LA TENDERA DEL BARRIO

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Vivo en un barrio viejo donde una tienda
se oculta tras locales de la jodienda,
y aunque quisiera
nadie queda que exista con su solera.

Todo lo que se sirve, vende al contado,
tiene leche, escabeche y algo salado,
la tiá María
si alguien pide prestado, nunca se fía.

La tendera del barrio no fue a la escuela,
si puede te la mete, por ver si cuela,
y en un despiste
te sisa una peseta si es que no viste.

Va dando sus razones, que vende al peso,
con sus falsas promesas y con su queso,
su reprimenda
que aunque algunos lo nieguen no hay quien la entienda.

Se conoce los chistes del mundo entero
y los cuenta con gracia, con gran salero,
y si le insistes
para vender cebollas te hace ella chistes.

La tendera del barrio, ella es experta,
siempre tiene a tu paso la puerta abierta,
y si alguien llama
salta con diligencia desde su cama

Sabe cómo se vende, siempre lo mismo,
que lo aprendió en la cuna, desde el bautismo,
pues ya su padre
despachaba en la tienda junto a su madre.

Prepara sus pedidos con gran cachaza
envolviéndolo todo en papel de estraza
y en la labranza
le ayuda diligente, fiel, su balanza.

Cuando empieza la noche la tienda cierra
y comienza a animarse la vida perra,
es otra historia
que a uno lleva al infierno o sube a la gloria.
©donaciano bueno

El barrio – Mario Benedetti

Volver al barrio siempre es una huida
casi como enfrentarse a dos espejos
uno que ve de cerca / otro de lejos
en la torpe memoria repetida
la infancia / la que fue / sigue perdida
no eran así los patios / son reflejos /
esos niños que juegan ya son viejos
y van con más cautela por la vida
el barrio tiene encanto y lluvia mansa
rieles para un tranvía que descansa
y no irrumpe en la noche ni madruga
si uno busca trocitos de pasado
tal vez se halle a sí mismo ensimismado /
volver al barrio siempre es una fuga.

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