HE PARIDO UN INVENTO

Mi Poeta sugerido: »Miguel Martínez

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He parido un invento que es la monda,
un boli con que borras las ideas,
a aquellas que son malas, que son feas,
verás como las da sopas con onda.

Las borra en un tris tras, como si nada,
para él lo de borrar es muy sencillo,
les dices corre, corre que te pillo,
y ya no existe más, de una tacada.

Pues borra sin parar las emociones
causantes de los malos pensamientos,
limpiando si ha de haber resentimientos,
las falsas esperanzas e ilusiones.

Ayer saqué a pasearle por mi frente
y en esto que se acerca una muchacha,
yo intento allí observar por si se agacha
y listo lo ha borrado de mi mente.

Es cierto, algunas veces se resiste,
mas puedo aquí afirmar que es obediente
amén de que responde complaciente
y si algo ve desnudo pues lo viste.

Dechado de entereza y castidad
de golpe borra todo, de un plumazo
y si a algo se resistes da un codazo,
no admite que se tenga vanidad.

No creas que ilegal, la Ley de datos
la cuida, la protege y la respeta,
no existe una fisura ni una grieta,
y es serio, pues que él cumple los contratos.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Miguel Martínez

Miguel Martínez

Llamada internacional

Buenos días
sólo llamo para deciros eso
que cuando tengáis un rato
leáis nuestros libros de Historia
allí podréis comprobar
que fuimos más Nosotros cuando llegaron Ellos
y sólo en el extraño espejo de los bárbaros
nos contemplamos pasmosamente griegos.

Que fuimos más romanos porque existió Cartago
y España fue un invento en contra de los otros.
Que los negros fueron hermanos de los negros
porque los blancos les llenamos de muerte la mirada.
Que escribimos nuestra Historia
con el lápiz torcido de lo ajeno

Os digo que fuimos alemanes para no ser franceses
y europeos para no ser americanos
y chinos
y escoceses
y australianos
y vascos
y vikingos
y todo es un espejo
enfrente de un espejo.

Escuchadme sólo llamo para deciros eso
que os necesitamos ahora
para ser un poco más humanos
que la cosa se está poniendo peligrosa
en este verde planeta enamorado
¡y que vengáis pronto¡
estimados y desconocidos
extraterrestres.

Nietszche estaba equivocado

Dios está mayor
Dios no ha muerto todavía.
Dios lleva unos cuantos siglos
jubilado
Baja todas las mañanas
con su chándal de estrellitas
y sus manos a la espalda
a contemplar el mundo.

Primero hace un poco de ejercicio
en una de esas bicicletas estáticas
que ponen en los parques
Dios se monta, pedalea
y lentamente van girando las galaxias.

Luego se sienta en un banco
a ver cómo el sol riega las calles
con su manguera de fotones
hasta que se cansa y se dedica
a alguno de sus pasatiempos favoritos:
incendiar algún arbusto
separar las aguas de los charcos
multiplicar salmones y baguettes
convertir el agua mineral en vino tinto
todas esas cosas que le gustaba hacer
en sus buenos tiempos.

Los domingos por la tarde
Dios juega a la petanca
con sistemas planetarios muy lejanos.
Los lunes madruga,
baja andando al bar de siempre
y se toma un carajillo
luego se gasta en una tragaperras
algunas trayectorias de los átomos.

Dios está mayor,
se aburre
a veces se queda dormido
en cualquier parte
la última vez mientras roncaba
en su sillón de nubes
aquí abajo pasamos
dos guerras mundiales
veinticinco terremotos
y algunos genocidios.

El pobre ya no habla con nadie
y cuando la gente reza
sube el volumen de la lluvia.
Cada vez recuerda menos cosas
y ya no es tan omnisciente
como cuando era joven.

Son las cataratas del Niágara
las que tapan sus pupilas
los bosques nevados de Siberia
las canas que le han salido en la cabeza
el cambio climático
sus problemas de la próstata.

