MI MALA SOMBRA/

Juan José Vélez Otero (poeta sugerido)

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Yo siempre voy conmigo y con mi sombra
y a veces, si no hay luz, sólo conmigo.
Si trato y de entenderme no consigo,
no paro de buscar bajo la alfombra
al sueño que persigo.

Comprendo. Mi cerebro es muy obtuso.
La culpa aquí es de dios que es quien me hizo.
No me miren a mi. Que en mi bautizo
estaba tan cegato y tan confuso
que casi allí agonizo.

Y aunque hoy sigo observándola y me abrazo
jugando va conmigo al escondite.
Espero que me lance algún envite
y pueda espachurrarla con un mazo
cobrándome el desquite.

Pues tengo mala sombra, con matices,
que siempre es alargada mi silueta,
así fuera montando en bicicleta
de bruces vaya dando de narices
y caiga en la cuneta.

Que voy siempre conmigo y con mi sombra
no quiero provocar un desacato,
con ella me divierto más de un rato
la encuentro tan cercana y no me asombra,
presiento en mi zapato.
©donaciano bueno

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Juan José Vélez Otero

De “Panorama desde el ático” 1998

y en esta isla atormentada,
de oscuridad y roca,
mis pies pisan el mundo desolados.
Francisco Brines

La torre semeja, sobre el pueblo
sin ilusión y sin sentido, mi fracaso;
J.R.Jiménez

Mère de souvenirs, maîtresse des
maîtresses
Ch. Baudelaire

III. Magnolias en mis sábanas dejaba…

¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
J.R. Jiménez

Magnolias en mis sábanas dejaba,
magnolias, azahar y labios duros.
Sus senos, de la tarde flor dormida,
aroma de amapolas y cerezas,
temblaban en mi boca, entre mis dedos.
Magnolias y sabor a playa y barro,
a sol y arena, hierba y gorriones.
Oh, cómo retornar ya a este vacío
la luz de la alborada por sus ojos,
el vino de su piel y su cabello.
Magnolias en mis sábanas dejaba,
su cuerpo de clepsidra y su alma nueva.
* * *
IV. Oh, tardes del balcón. Abril. Cuajada
de pájaros y númenes el alma,
expuesto a la aquiescencia de la brisa,
soñaba con las voces de poniente.
Los dijes de oro y tul del horizonte,
la inquieta sensación de estar naciendo
al gozo y al clamor de savia nueva.
Oh, tardes del balcón, fecunda en flores
y añil, ciegas de cal, ciegas de vides.
Qué vacuo este vivir si vacua el alma
de luz, de tiempo y sal, de Dios y espigas,
se baña en la desdicha del recuerdo.
Qué vacuo el caminar hacia el olvido,
hacia la ungida torre de los siglos.
* * *
V. Si he venido a colmar de enredaderas
la nieve de tu talle es porque tengo
cansado el corazón de tantos siglos
en busca del incendio de la aurora.

Hoy vengo del desorden y a la nada
retornaré con labios florecidos,
al yugo de la noche, a las quimeras
del sueño y al olvido complaciente.

