LA VIDA SIN UN PUENTE/

Emilio Ballagas (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Bendita soledad, mi compañía,
contigo me entretengo y me relajo,
sumerjo en tu vagancia gajo a gajo.
Bendita esa campana sin badajo
que viene a recordarme la alegría
de un día sin trabajo.

Bendita bendición ¿quién lo diría?
después de tantas horas a destajo,
dejándome los palos del sombrajo,
creyendo soy inútil o no encajo
cual cura que no encuentra sacristía
o enagua sin refajo.

Que el día sin trabajo es un gran día
mejor si constituye un afluente
gozando al ver me lleva la corriente.
Precisa respirar, que se adecente.
No puedo comprender lo que sería
la vida sin un puente.

¿Un puente? ¡Voto al cielo un acueducto!
un tiempo en el que allí me las den todas,
sumido en la desidia, carambolas
de verme disfrutando en mi reducto
conmigo siempre a solas.
©donaciano bueno

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Comentario: Un puente o agarrarse a un clavo ardiendo

Cuando alguien está en una situación extrema cualquier cosa le sirve de ayuda. Si alguien está a punto de caer en el pozo de la desgracia es capaz de agarrarse a algo que le puede producir un daño tremendo, como un clavo ardiendo, con tal de evitar un daño aún mayor, la caída. 
POETA SUGERIDO: Emilio Ballagas

Emilio Ballagas

Sentidos

Que me cierren los ojos con uvas.             
(Diáfana, honda plenitud de curvas.)           
Que me envuelva un incendio de manzanas.       
Que me envuelvan —presagio de pulpa?           
En ciruelas de tacto perfumado…               
Inundadme                                     
En pleamar de pétalos y trinos.               
Que me ciñan —¡Ceñidme? de eclípticas azules. 

Nocturno

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?
Dime tu nombre. Déjame
Tu santo y seña
Para que yo te reconozca
Siempre
A través de otras noches diferentes.

Tú me ofreces su frente en medialuna
(Medialuna de carne),
Sus labios (pulpa en sombra)
Y su perfil al tacto…
(Mañana mi derecha
Jugará a dibujar su contorno en el aire.)

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?
Dime tu nombre, déjame
Tu santo y seña
Para que yo te reconozca
Siempre
A través de otras noches diferentes.
¡Y que pueda llamarte gozoso,
Trémulo,
Por tu nombre!

Poema impaciente

¿Y si llegaras tarde,
cuando mi boca tenga
sabor seco a cenizas,
a tierras amargas?

¿Y si llegaras cuando
la tierra removida y oscura (ciega, muerta)
llueva sobre mis ojos,
y desterrado de la luz del mundo
te busque en la luz mía,
en la luz interior que yo creyera
tener fluyendo en mí?
(Cuando tal vez descubra
que nunca tuve luz
y marche a tientas dentro de mí mismo,
como un ciego que tropieza a cada paso
con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llegaras cuando ya el hastío
ata y venda las manos;
cuando no pueda abrir los brazos
y cerrarlos después como las valvas
de una concha amorosa que defiende
su misterio, su carne, su secreto;
cuando no pueda oír abrirse
la rosa de tu beso ni tocarla
(tacto mío marchito entre la tierra yerta)
ni sentir que me nace otro perfume
que le responda al tuyo,
ni enseñar a tus rosas
el color de mis rosas?

¿Y si llegaras tarde
y encontraras (tan solo)
las cenizas heladas de la espera?

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?
Dime tu nombre. Déjame
Tu santo y seña
Para que yo te reconozca
Siempre
A través de otras noches diferentes.

Tú me ofreces su frente en medialuna
(Medialuna de carne),
Sus labios (pulpa en sombra)
Y su perfil al tacto…
(Mañana mi derecha
Jugará a dibujar su contorno en el aire.)

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?
Dime tu nombre, déjame
Tu santo y seña
Para que yo te reconozca
Siempre
A través de otras noches diferentes.
¡Y que pueda llamarte gozoso,
Trémulo,
Por tu nombre!

Víspera

Estarme aquí quieto, germen
De la canción venidera
—íntegro, virgen, futuro.

Estarme dormido —íntimo—
En tierno latir ausente
De honda presencia secreta.

Y éxtasis —alimento—
De ignorante —ausente, puro—
Nonnato de claridades
Con la palabra inicial
Y el dulce mañana intacto.

Cielo en rehenes

Te miro sin dejar de contemplarte
Copo de sol, espuma conjurada
Y abro mi corazón de parte a parte
Para ofrecerte jubilosa entrada.

Comprendo que del caos fuera arrancada
La esbelta luz; ignoro por qué arte
Puedo en un solo pétalo labrarte
Con dedos leves el primor de un hada.

De nuevo el manantial de la belleza
Echa a correr con sosegado porte
Contando perla a perla su pureza.

Cielo en rehenes, majestad sin corte;
Donde en alto fulgure tu cabeza
Allí está el girasol, allí su norte.

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