¿CORRUPTO YO?/

Ramón Gaya (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo aquí me confieso potencialmente corrupto,
todos los somos, la diferencia está en el precio,
y usted, y usted y también aquel que tanto aprecio
en el monto de la tentación reside el gusto.

¿Corrupto yo? ¡vamos ya! que lanzo un exabrupto
que haga temblar hasta los pilares del más recio.
¡Difamador y necio, malaje y más que necio,
ni lo intenten, yo no cruzaré tal acueducto!

¿Ha dicho mil? No entiendo ¿ese es el justiprecio?
¡Pues vaya la consideración que usted me tiene!
Vea señor, corromperme a mi no me conviene.

¿Un millón? ¡virgen santa¡ yo nunca lo desprecio.
Aunque sé que mi reputación no se sostiene,
¡que venga a mi, eso sí, ignoro de donde viene!
©donaciano bueno

La corrupción es consustancial al ser humano. Solo se la puede combatir con la educación y el control y castigo. El problema es que los responsables de poner en marcha estas medidas, los partidos políticos, son en si mismo los primeros corruptos. Es como poner a la zorra a cuidar de las gallinas.

POETA SUGERIDO: Ramón Gaya

Ramón Gaya

Al sufrimiento

De tanto serme estrecha compañía
he llegado a sentirte ya tan mío
que peor que tú mismo es el vacío
que me queda sin ti. Yo te querría

apretado a mi pecho todo el día
por no quedarme a solas con el frío
de ese lago parado y tan sombrío
que es vivir en la nada. Sufriría

más aún, ya lo sé, pero un consuelo
en el propio sufrir quizá nos nace
como una leve flor allá en la arena.

déjame sin embargo que te abrace,
que todo cuanto he sido está en mi pena.

A mis amigos

Como si hubierais muerto y os hablara
desde un ser que no fuese apenas mío;
como si sólo fuerais el vacío
de mi propia memoria, y os llorara

con una extraña pena que oscilara
entre un cálido amor y un gran desvío;
como si todo fuera ya ese frío
que deja un libro hermoso que cerrara

sus páginas sin voz; como si hablaros
no fuese como hablar, sino el tormento
de ver que hasta sin mí mi sangre gira.

Sólo puedo engañarme y engañaros,
hacer como que estáis, como que os siento,
cuando el mismo miraros ya es mentira.

Aquí está, con nosotros

Aquí está, con nosotros,
apretándonos fuerte
como un lago, el ahora,
el momento presente.

Es igual que una estatua,
nos anega en presencia,
nos impone verdades,
nos envuelve en su piedra.

Aquí está, pulso a pulso,
este ahora tan firme,
casi fijo, durando
más que el ser que lo vive.

Aquí está; nada somos
en sus manos de hierro.
Mientras dure el presente
todo es vida, no es nuestro.

Vuelto hacia sí

A Cristóbal Hall

Era todo ignorancia
luminosa, y había
como un huerto confuso
derramado en la vida.

Cada cosa era un friso
que adelanta los brazos
entreabiertos, carnosos,
y se vuelve a su mármol.

Todo estaba tan cerca
de expresarse, que el suelo
era igual que una historia,
y el estío era un templo.

Pero no, no eran seres
como símbolos pobres,
eran cosas colmadas
de sí mismas, sin nombre.

Y de pronto, aquí están:
son los hechos totales,
los relieves, los actos,
son, por fin, las verdades.

Ya no estamos nosotros;
el vivir es quien gana,
quien consuela a pedazos,
quien se hunde y se alza.

Comprendemos entonces
que la dicha y la pena
sólo son realidades,
una misma materia.

Conocer una cosa
es igual que alejarnos,
es perderla del todo,
destruirla en las manos.

Y de pronto, se sabe
que hay ventanas adentro,
que hay un brote, un origen
acallado en el pecho.

Vuelve a ser ignorancia,
vuelve a ser como un huerto.

El Tévere a su paso por Roma

El Tévere se extiende como el brazo
de una madre cansada y perezosa;
sus aguas son de carne entreverdosa
y es blando el ademán, antiguo el trazo

de esa línea curvada de su abrazo;
no es un río presente, es una fosa,
es una tumba viva y temblorosa
que va hundiéndolo todo en su regazo;

y el pescador inmóvil, silencioso,
el froccio casi lírico, la rata
repentina, las putas ambulantes,

un pájaro saltando, un cane ocioso,
un lujo de basuras -vidrio, lata-,
le bordan dos orillas delirantes.

Velázquez

Mucho ha sido borrado por su mano:
lo ideal, lo perfecto, la belleza;
la misma fealdad, con su tristeza,
se ha disuelto en el aire soberano.

Un lujo de pintura -veneciano-
ha querido perderse en la justeza.
Topamos con lo externo y la pobreza
de la vil superficie, el rostro vano,

la fachada de todo, lo aparente.
¿Sólo ha sido copiada y respetada
la sorda piel del mundo aquí presente?

Parece que estuviera -bien pintada-
la simple realidad indiferente;
pero el Alma está dentro, agazapada.

De pintor a pintor

El atardecer es la hora de la Pintura.

Tiziano

Pintar no es ordenar, ir disponiendo,
sobre una superficie, un juego vano,
colocar unas sombras sobre un plano,
empeñarte en tapar, en ir cubriendo;

pintar es tantear -atardeciendo-
la orilla de un abismo con tu mano,
temeroso adentrarte en lo lejano,
temerario tocar lo que vas viendo.

Pintar es asomarte a un precipicio,
entrar en una cueva, hablarle a un pozo
y que el agua responda desde abajo.

Pintura no es hacer, es sacrificio,
es quitar, desnudar; y trozo a trozo,
el alma irá acudiendo sin trabajo.

el crepúsculo de Michelangelo

I
Arriba Parece que llegaras, desasido
del cuerpo de la piedra, a doblegarte,
a pasar de este lado, a formar parte
de este mármol de acá, más dolorido,

que es la carne del hombre, y convertido
ya en un ser como todos, recostarte
-rota ya la materia, roto el arte-
en tu propio desnudo atardecido.

Parece que vinieras, liberado
de lo eterno, a mezclarte con los otros,
a caer en la vida y disolverte.

Al borde de un abismo te has quedado:
ya no puedes bajar hasta nosotros,
ni a tu centro de piedra devolverte.

y II
Te quedas en lo alto, suspendido
-como un duro celaje ensimismado-
y parece que así, más sosegado,
ya no quieras bajar, que arrepentido

de ser vida o ser mármol sin sentido,
quieras ser ese enigma apretujado,
ese nudo, ese nudo entrelazado
de piedra y animal; así tendido

en la tímida curva de un declive
-como un cielo parado y consistente-
se diría que callas, perezoso.

Eres algo que vive y que no vive.
Ni eterno ni mortal: eres presente
sucesivo, ya quieto, aún tembloroso.

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