CUANDO PASEN LOS AÑOS/

Fanny Rubio (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Cuando pasen los años casi todos
habrán un libro escrito
contando sus historias, sus andanzas,
sus retos, sus vivencias y sus chanzas.
Y habrán más escritores que beodos
y algún que otro proscrito.

Que los niños a mansalva escribirán
desde la misma cuna
sin importar lo que dicen si es verdad.
¿La ortografía? yacido habrá ya en paz.
Mientras que ellos, tranquilos dormirán,
sin vergüenza ninguna.

Son esos libros que nadie leerá.
a costa del bolsillo,
con objeto de saciar la vanidad,
y a amiguetes demostrar que se es capaz
e imaginando que alguno exclamará
que tú eres un listillo.

Repletas estarán las librerías
de libros sucios, muertos,
¡eso escribió tu tío, ese tu abuelo!,
cada loco, sus dudas y su duelo,
sus mentiras, verdades, tonterías,
su error y sus aciertos.

Me fastidia escribir donde la gente
te presta sus estrellas
sin leerte, pidiéndote insistente
y como tú, sabiéndose indigente
que seas con su poema complaciente,
diciendo cosas bellas.

Todos, y ¡qué digo, yo más que otros!,
reos de aprobación,
precisamos subirnos en un globo
y encararnos al cielo con arrobo
a lomo cabalgando esbeltos potros,
salirnos del montón.
©donaciano bueno.

POETA SUGERIDO: Fanny Rubio

Fanny Rubio

PERVERSIDAD INDEFINIDA

Por este bello frasco hoy soy capaz de
terminar tu historia. Míralo entroniza
do: sólo una de sus gotas marca el lí-
mite de tu perímetro sobre la sábana
e inspira el adjetivo justo del antiguo
deseo.

Debo reconocer que en otro tiempo sentí
hospitalidad donde hubo aroma. Pensé yo
que adoraba el gesto hidalgo, la soterra
da tecla, el paseo ilustre sobre un fla-
mante coche de alquiler y la llegada
de tu bondad legisladora (doble llave)
cual si viniera de celebrar sus Cortes
de Toledo. Mas no fue el hombre sino

su bálsamo lo que acotó la seductora
geografía. No fue la voz acariciante,
las ínsulas soñadas, el último dietéti-
co capricho -tu zona de poder- en mi
despensa lo que inundó de luz la tarde
pudorosa

sino el viento que ataba la prolongación
tenue de mi desasosiego. Ay, portero
de noche, dulce mío, te debo confesar
que fue la huella del perfume que se
extendió en tu cuerpo lo que yo amé

y él sólo fue partícipe y testigo de
la hermosa mentira.

Un mundo que ganar

Emulsión regeneradora, lucimiento Marga-
ret Astor. Ni una sola espinilla sobre la
pierna tersa, suave, vispereada con pura
cera virgen. El muslo perfumado con co-
lonia infantil (colonia para todos) la
única demagógicamente soportable. Super-
ficial contacto de leche limpiadora, ma-
quillaje mínimo, simple tono, suéter y pantalón vaquero.

Movimiento rítmico salvador de los sába-
dos noche paz vuelo de matrimonios de la
década: estudiar los rincones de la ca-
sa, combinar el realismo social de los se-
senta con el pop, ajustar el espacio entre
los Saura, Guinovart, con un póster de
Antonio Machado, no es comparable a la co-
modidad de estar charlando (soñando) pro-
yectando en el histórico reducto solida-
rio al sabor de los quesos, la disten-
sión del vino, el apoyo moral:

-Lo hacéis muy bien. En casa lo mismo. No
hay un solo cierre. El cuerpo desnudo de
los dos lo aceptan con naturalidad. Iván
compara ya su pito con el del padre
.

Médicos, arquitectos, abogados, profeso-
res con asistenta y R5, votantes de iz-
quierda, dicen al sol: cerrad la puerta rom-
pieron los cristales y nos llevaron el
cassette, son drogadictos que van prime-
ro a la farmacia
.

De profesiones liberales: primero van a la
farmacia, luego se encierran, no escucháis
la música los jóvenes
. Al sol moderna-
mente aparcando sus R5 hacen la compra,
cambian los pañales de sus bebés, no son
enemigos de la fregona, se tutean en los
ascensores, eficaces: ¿Sois de la asocia-
ción?
 Están al día del anticonceptivo que
ellas toman: ejecutivos de los años ochen-
ta al sol de la urbanización.

Venus dormida (I)

Aunque pinceles amarillos
rodaron ya en la tierra sobre las bóvedas caídas,
mi pie protesta entre las sábanas.

No hay carros llameantes tras el desfile de carrozas
al sol de mediodía
sino un corcel empecinado y verde
que dispersa, cual viento, plumas de ave degollada

y el río del revés
que fue pleamar de toses
me coloca sus algas de peluca.

Luego, con las orillas despuentadas,
lograron recostarme
como una ausencia ecuestre que al fondo se buscase.

Todo el no ser echado sobre este omóplato bendito.

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