DE UNA CARTA A LOS PLANETAS/

Luis Cremades (poeta sugerido)

EL POEMA Leer otros poemas surrealistas

 

Escribo hoy esta carta a los planetas,
allí donde se encuentren por si llega,
si alguno se la encuentra se le ruega
habrá de hacer pasar a otros atletas
o bien a otro colega.

Vigilen que éste sea de confianza,
no sea trapacero, un tarambana,
pues puede retrasarla una semana,
que el tiempo apremia tanto y la tardanza
se sabe que es humana.

Y pues desconocemos donde habitan,
-que apenas ni su nombre conocemos-,
habremos de pensar cuando lleguemos
sabiendo los planetas que levitan,
cómo se la daremos.

Mas sé que la galaxia está muy lejos,
que yo a decir verdad nunca la he visto,
perdonen que a lograrlo no resisto,
me muero por librarme de complejos
que sepan que yo existo.
©donaciano bueno

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Luis Cremades

UN MURO DESNUDO

Mi celda fue un palacio imaginario
con inútiles muebles inventados
que llenaban el aire de ansiedad.

Arranqué las figuras y los óleos
mientras proyecta el sueño
buenaventura en las paredes.

Frente al muro desnudo ya no hay nada,
sólo uno como yo que se desnuda
y dice ??No vas a creerlo? (canto)
??después de tanto buscar?? (por lo bajo).

No hay perfección ni rabia, es una especie
distinta de amor ?guarda el calor
de un día que recuerdo y no existió.

Con las manos dibujo en la pared
sonido de olas en otro idioma
?oriental y occidental? para ver
del lado azul del cielo el territorio
de un animal oscuro en libertad.

UNA FORMA DE POESÍA

Esperándote, busco refugio en ti.

Sabes, al menos tú,
que existen diferentes
lenguajes, que es difícil
traducir la vida
que fluye en ellos.

¿De qué hablan? De la risa
y de la muerte: cara y cruz.

Sobre todo hablan de nosotros,
sin parar, sin saberlo,
de los vínculos que hemos creado
y que nos unen, nos separan
cuando forcejeamos
si se hace necesario liberarnos.

Nos sentimos a veces
esclavos de nosotros, peleamos
para zafarnos de ataduras.
Una forma de poesía:
quisiéramos ser aire transparente.

Parecer, como el aire, invencibles.
El aire que levanta los aviones,
encrespa el mar, empuja barcos;
aire donde se eleva el humo.
El recuerdo de nuestros padres
es un aire gastado que respira,
que nos sostiene y nos retiene.
Estamos forcejeando, olvidándonos;
del esfuerzo se nos sale un gemido,
palabras de un lenguaje que ignoramos.

Desvanecernos como el aire,
como una emoción, cualquier emoción
que tiende a desaparecer.
El aire que llevamos,
el aliento que somos
fluye entre los pulmones
como un abismo, como
un emblema: divisa de un ser dividido.
Perdemos el aliento
en un gemido hondo
que no entendemos: nombre
de una necesidad desconocida.

PASEO NOCTURNO

Estás en la cama conmigo
después de una noche completa
que sin pensarla hemos pasado
y sin haber visto completo
tu cuerpo como un río de mercurio
?oscuro como un tambor viejo,
tu cuerpo de tambor vibrante
y al tacto suave como un viejo.

De noche dos tambores tienden
un puente donde cruzan
los borrachos al otro lado:
el pobre y el ingenuo
y el poeta analfabeto,
y mujeres cantando como pájaros
a orillas del océano.

(El instinto del pez remonta el río
hasta la cumbre y cumple su destino.)

Del lado misterioso
del puente está la bruma
?pero el alma capta una geometría
condensada en figuras
y símbolos con aura.

Un laberinto que trae como recuerdo
una red de caminos y su doble sentido.
O un pequeño manual de gramática
de los conjuros, donde el sustantivo
se siente sin decirse, y menciona
lo adjetivo un color de tentaciones.

(Ten cuidado: diabólicos collares de cuentas
registran cada culpa inextinguible.)

No toques nada, guarda tu equilibrio:
nos hemos arriesgado
para sentir el cambio interno:
de hombre en mujer y de mujer en hombre.
Te sorprenderá un ritmo femenino
en la cintura cuando seas hombre.
Sentir mujer en cambio
sopla en el vientre y los costados,
y en la planta del sexo
donde esparce astillas sin quebrarse.
Al fin, sin dolor abre un túnel
donde circula un viento cálido.

Nombre

Éste es el tiempo de tu nombre.
No de buscar la pasión sino de dejarse
poseer por la existencia de un nombre
que designa un animal emocionante.
Tu nombre dicho dulcemente en la oscuridad.
Marca de carne y tiempo que se invoca
fuera del tiempo.
Contengo
las lágrimas para escuchar tu nombre
con todos sus olores.
Una vez confundimos esperanza
y porvenir, y fuimos sus esclavos.
Si hay camino al otro lado
del presente, allí descansamos.

Puerto de las Nieves

Al otro lado de la isla
el Puerto de las Nieves son tres calles
donde se pasan tardes de excursión y tapeo.
Un espigón en obras cierra
el nuevo puerto deportivo.
Del anterior hoy queda una pequeña
playa de cantos donde se divisa
el dedo de Dios: un roque junto al mar
que ha ido tallando el viento,
el mismo viento raso que dibuja
móviles sorprendentes sobre la superficie
del agua, arrebatándole collares de espuma;
logra una dirección y una cadencia.
“Son formas caprichosas
-pensé- azar del viento
sobre la piel del mar.”
Pero el viento dispone un centro liso,
un espejo de plata,
y alrededor, las ondas, remolinos, la espuma,
el proceso de cambio. “¿Por qué se mueve el mar?”
Tomé asiento -sintiendo el cuerpo
que sentaba y precisamente
por eso casi sin sentirlo.
Detrás de mí dos barcas varadas en la playa.
Olvidé la mirada en el espejo del agua,
en el centro de un círculo de plata
móvil, flexible, fugitivo:
una forma sin cuerpo, una conciencia.
En las vueltas de aquel mar me dejé
fluyendo con el agua
y las ondas que le hace el viento
-alrededor de un centro, un espejo plateado
y en ese estar que mira me olvidé.
Poco después, de vuelta al continente,
camino al aeropuerto, la autopista
nos lleva junto a un mar
más oscuro en esta hora en que amanece.
Es momento -a pesar del sueño- de despedirse.
Me acuerdo del trabajo, viajes al interior,
del calor de la gente que nos ha acogido.
Me acuerdo de una playa
en Puerto de las Nieves y del viento
que dibujaba el dedo de Dios y también formas
sin cuerpo sobre el agua. Me detengo
en el recuerdo cuando nubes
de un cielo encapotado se abren
filtrando un foco claro de la luz
que en el mar se refleja como espejo dorado.
La imagen del sol crea el centro de un mar oscuro,
en una coincidencia
de adentro con el orden del silencio.

Paraíso

No existe paraíso,
pero si hubiera uno
-como un sueño que no recuerdo,
un privado en el corazónsería la luz vieja
de cuando el mundo
fue una sombra de ángeles,
diablos, un hogar detenido.
En silencio tendría
tu nombre, solitario,
desposeído. Estar
contigo: fantasía
de un cielo que llevamos dentro.

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