LA FRESQUERA

Lola Mascarell (sugerido)
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Que aquí todo se cura en la fresquera,
se ponen a orear los sentimientos,
los malos, lo que angustian, pensamientos,
y aquello que resbala en la pernera,
y están todos contentos.

Se ponen por la noche allí al fresquito
los cuida cual merecen y atempera,
después ya en la mañana tempranera
los saca a pasear, el requisito,
funciona de primera.

No gasta combustible que este invento
es limpio y además no contamina.
Si hay algo huele mal pues se elimina
reduce la ansiedad a paso lento,
y es que ella es una mina.

A veces cuando encuentro algo me asusta
me siento allí a su lado y me sincero,
de tanto refrescar me da dinero,
le guardo mucho afecto, que me gusta,
no tiene ningún pero.

Si sigues firmemente mi consejo
cerrándole la puerta a cal y canto
verás como se enfría el desencanto
evitas más fruncir el entrecejo,
que ella mano es de santo.
©donaciano bueno.

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Lola Mascarell

(Premio Internacional de Poesía Emilio Prados)

TE LO HE DICHO MIL VECES

No huyas, no te marches con la brisa,
que tú tienes la culpa de este cielo
ingrávido y perplejo de septiembre,
esta luz en declive que atardece
por todas las esquinas.

Nada tienen que ver las estaciones
con este cielo claro que oscurece
con este cielo ingrávido y perplejo
pintado sobre el lienzo de la tarde
con un azul tan limpio que hasta duele.

No quieras evadir tu servidumbre,
autor irresponsable
de un cielo que parece de mentira
No eludas tu pecado, yo te nombro
culpable del instante prodigioso,
del índigo destello,
del mágico color de este crepúsculo.

No digas que este albor no es tu delito:
tú eres el artífice de un tiempo
bruñido de fulgores y sonrisas,
un tiempo en que rodando se suceden
las horas de la siesta y del paseo,
cerúleas e irreales como el cielo
que tiñes con el haz de tus pestañas.

Por todo, por la luz, por el invierno,
por esta apoteosis de la tarde,
por este cielo ingrávido y perplejo
manchado de un añil escandaloso,
por todo, te condeno:
vagarás sin descanso entre los versos
de esta oda celeste y desvelada,
cautivo del poema en que celebro
la azul impunidad de tu distancia.

VENCEJOS

Cuando volvéis a la ciudad, vencejos,
acaso regresáis como si nada
hubiera sucedido desde entonces,
como si este verano fuera el mismo
que dejasteis ayer flotando inmersos
en el giro sin fin de vuestro grito.

Pertinaces y aleves os he visto
volando en redondel sobre el asfalto,
dejando en el presente la sospecha
de un retorno falaz al tiempo antiguo.
¿Por qué nos engañáis con la esperanza
de habitar otra vez aquel instante
que el aire se ha llevado para siempre?

Unidos al misterio de la rueda
esta tarde, otra vez, habéis cruzado
las altas azoteas incendiadas.
Otra vez, obstinados, agoreros,
otra vez ululando en desbandada
otra vez, esta tarde, habéis trazado
un círculo sonoro que constela
el nítido crepúsculo de junio.

Y al cabo del estío que os regresa,
de nuevo os marcharéis mientras nosotros
tratamos de afrontar esa certeza
de ser como vosotros breve vuelo,
leve sombra fugaz sobre la tierra.

MADERA

Un estrépito sordo, un latigazo,
ha cruzado esta noche la penumbra
insomne de la casa,
como un quejido largo y sostenido
que llegara de lejos o quedase
atrapado en el eco sin retorno
de unos muros vacíos.

El ojo de madera de la puerta,
apenas dibujado por las luces
de la noche estrellada
parecía mirarme o estar viendo
ajeno a toda lógica, aterrado,
húmedo de resina.

He seguido durmiendo y en el sueño,
muy lejos de aquel cuarto,
un crujido de troncos derrumbados
ha quebrado el silencio
de mi bosque dormido.

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