MATANDO LA EXISTENCIA A TROMPICONES

Mi Poeta sugerido: »Rolando Kattán

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Yo he errado muchas veces. No sé cuántas,
si digo al buen tun tún me quedo corto.
Que he sido testaferro en un aborto,
de joven, inocente, un pagafantas,
maduro, de adivino un alicorto.

Matando la existencia a trompicones,
metido en la bazofia hasta las trancas,
me he visto sumergido en las barrancas
burlando a quienes eran mis ladrones
moviéndome a merced de otras palancas.

En medio de la nada en las noticias
que actúan como viles renacuajos,
causándome al cruzar mil altibajos,
a veces rodeado de caricias,
o, injusto, cual trataran a estropajos.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Rolando Kattán

Rolando Kattán

VENTRÍLOCUO

Si quieres que un muñeco hable
debes estar atento a las desgracias:
una guayaba, su fútil pudrición,
esperando que timbre tu teléfono;

o espabilar una moneda
en palma ciega y buscar
en la agonía del cíclope, un rostro;

o sólo hablar con las maletas
y los animales más desdeñables
(tengo la idea de azuzar avispas).

Si discutes con puertas y ventanas,
y otros objetos de las despedidas

o sales un domingo trasparente
y entrañas los pasillos del museo
y sientes la mirada de los cuadros
como soga en tu cuello, sin el Judas,

comienza tus ensayos de ventrílocuo,
busca el muñeco en el primer espejo.
De Luciérnaga de otoño, 2018

Spoon River Anthology

a nadie han vuelto a enterrar
en la colina
ya nadie quiere
vivos a los muertos

los que se van
tienen mucho que decirnos
pero muertos
son mejores confidentes

Ciego de la boca

una sola palabra
suspendida en la boca
mató a Vallejo un Viernes Santo

una palabra le creció a Rimbaud
como un diente de elefante
y lo dejó mudo

una palabra molestó tanto a Rulfo
que dejó de escribir

una palabra llevó
a Alejandra Pizarnik al suicidio

una palabra que te deja
ciego en la boca

que no se escribe
ni se dice
(Extraído de Animal No Identificado, Cisne Negro, Tercera Edición. Tegucigalpa, 2016)

La lengua de los dioses en antiguo

En los vastos jardines sin aurora
Luis Cernuda

En un mercado de frutas exóticas,
disfruto de aquellos olores.

Se disimula en el husmo
del animal vencido por la muerte,
lenguaje que secreto habla al olfato.

En los vastos jardines sin aurora
donde también habité mis fríos
recuerdo solamente aquel olor
de tu mano envolviendo nuestro beso.

La lengua de los dioses en antiguo.
Y a aquellos perfumistas de Chanel.

Cada 14 días muere un idioma

Se lamentaba Wislawa Szymborska
del infinito en medio de la carta
y el encuentro. Otro tiempo discurría
entre las dos nostalgias separadas.

La poeta tenía razón:
las cartas alongaban las semanas.

Pero ahora que nadie las escribe
el tiempo es un veloz gupardo en caza,
basta que el semanario dé la vuelta
y se enciendan las lenguas ancestrales.
Post Scriptum: Cada 14 días muere un idioma.
Titular del El País, 26 de diciembre de 2016.

Los cisnes negros viven en Australia

Rara avis in terris nigroque simillima cygno
Juvenal

Con antiguos ojos descubrí
cisnes negros en Autralia.

El difuso confín
fue revelado por la travesía:

Por siglos rara avis representó
el nombre propio de lo inalcanzable
los espejos del lago olvidaron
la previsible sentencia del padre:
–No construyas castillos en el aire–

Sueño, de nuevo, al amor,
el espinazo de los imposibles,
vivo y boyante en los lagos de Australia.
(Extraído de Luciérnaga de Otoño, Cisne Negro, Primera edición. Tegucigalpa, 2018)

A MI LADO ALGUIEN LEE UNLIBRO ESCRITO EN MANDARÍN

a mi lado alguien lee un libro escrito en mandarín
las palabras caen como una lluvia sobre sus manos
y sus manos abiertas se llenan de agua
como las manos que entran a los ríos
el hombre a mi lado bebe agua de un libro
y su rostro como el de los santos se ilumina
qué está escrito allí que sin leerlo siento su humedad
qué libro es ese
en donde las palabras no huyen de la página como en los míos
acaso lo que allí se lee no se olvida
y permanece en la memoria muchos años
como un río que sube y después llueve
¿esa brisa del agua al caer en sus manos
es la poesía?
De Animal no Identificado, 2013

METAMORFOSIS

Abierto el camino por Kafka,
invito a cada quien a ejecutar su propia metamorfosis.
Elijan ser lo que les plazca:
Yo elijo ser un libro,
un libro de 182 centímetros de alto,
tan alto y palpitante como un árbol,
deseoso de un dedo índice en mi pecho,
o que el viento alborote mis hojas,
echado yo en el campo,
u oír a la gente exclamar:
Dios mío, miren qué libro,
ése que va pasando.
Cruzar la pierna y leerme, en el pie de página,
un verso de Molina, enfocarme en el espejo
y leer un verso de Sabines,
y que al terminar el día una mujer se tienda
en mis páginas abiertas, y lea
las más antiguas lecciones de amor.
De Acto Textual, 2016

ANIMAL NO IDENTIFICADO

no entraron en El Arca:

las jirafas
que en un principio tenían el cuello corto
y que cabizbajas andaban por la selva anhelando
las hojas más altas

el Dodo y el Solitario de Rodríguez
que olvidados en las islas inhabitadas del océano Índico
renunciaron a la divina gracia del vuelo

los cisnes negros
porque no fueron creados por Dios sino por un poeta

todos los peces
las grandes ballenas
y los más pequeños organismos
en el ojo de una niña que llora

tampoco los dragones unicornios y pegasos
de las aves sólo las domésticas
las gallinas los gansos los patos el gallo
y como consta en las sagradas escrituras: la paloma

se quedaron afuera los centauros
las nereidas los faunos y los animales esféricos de Borges

porque eran muchos y muy grandes
también
la mayoría de los dinosaurios
pero de todos los animales que entraron
no reconozco al animal que recorre mi cuerpo
De Animal no Identificado, 2013

SEPULTURA DEL TACTO

Aquella habitación que, acaso, guarda ahora
sólo el recuerdo vivo de un único habitante
Francisco Brines

Desde la soledad de las paredes
imagino la casa abandonada:

Una finísima capa de polvo
cae sobre los días, cosa fúnebre
sin familia;

comienza con la huella de tu pie
-calor desnudo sobre loza fría-,
después sepulta el tacto
hasta que un viento suave y laborioso
hace las veces de sepulturero.

Los muros atestiguan
el paso lúgubre de las arañas,
y en sus ladrillos quedan
discusiones, rutinas y costumbres.

Los boleros que tanto te gustaban
se lamentan en esas manchas húmedas
y recuerdan que aquel repella y pinta
siempre fiel al servicio de la muerte.

A las paredes las destruye el tiempo,
en sus escombros me hallarán.
De Luciérnaga de otoño, 2018

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