MALA SUERTE/

Rafael Cansinos Assens (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Te fuiste y te busqué con tanto ahínco,
¡qué triste que es sentirse abandonado!
Te fuiste y aun te hubiera perdonado
mas me ha pedido el alma dar un brinco
pues sé que estoy gafado.

Que de este oscuro mundo de aventuras
quisiera su algoritmo descifrar
Sea bendita esa cifra. Que tocar,
he recurrido a dios y sigo a oscuras,
hundido en alta mar.

Pues siempre yo he jugado al veinticinco
y jamás en la vida me ha tocado
¿será la suerte a mi me ha abandonado?
Que estoy obsesionado con el cinco
y sigo obsesionado.

Si al levantar yo apoyo el pié derecho
y nunca he tropezado con un gato,
no arrastro una chinita en mi zapato,
cuando siembro me encuentro está barbecho
y no soy mentecato,

¿por qué se ceba en mi la mala suerte?
Será quizás que yo no tengo olfato,
¿o acaso la he infringido un desacato?
Que en tí yo he de creer hasta la muerte
así que sea un cegato.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Rafael Cansinos Assens

Rafael Cansinos Assens

Dalet

La mujer es un sueño, es nuestro sueño, ¡oh hombres! Y ha nacido de nuestra ternura
y de nuestra plenitud en la soledad.
La mujer ha nacido de la profundidad masculina, como las nieblas se elevan del vasto
sueño de la mar; y somos nosotros los que la hemos creado con todos sus atributos.
Todo en ella es obra nuestra; y hemos creado sus senos manifiestos y su sexo enigmático.
La mujer es nuestro sueño, ¡oh hombres!, y ha nacido de nuestro sueño como las diosas y como las sirenas;
y ha tomado de nuestro sueño toda la ambigüedad.
Todo es en ella vago e impreciso; y nada hay en su cuerpo que tenga la medida, cierta y
eficaz, de nuestro puño cerrado, lleno de fuerza y plenitud.
La mujer es un sueño ante nuestros ojos profundos, y por eso se asemeja a tantas cosas su cuerpo desplegado;
por eso es comparable a las serpientes y a las grandes aves y a las ánforas
y a las liras; y por eso, cuando destrenza su cabellera, nos parece un prodigio.
Por eso es variable y distinta como un sueño; como un sueño de mediodía y de medianoche,
y también como un sueño matutino que roza ligero las sienes del durmiente; como un sueño
de adolescente distinto del que ciñe la frente de los hombres maduros con la gracia de un poniente sobre un páramo.
Por eso, ¡oh hombres!, cambia constantemente ante nuestros ojos y nuestro corazón; y por
eso su desnudez nos embriaga tan locamente como un sueño.

Guimel

En el silencio del crepúsculo canta así la sirena, la sirena terrible que ruge como un
tigre, y al eco de su canto, mi corazón se agita como un encarcelado.
Y como en un buque que va a zarpar, así quisiera embarcarse de nuevo en su inquietud
para surcar las calles de la inmensa ciudad.
En busca del amor de cada día, ¡nuevo y distinto, y prodigioso como un tesoro hallado!

Guimel

En busca de la dicha ignorada, que se persigue a través de las calles como se persigue
la fortuna sobre el tablero de un ajedrez; en busca de la dicha ignorada, que hace
describir, a través de las calles, círculos más extraños que los de un beodo.
Mi alma aguarda de nuevo el nuevo día, para consumirse de ardor y de impaciencia;
para seguir tras de los bell0s pies y echar sus redes sobre los corazones.
Para buscar de nuevo la huella perdida y girar de nuevo en la rueda de los tahúres y
las cortesanas; para arrojar de nuevo, en la tabla de la suerte, el dado de mi corazón.

He

Como un aventurero tras de la fortuna, tras del amor de este día que aún no me ha sido revelado y que acaso todavía
me aguarda.
Tras la mujer desconocida, cuyas caricias serían mías esta noche y colmarían esta noche
mi nostalgia.
Y en cuyos brazos reposaría tranquilo un momento, mientras cantaban las codornices
en la madrugada.

Cantos a mi corazón

A Catalina de Burgos

Alef

Veo a los amigos que un día hicieron conmigo el prodigioso viaje de la juventud
y los hallo cambiados y desconocidos; la sombra de un cuidado se extiende sobre sus
frentes y, con la vista baja, parecen avergonzados de haber sido jóvenes un día.
En aquel tiempo, ya lejano, parecían tener alas y exhalaban un hálito de fuego por
sus ávidas bocas; sus frentes resplandecían como altas tiaras.
Pero hoy son semejantes a viudas que se envuelven entre velos; y con sus frías miradas parecen advertir que han muerto
ya para el amor.

Bet

Ciertamente, alma mía, que otro que yo, no podría comprenderte: porque eres enorme
como una gran ciudad.
Y eres como una nave para los marinos, y como un arado para los trabajadores de la
tierra; y como un velo para las mujeres. También como un vaso para el bebedor.
Semejante al mercader astuto, que a cada uno muestra lo que ha de agradarle, así sabes
hacer: y así te exhibes, abrumada de dones.
Pero luego, cuando la turba se dispersa, sabes ser, ¡oh alma!, mi alma, verdaderamente mía.

Dalet

Los que no me conocen, se admiran de mi audacia y se duelen de verme hacer lo que
ellos no osarían con su alma pequeña; pero los que saben, no comparten sus temores.
Como se ve a un atleta soportar grandes pesos con complacencia y a un juglar caminar
sobre el fuego, así me ven agitarme entre la multitud; sus ojos han visto en mis labios una
sonrisa astuta.
Y al ver que me abandono a los demás, seguro y diestro como el que se lanza a un abismo, suspendido por la cintura,
dicen admirados: «¡Oh qué alma verdaderamente maravillosa!».

Guimel

Como la abeja ama los jardines, así amo yo la multitud: ¿acaso podría hacerse un panal
con una sola flor?
Como abeja industriosa, así amo yo la multitud y clavo mi aguijón en los corazones;
y de la locura del loco y la necedad del necio, sé hacer un panal maravilloso.
Y hasta el hombre opaco, que es como un guijarro ennegrecido, sirve a mi alma como
sirve una hoja verde para adornar un fruto.
Como abeja industriosa, así revuelo entre la multitud; pero, luego, cuando la turba
se retira, este panal prodigioso, sólo a ti te lo ofrezco, ¡oh alma mía maravillosa!

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