EL MIRÓN

Salvador Díaz Mirón (poeta sugerido)

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Yo soy un ser curioso, alguien que mira
y observa el horizonte en su azotea,
que siempre en el paisaje se recrea
y ve que la veleta gira y gira,
y sigue a la corriente que delira,
todo ello disfrutando en su platea.

El mismo, el que al pasar abre los ojos
y viendo lo que ve, nunca se asombra,
se pierde en la maraña con su sombra
tratando de esquivar todos los piojos
de espinas del camino y los abrojos
fingiendo imaginar que es una alfombra.

Que ojea por debajo en la rendija
y allí donde la duda va y escarba,
fisgando por debajo de su barba
haciéndose pasar por sabandija
hurgando hasta en el culo la vasija
y bajo de los granos de una parva.
©donaciano bueno

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Salvador Díaz Mirón

  A BERTA

Ya que eres grata como el cariño
ya que eres bella como el querub,
ya que eres blanca como el armiño,
sé siempre ingenua, sé siempre tú.

El torpe engaño que el vicio fragua
nunca se aviene con la virtud.
Sé transparente como es el agua,
como es el aire, como es la luz.

Que tu palabra —dulce armonía
que tu alma exhala como un laúd,
como una alondra que anuncia el día
presa en la sombra que flota aún—

sea un arroyo sereno y puro
do al inclinarme como un saúz
mire las guijas del fondo oscuro
y las estrellas del cielo azul.

   A ELLA

Semejas esculpida en el más fino
hielo de cumbre sonrojado al beso
del sol, y tienes ánimo travieso,
y eres embriagadora como el vino.

Y mientes: no imitaste al peregrino
que cruza un monte de penoso acceso
y párase a escuchar con embeleso
un pájaro que canta en el camino.

Obrando tú como rapaz avieso,
correspondiste con la trampa al trino,
por ver mi pluma y torturarme preso.

No así el viandante que se vuelve a un pino
y párase a escuchar con embeleso
un pájaro que canta en el camino.

   A GLORIA

No intentes convencerme de torpeza 
con los delirios de tu mente loca: 
mi razón es al par luz y firmeza, 
firmeza y luz como el cristal de roca.

Semejante al nocturno peregrino, 
mi esperanza inmortal no mira el suelo; 
no viendo más que sombra en el camino, 
sólo contempla el esplendor del cielo.

Vanas son las imágenes que entraña 
tu espíritu infantil, santuario oscuro. 
Tu numen, como el oro en la montaña, 
es virginal y, por lo mismo, impuro.

A través de este vórtice que crispa, 
y ávido de brillar, vuelo o me arrastro, 
oruga enamorada de una chispa 
o águila seducida por un astro.

Inútil es que con tenaz murmullo 
exageres el lance en que me enredo: 
yo soy altivo, y el que alienta orgullo 
lleva un broquel impenetrable al miedo.

Fiando en el instinto que me empuja, 
desprecio los peligros que señalas. 
«El ave canta aunque la rama cruja, 
como que sabe lo que son sus alas».

Erguido bajo el golpe en la porfía, 
me siento superior a la victoria. 
Tengo fe en mí; la adversidad podría, 
quitarme el triunfo, pero no la gloria.

¡Deja que me persigan los abyectos! 
¡Quiero atraer la envidia aunque me abrume! 
La flor en que se posan los insectos 
es rica de matiz y de perfume.

El mal es el teatro en cuyo foro 
la virtud, esa trágica, descuella; 
es la sibila de palabra de oro, 
la sombra que hace resaltar la estrella.

¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido 
será el fuego voraz que me consuma! 
La perla brota del molusco herido 
y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano 
han de salir de la calumnia ilesos. 
Hay plumajes que cruzan el pantano 
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

¡Fuerza es que sufra mi pasión! La palma 
crece en la orilla que el oleaje azota. 
El mérito es el náufrago del alma: 
vivo, se hunde; pero muerto, ¡flota!

¡Depón el ceño y que tu voz me arrulle! 
¡Consuela el corazón del que te ama! 
Dios dijo al agua del torrente: ¡bulle!; 
y al lirio de la margen: ¡embalsama!

¡Confórmate, mujer! Hemos venido 
a este valle de lágrimas que abate, 
tú, como la paloma, para el nido, 
y yo, como el león, para el combate.

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Pues duermes en tu cama calentitay vas a un buen colegio,y tienes cuanto el cuerpo necesita,empieza ya aprender, niña chiquita,que eso es un privilegio