robándole al que mucho habrá leído
su esfuerzo para luego haber reído
clavándole la espuela.

¿Plagiar?, delito, es falso, es un engaño.
Quien plagia es que no tiene sentimientos,
no encuentra en dios perdón, es un apaño,
que a aquel al que es honesto le hace daño,
sin su consentimiento.
©donaciano bueno

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José Ángel Valente

El crimen

Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho. Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.

Estoy aquí
tendido
y pesa vertical
el frío.

La noticia se divulga
con relativo sigilo.

El doctor estuvo brillante, pero
el interrogatorio ha sido
confuso. El hecho
carece de testigos.
(Llamada de portera,
dijo
que el muerto no tenía
antecedentes políticos.
Es una obsesión que la persigue
desde la muerte del marido.)

Por mi parte no tengo
nada que declarar.
Se busca al asesino;
sin embargo,
tal vez no hay asesino,
aunque se enrede así el final de la trama.

Sencillamente yazgo
aquí, con un cuchillo…
Oscila, pendular y
solemne, el frío.
No hay pruebas contra nadie. Nadie
ha consumado mi homicidio.

El temblor

La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.

Materia

Convertir la palabra en la materia
donde lo que quisiéramos decir no pueda
penetrar más allá
de lo que la materia nos diría
si a ella, como un vientre,
delicado aplicásemos,
desnudo, blanco vientre,
delicado el oído para oír
el mar, el indistinto
rumor del mar, que más allá de ti,
el no nombrado amor, te engendra siempre.

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