Él, que puso en pie la gravedad
que alicató el solito la Vía Láctea
que en su divina juventud
fue un Dios salvaje
de esos que por un pequeño enfado
desataban sin pensar El Gran Diluvio
y ahora, pobre
ya no le quedan fuerzas
para tanta omnipotencia.

Dios está muy pero que muy mayor
cada vez que sale de la ducha
y se mira en el espejo
se vuelve un poco más ateo.

El día que Dios se muera
no habrá grandes funerales
ni un coro de alondras y cigarras
entonando un réquiem
ni una bella explosión de supernovas

Dios se apagará despacio
en un tímido rincón de su universo
con la misma sencillez
con que se apaga la luz de la cocina
sin hacer apenas ruido
lentamente
como se apagan siempre
las grandes ilusiones.

Mi jefe dice que soy un desastre

Usted me llama a su despacho y me pregunta
con el tono coloquial y el matiz paternalista
que emplean los jefes de hoy en día
Miguel, tío ¿qué te pasa últimamente?

Qué quiere que le diga, jefe
soy como el documento AC 387 / 21
tengo tendencia a traspapelarme
soy un pésimo informe de todas la reuniones conmigo mismo.
No sé, tengo el cerebro lleno de bolis que no pintan
puse a la muerte en la bandeja de correo no deseado
pero la muerte no es spam
y entonces el miedo se me hizo peludo y gigantesco
y ahora lo alimento como puedo
con arañas de nieve, sacapuntas salvajes
y millones de segundas veces.

Me pasa que todos los días
introduzco la cabeza en la fotocopiadora
y le juro por lo más sagrado que aparezco
en una gasolinera lluviosa de Oklahoma City.

Me pasa que mi conciencia es
la máquina de Coca-Cola del vestíbulo
siempre se atasca un pensamiento
y eso que mañana es viernes luego existo.
Me pasa que cuando quiero decir
buenas noches o te quiero mucho
termino por decir dos huevos fritos o
póngame otro menú XXL con doble de fracaso.

Me pasa que mantuve una intensa relación afectiva
con un ácaro que vivía en mi silla giratoria
nos gustaba dar vueltas
yo lo acariciaba muy despacio
como si fuera una gota de mercurio o una tecla rota
pero cuando le pedí que nos casáramos
me dejó por uno perfil falso de su Facebook.

Usted no quiere saber lo que me pasa
además su tiempo es oro de 24 quilates
y tiene que cuadrar su maravilloso balance
pero yo se lo cuento
una vez abrí un paraguas dentro de mi nariz
porque no había leído las instrucciones de los paraguas
y entonces empezó a llover
en todos mis recuerdos soleados.

Tiene usted razón
soy muy despistado
confundo pensar con estar vivo
cuando me toque el turno para morirme
me voy a despistar completamente
y se me va a colar un señor coreano de 95 años.

Es cierto que últimamente llego tarde
pero es que estoy analizando al microscopio
la composición química de los lunes por la mañana.
Pierdo el tren porque estoy absorto
leyendo un libro titulado
“No volveré a perder el tren”

Estoy de acuerdo con usted
algo me pasa
soy un completo irremediable y absoluto desastre.
Pero a veces
durante breves minutos luminosos
soy un desastre valiente
capaz de hacer un triple salto mortal sobre este teclado.

¿Sabe usted lo que es un poema?
En Muturreko Ahotsak. Voces del Extremo. Loturaren Poesia / Poesía del Vínculo. Amargord Ed. 2017

El viaje

Qué hartura de narices y de manos
son las siete y veinticinco de la tarde
y qué cansancio de pestañas y de boca
de palabras que ahora me chirrían
como grillos despistados en la lengua.

Ojalá pudiera al menos una vez al año
hacer turismo metafísico
cambiarme el antifaz de ser humano
salir de la oficina de mí mismo
y pegarme unas buenas vacaciones
por el resto inhumano de las cosas.