Yo seguiré asomado a mis balcones
rodeado de astrolabios y de estrellas,
de inciertos firmamentos y de mirtos
dormidos sobre viejos ataifores.
* * *
VIII. A qué esta sinrazón y este deleite,
qué sabia languidez me ocupa el alma
de fértiles lloviznas y de lucios
calmados en las llamas del crepúsculo.
A qué este azul litigio de la tarde
me lleva hacia los pájaros cansados
que buscan las higueras en las sombras
dormidas por el láudano del tiempo.
Yo, histrión sobre el triclinio recostado,
engullo mieles y uvas de calendas,
me absuelvo en el silencio etéreo y negro,
en cándidas sonrisas de vestales.
De euménides un rito me acrisola
en urna de cristal y cadmio blanco.
No sé qué piedras ávidas de muerte
me muestran las necrópolis hambrientas.
* * *
IX. Un beso de estramonios y alhelíes,
tan dulce y a la vez veneno y nieve,
caliente flor o musgo sorprendido
por la herrumbrosa niebla del pasado;
un roce de amapolas y de plumas
que nutren con certero humo las sombras
postradas en los páramos desiertos
y estériles al sueño de centurias.
El tiempo irremediablemente arcano
es cáliz destinado al sacrificio
pomposo de los días sepultados
en cieno de nostalgias y embalajes.
Oh, dónde se perdieron las valijas
antiguas y olvidadas y el enigma
creado en el insomnio de lo obscuro.
A dónde recurrir, dónde, vencido,
saciar la sed de agua no llovida,
de eterna soledad sobre el alféizar.
* * *
XII. Sí, cuéntame tus tiempos de geranios,
tus blancos plenilunios en la arena
bruñida por el mar de la bahía
y el tuétano de siglos y memorias.
Sí, háblame de aquellas alboradas
que aún llevas indolentes en los ojos,
de brisas otoñales y veleros
cruzando el horizonte de tu playa.
Sí, dime; yo te oigo y enmudezco
parado ante la voz de aquellas horas.
Yo sé que primaveras en tu boca
son gotas de cristales en la niebla,
mas, háblame y sonríe, no adolezcas
de patios y jazmines nocturnales.
Descifro tus palabras en el éter
cansado que se esconde en tu mirada.
Preludio es que tus sueños prevalezcan
al tiempo y al cansancio y al olvido.
Sí, dime, mientras yo callado observo
la tarde que ensombrece tus arrugas.
* * *
XVI. Ya sabes. Es tan bello este ostracismo,
tenderme junto a ti, sentir tus dedos
rodarme por la piel en esta alcoba
caliente y apartada del vacío…
Lo sabes cuando beso, cuando hiero
tu boca con torrentes de amapolas,
lo sabes cuando busco tu saliva
y toco tus pezones como almendras.
La carne hecha canela, el aire entero
dehesas de ambarinas deliciosas.
Lo sabes que me huelen tus cabellos
cual huelen las higueras en septiembre,
cual huelen los geranios en los patios
y el aire de las huertas tras la lluvia.
Es bello estar tendido, acostumbrado
al musgo de las ingles delicadas,
que sólo el tragaluz sea blanca orilla
del mundo que ahí afuera nos pretende.
* * *
XXII. Me vienes con las manos germinadas
y pétalos de amor entre los dedos,
sin nombre y sin ayer, con la sonrisa
nevada entre los labios de verano.
Me vienes de la luz y traes contigo
el mosto de la piel y frescas uvas
que al mueso de tu carne se revientan.
Hay agua de jazmín en tu saliva
y cielo en el olvido de tus ojos.
Tú llegas hacia mí, pisando nubes,
borrando la memoria con los brazos,
luchando como ángel con la muerte
que observa sigilosa tras los vidrios.
No queda soledad en los visillos
ni oscuros alfileres de ceniza
que puedan destrozar la primavera.
Miremos más allá de los espejos,
al cielo de alas blancas y espumosas
que hay sobre las olas de los puertos.
* * *

XXVIII. El alma de la tarde, la belleza…

Je suis belle, ô mortels! comme
un rêve de pierre
Ch. Baudelaire

El alma de la tarde, la belleza
marchita de la luz en las callejas,
el múrice dorado de las nubes,
los ecos mortecinos que el levante
difunde por trigales y labranzas…
mortales son si mueren con nosotros,
si mueren a los ojos y a la lengua,
al tacto y a la flor de los sentidos,
si un día han de acabar como acabaron
las horas ya difuntas que, sin freno,
capaces de asolar el tiempo, fueron
veloces, fugitivos rayos mudos.
La tumba de los sueños profanada
hoy huele como algas insepultas
que no vuelven al mar con las mareas.
Dejadme contemplar el panorama:
de piedra sueños muertos en sudarios,
la soledad, el viento en las acacias,
los folios del recuerdo y el lamento
de que algo se está yendo para siempre.
* * *
XXX. Dormidas en el ático han quedado
la sombra del reloj en las cortinas,
la brújula del sueño y de las nubes
que giran sin dejar lluvia en las tejas.
He vuelto las vasijas boca abajo
y es blanca soledad lo que derraman
al suelo contagiado de alas secas.
La rosa de los vientos he tomado
naciendo del escombro. Hay un destino
que llama desde el mar y oigo bocinas
silbando entre la niebla que clarea.
Un nuevo sol desnudo se levanta
detrás de los cristales del rocío,
un nuevo mar de índigas espumas
y cándidas ciudades ribereñas.
Recuerdo los naranjos y la aulaga…
Ya es vano recordar, que quiero olvido,
eterno bebedizo de esperanza
y enjambres de hojas verdes en las manos.

De “Ese tren que nos lleva” 1999

Resonante,
jadeante
marcha el tren.
A. Machado

Y ese tren que se va, con ruido alegre
de silbidos y alegres despedidas
lo di ya por perdido.
F. Benítez Reyes

1. No tardes. Si no vienes la tarde es una hoguera
de gélido cansancio, de lluvia sin sentido.
No tardes, que los peces del mar se desorientan,
se van las avefrías camino del otoño.

