EL GORRILLA DEL BARRIO

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El gorrilla del barrio de Santa Engracia
va buscando la sombra en alguna acacia,
cuando el sol brilla
las lágrimas resbalan por su mejilla.

El pelo corto y negro, la piel morena
que para protegerse nunca usa crema,
y su sonrisa
pareciera avanzara siempre deprisa.

No domina el lenguaje del castellano
mas el idioma lleva siempre en la mano,
es atrevido
dando gracias al cielo de haber nacido.

Nadie sabe su nombre ni le hace falta
que el siempre está al acecho de la que salta.
Pepe le llaman
y así el acude siempre que le reclaman.

El gorrilla del barrio tiene salero
sabe torear toros y no es torero,
tiene soltura,
él dice a los vecinos que iba p’a cura.

Se muestra agradecido con las propinas
que dispone de ungüentos y medicinas.
Nadie conoce
alquien que haya tenido con él un roce.

Yo le saludo al verle todos los días
y él me va repartiendo sus alegrías.
Por la mañana
al salir yo le observo por mi ventana.

El gorrilla del barrio, aparcacoches
trabaja por el día, no por las noches.
Si te descuidas
te la mete doblada con sus salidas.

Que las noches dedica a sus menesteres
a dormir como es justo y a sus placeres.
Nadie conoce
donde vive, disfruta, donde le escoce.

El gorrilla del barrio es un bandido
que el sabe adivinar si alguien se ha ido,
y es evidente
que a las niñas las trata muy diferente.

El gorrilla del barrio de Santa Engracia
reparte su salero, su arte y su gracia.
©donaciano bueno

Un gorrilla, un franelero, o formalmente cuida-coches o aparca-coches callejero, es una persona que se dedica a vigilar los coches aparcados en determinadas calles de grandes ciudades a cambio de una propina.

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