Meterme en una piedra por ejemplo
pasar la noche allí
los pies petrificados, las lombrices pasajeras
los húmedos ronquidos de la tierra.

Despertarme feliz como una roca
pero ya con las maletas hechas
y entrar tranquilamente en una higuera
pasear un rato por su tronco
subir en ascensor hasta la copa
y una vez allí tumbarme al sol
como la más despreocupada de sus hojas.

Quiero que organicen viajes a una fresa
estoy dispuesto a pagar tres años de mi sueldo
por convertirme un sólo día
en la pulga que cabalga a lomos de tu perro.

Reivindico mi derecho inalienable a ser un meteorito
quiero conocer otros objetos que también habitan este mundo
temblar en un violín
pasar el fin de semana en un erizo
acampar al raso dentro de una caracola.

Así después del viaje
cuando regrese a esto
a mis pies, a mis costillas,
a mi recobrada lengua,
a mi asimétrica sonrisa,
lo haré con esa mezcla renovada de ternura, deseo e incertidumbre
con la que el viajero vuelve de muy lejos
y abre despacito
la puerta de su casa.

Las palabras y las cosas

Yo no lo recuerdo
pero mi madre me cargaba en brazos
cogía entre las suyas
mis dos pequeñas manos
que no eran manos todavía
que eran ruiseñores mudos y ni eso
que eran cabos sueltos
y me obligaba a tocar los objetos de la casa
uno a uno.
Me presentaba el mundo,
consciente supongo,
de que el mundo se conquista con las manos.
Naranja, cuchara, libro, nariz, hermana,
inaugurando los sonidos
me ofrecía sus texturas y sus formas,
para que yo ensamblara mentalmente
las palabras y las cosas,
para que yo tendiera esa cuerda necesaria
entre vivir y pensar,
para enseñarme en fin…
la piel de las palabras.

Mi madre, al final nunca lo supo,
logró lo que quería
yo terminé más o menos
llamando a las naranjas por su nombre.

Pero aunque el mundo hasta hoy
me siga pareciendo incomprensible
y aquella cuerda se deshaga con la lluvia
lo que de verdad le agradezco
en noches inflamadas como ésta
desde aquí
desde el oro azul de sus palabras
es este afán incorregible
por tocarlo
todo.

HABLA EL VASO DE AGUA

Todos vuestros filósofos intentando descorrer
la cortina inmensa de los cielos
todos vuestros poetas
glosando el periódico estallido de la rosa
investigando el pecho violeta de los atardeceres
todos vuestros científicos diseñando lavadoras.

¿Cuántas bibliotecas,
cuántas toneladas de neuronas,
cuántas cuerdas vocales, gastadas
en la búsqueda imposible del misterio?

Si supierais que el secreto estaba en casa
junto al susurro del agua contra el fregadero
entre la asamblea de cucharas y el viejo trapo de cocina.

Si supierais que no hay más verdad
que mi vientre oxigenado
ni más metafísica
que sentirme descender por la garganta.

Yo, que siempre he sido fiel a vuestros labios secos
y vosotros, que
salvo alguna tontería
sobre si estoy más lleno que vacío
nunca me decís nada o casi nada.

Tanto rebuscar en las galaxias y los átomos
y yo aquí,
más solo que vosotros en la luna
más dócil que el perro de un anciano
más salvaje que la primera sonrisa de tu hijo.

Os recuerdo todavía vestidos de romanos y vikingos
os he acompañado en las trincheras, en los hospitales
os he ayudado a tragar pastillas y desastres
conozco el empeño que habéis puesto
en inventar el vino, la cerveza,
y a esa actriz tan presumida llamada Coca-cola.
Pero ella no os ve llegar desesperados
los días pegajosos en que tenéis fiebre
o cuando estáis nerviosos como lagartijas
cuando cruzáis con la mirada pequeños Kalaharis
y en vez de corazón tenéis un higo seco.