No tardes. Los jazmines despiertan de la siesta
y vuelven a dormirse callados por la ausencia.
No tardes, que las calles no encienden sus farolas,
ni empiezan en los cines los sueños inventados.

No tardes, que te espero sentado en la reliquia
cansada de mi alma antigua como el vino.
No tardes, no me abras las páginas pintadas
de olvidos y resacas, de nieve en los espejos.
* * *
4. Siempre fuiste viajera golondrina de tardes
que cruzaba mi calle con sus alas de libros,
la mirada perdida y la blusa celeste
de colegio de monjas.
Golondrina de tardes,
te miraba asomado por los vidrios de enero.
Se imantaba mi pecho en aquellas ventanas
apagadas de luces, telegramas de lluvias.

Siempre fuiste viajera y cruzabas mi calle
hacia el blanco ciruelo y las cepas podadas,
hacia un mundo de cañas y macetas azules
donde estaba la casa, nido tibio de invierno.

Vino un tiempo deleble, de siluetas lejanas
y tu casa quedó atracada al olvido
y mecida en la niebla de los muelles borrosos.

Viene el tiempo a su cauce, mariposa invisible,
y volviste volando sin la blusa celeste,
sin los libros del aire y tus alas son otras.

Pero un nuevo temblor resucita en mis labios
y aún revienta la luz en la cal de la calle
desde donde la tarde pensativa se asoma
al balcón de las olas repetidas de entonces.
* * *
7. La luz de cada día de nuevo en la ventana
hiriendo con ventosas los pechos de la aurora,
vaciando de silencio las sábanas del sueño
con trompetas heladas y teclas invisibles.

La luz. Y las maletas detrás de los portales
como perros sin dueños esperando acomodo
en los trenes que arrastran por el hielo los pasos
que conducen al frío temblor de los andenes.

La luz de cada día de nuevo en las ventanas…

La bruma arrinconada detrás del horizonte
espera la llegada constante de los trenes,
y los postes del tiempo, fugitivos espejos,
recorren las lucernas de mis ojos atónitos.
* * *
9. La hueca soledad de ruinas calladas…

Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Alberto Caeiro

La hueca soledad de ruinas calladas
que se acuesta en las tapias de las casas caídas
por el viento de siglos y las lluvias tenaces,
la misma soledad de búcaro en invierno
que ha llamado a mi puerta y me espera paciente,
sabe bien que es eterna tentación en la umbría
de los muros vencidos que ya nada resisten.

La sorda soledad que conozco hace tiempo,
que ha vivido conmigo en ciudades diversas,
en diversos recintos acotados al musgo.

La soledad desnuda, de pechos prodigiosos
y tentadora boca que llevan al olvido,
la soledad amante, puta súbita y bella
en los vidrios sin brillo, en el cáliz gozoso
de abandono lascivo, ha llamado a mis huesos
y me pide cansancio, y me ofrece un celeste
relicario de sombras.

Soledad o clemencia,
sucesión de los días por las aguas dormidas.

Tomaré la tristeza que me ofrecen sus pechos,
volveré hasta el aljibe de los pájaros dulces,
al incendio de chopos amarillos del alba.
* * *
12. En estas tardes plácidas, las últimas de marzo,
tras meses de avenidas umbrías y de lluvias
en el jardín cerrado, en la casa que abre
sus ventanas al cielo y al verdor de los montes
pendientes de amapolas, te deseo. Te invoco
a la verde marea de viñas encendidas,
al incendio de rosas que me enturbia la boca.

Te llamo y te deseo como llamo al constante
resurgir de las hiedras y a los nuevos paisajes
de la aulaga amarilla.

Te llamo al mar de siempre,
al de las olas blancas y desnudas estelas.

A los juncos te invoco y te invito a la rama
de los pájaros mudos. No tardes. Ven. Te espero
con la luz en las manos y en los ojos la llama
temblorosa de vida.

En estas tardes plácidas,
las últimas de marzo, buscaremos cerezas
en los tolmos del sueño y en los llanos despiertos.
Jugaremos al sol en los campos de aulagas,
en los chopos del aire que al invierno han dormido.
* * *
14. Es día de difuntos, exequias de noviembre…

…yo voy muerto, por la luz
agria de las calles
J.R. Jiménez

Es día de difuntos, exequias de noviembre,
me anudo la corbata y asisto al funeral
del hombre sumergido en tumbas de ladrillos,
del hombre sepultado que asiste a la agonía.

