EL DÍA EN EL QUE FRANCO RESUCITÓ

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Estaba él descansando dulcemente
ajeno a lo que ocurre,
lugar donde la gente ya se aburre
que allí se duerme en paz plácidamente
y el tiempo no transcurre.

En medio del silencio ignominioso
tirado a la bartola,
cual beodo amarrado a su farola,
tocándose la panza, perezoso,
sin nadie hacer la ola.

Pensando que a este mundo él era ajeno,
que ya le han olvidado,
-la historia forma parte del pasado
el odio y el rencor son el veneno
que al aire deja helado-,

sintió como del suelo levitaba
y él mismo se movía.
Se puso a meditar qué sucedía
si acaso algún malvado le atacaba
pues mal a nadie hacía.

Y en esto que se oyó de desbandadas
un ruido silencioso,
llegando a percibir algo borroso
a tipos que volviendo a las andadas
tildaban de mocoso.

De nuevo he de luchar contra gigantes,
que así que ya esté muerto
me jacto de que sigo muy despierto.
Persigo a malandrines y a tunantes
y en ello me divierto.

Perdóneme señor, es la mudanza,
apenas un par de horas,
oyó que alguien decía. No hay demoras.
Y culpe a los que mandan la tardanza,
lo hagamos a deshoras.
©donaciano bueno

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Comentario: Mirar hacia el pasado solo cuando sirve para mejorar aquello que se hizo mal, como método de aprendizaje. El resto no sirve de nada.
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