Solo yo tengo sed de vuestra sed
y mi sed nunca se acaba
así que miradme ahora
y recordadlo siempre:
en un solo vaso de agua está flotando el mundo
y es el mismo vaso de agua
del que bebéis todos.

¿HACIA DÓNDE VAMOS?

El sol incendia por dentro
los tres túneles de sangre que van
de mi cuello a mi antigua cabeza.

¿Hacia dónde vamos?
Un cielo cobarde
que ya no es mi cielo de siempre
se encoge de nubes.
Y los coches me miran
con las luces prendidas
como dioses remotos y morados
y me escupen a la cara un hueso de gacela.

Tengo una raja de nieve en la garganta
el escorpión transparente de la angustia
quemándome a picotazos el estómago.
¿Hacia dónde vamos?

Sudo
y me nacen asesinos con bigote
en los viejos toboganes del alma,
que el mundo no es el mundo
sino por esa sensación de estar en casa
que acaba de marcharse con este escalofrío.

¿Hacia dónde vamos?
Y miro de reojo al hospital
tan sólido, tan blanco y tan estúpido
como el mismísimo…
no sé muy bien con qué compararlo.

¿Hacia dónde vamos?
Sigue insistiendo el tipo
que conduce el taxi.

LOS DEMÁS

Para mi padre.

«Tengo que creer en un mundo fuera de mi propia mente.
Tengo que creer que cuando mis ojos están cerrados,
el mundo todavía continúa allí».
Memento, Leonard Shelby

Desde pequeño me pareció imposible dormir a solas
el silencio y la soledad siempre fueron los primeros
en mi interminable lista de fantasmas.
Si me iba a la cama la máquina de pensar
se disparaba sola
así que odiaba irme a dormir
prefería irme durmiendo poco a poco,
sin darme cuenta.

Me recuerdo en el sofá tumbado
mientras se colaban las luces de la calle
el rumor de voces en la tele
dos perros ladrándose en el parque
alguna discusión de los vecinos
y la respiración tranquila de mi padre.

Necesitaba saber que los demás estaban
saber que el mundo se quedaba allí
para poder dormir
para poder marcharme.

Desde entonces hasta hoy
la historia no ha cambiado demasiado
sigo odiando irme a dormir
siguen siendo los demás
el único modo de salvarme.

UNA SOLA ENTRADA EN EL BOLSILLO

Este teatro es azul, esférico, da vueltas
está repleto pero no nos falta vestuario
tenemos un traje de Andrés Gómez
por ejemplo
delineante casado y con tres hijos,
pero también otro de electricista en Denver
con barba larga y camisa a cuadros.

Aquí un traje de Nelson Mandela y al lado uno
del frutero de tu esquina, por ejemplo,
allí tres piernas de catálogo de medias
y una peluca de señora gorda para palco de la ópera
calvas de ministro de Asuntos Exteriores
y también moscas de niño africano con malaria.

Todos con más menos o ninguna suerte
recogemos dócilmente nuestro traje,
nuestro nombre, un empujón
y a escena.

Los guiones raros
entre Esquilo y Samuel Beckett
nos estallan por minutos en la cara,
pero sobre todo
qué derroche de escenografía
tornados, selvas y glaciares
amores diabólicos y guerras absurdas
guepardos y cielos desteñidos de violeta.
Todo parece tan real que asusta
todo parece tan soñado que enamora.

Mantenemos siete mil millones de tramas abiertas
y cada minuto treinta mil nuevos personajes naciendo
y otros tantos muriendo.
El escenario un día se llena de sangre
y en la escena siguiente dos niños juegan
como si nada importase nada
al baloncesto.

¡Qué comedia tan extraña!
Una sola entrada nos dan a cada uno
y después cuando acabe esta función,
y descienda el mínimo telón de nuestros ojos
no parece probable que podamos recoger el abrigo
salir tranquilamente
e irnos a cenar a un restaurante.

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