Cuerpos a la deriva por pasillos de insomnio
he visto esta mañana, por las dunas de asfalto
y jardines de hierro; ataúdes de carne
en esquinas heladas. Muertos en las aceras,
todavía calientes, respirando lo hueco.
Muertos en los negocios que producen el oro
que requiere Caronte.

Hoy he visto rebaños
de difuntos al paso que les marca el entierro,
sin dolor ni recelo; el espanto es de vivos
y los muertos no sienten, sólo habitan la nada.

Es día de difuntos, día exangüe de niebla,
cementerio de vivos, columbario de ideas,
es un día cualquiera, como tantos, vacío,
sólo lleno de muertos, sólo lleno de muertos.

Muertos, trenes de muertos disidentes de vida,
empañados del vaho que les ciega el cerebro.

¿La esperanza está viva? Quién nos pone los trenes
sin cabinas ni vías, sin ventanas al viento.

Oh, necrópolis vanas, apestáis al vacío
de las tumbas sin cuerpos. Quién nos pone los trenes…
Olvidad la esperanza, que también dios ha muerto.
* * *
19. A veces el mar tiene un extraño sosiego
que las aves imitan, una incierta conciencia
de la vida que pasa inútilmente bella,
hermosamente vana, calladamente quieta.
Es el mudo deseo de ser hoja en la brisa
lo que emulan las aves. A veces el mar tiene
una cierta tristeza que las aves imitan,
el rotundo vacío de un poniente sin ecos
de veranos antiguos. Es la blanca nostalgia
de la infancia sin prisas lo que emulan las aves.
A veces el mar tiene las ventanas abiertas
y el batir de visillos que las aves imitan,
un aroma de fruta otoñal y madura
en el cesto dormido. Es el lento destino
en espejos de agua lo que emulan las aves.
A veces el mar tiene reflejos de mis alas.
* * *
22. Ponme vino en los labios. Ya no tengo otro afán
que el olvido y la dicha de los líquenes blancos.

El sereno silencio me ha marcado en estigma
con letargo de dioses y crisálidas negras.

Ponme vino en los labios con los tuyos. (La copa
no me importa que sea del color de tu carne
ni del tibio cristal de tus muslos desnudos).

Dame vino en la llave poderosa que abra
las entradas al mar del constante abandono.

Ponme vino despacio a la orilla del sueño
de tal forma que olvide tantos trenes perdidos.
* * *
25. Esa noche bailaron el vals de la ternura
en la casa habitada por recuerdos y cactus,
el vals que sólo bailan los cuerpos solitarios.
Decoraron la mesa con flores encarnadas
y brindaron con besos en las copas antiguas.

Bailaron esa noche un vals hasta el desmayo.
Apagaron las luces y sólo las farolas
testigos fueron albos detrás de las ventanas.

Se pusieron los trajes de los días de fiesta
y bebieron la dicha de los peces del alba.
Y mecieron sus cuerpos como tallos dormidos
en los brazos borrachos de dulzor y diamantes.

Bailaron desde el sueño el vals de la ternura,
tuvieron en la boca las uvas del estío.

En el patio la noche les olía a mimosas
y tomaron la senda de la aurora de mayo
dejando la tristeza desnuda en el armario.

Cogidos de los labios huyeron del escombro.
* * *
26. Tantos días de espera, tantas noches de insomnio…

Tanto aspirei, tanto sonhei, que tanto
De tantos tantos me fez nada en mim.
Fernando Pessoa

Tantos días de espera, tantas noches de insomnio,
tantas cartas trucadas, tantos sueños en tumbas,
tantas fotos guardadas en carpetas perdidas.
Tantas copas en bares refugiando el fracaso.

Tantos trenes lejanos y estaciones cerradas,
tantos besos y tantas despedidas de luna
tanta música rota, tanta niebla sonora.
Tanta lluvia encerrada en aljibes de cal.

Tanta muerte en las alas, tanta vida en la cesta
de papeles usados. Tanto fuego en la nada.

Mala es mi sombra, mala…(Javier de Bengoechea)

Mala es mi sombra, mala. ¿Me convino
nacer? Pero nací. O así lo cuentan.
Y si me busco en mí, mis manos tientan
una pared al fondo de un camino.

Yo soy un ser nacido a contra sino.
Los hombres formidables me lamentan.
Aumentan segurísimos, y aumentan
mis posibilidades de asesino.

Soy una solución que siempre yerra.
(Siguen en pie la muerte y sus baluartes.)
Un hospital en medio de una guerra.

Me llamo trece, y me apellido martes.
Pero sé lo que soy: algo de tierra
rodeada de Dios por todas partes.

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