¡MENUDO EMBROLLO!

»Mi Poeta sugerido: Luis Artigue

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas de HUMOR

 

Lo he leído. Quizás lo haya escuchado.
¿Qué más dá de dónde era la fuente?
lo que importa es el fondo. Que te cuente.
Si lo pude escuchar o lo he soñado,

si el impacto me vino de repente
o me pude sentir acongojado
obligando a mirar hacia otro lado
no hace al caso aunque fuera maloliente.

Y es que aquí lo que cuenta es el meollo,
que la chicha es el trigo y no la paja
aunque fuera pequeña, una migaja.
¿Quién me pudo meter en este embrollo?

Ahora mismo me encuentro anonadado
no sé, ya no me acuerdo ¡vaya rollo!
me he perdido, lo dejo, no me enrollo
pues no sé qué decir o lo he olvidado.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Luis Artigue

Luis Artigue

Las amantes

Lejos del estruendo de la épica

abrazadas yacen las amantes;
planeando a ras del suelo sus poemas corporales.

Les pareció la noche tan hipócrita y gélida,
tan inexacto el lecho mineral, monorrítmico,

que abrazadas yacen las amantes,
consumido ya el sándalo del deseo por la estancia.

Es tan inapropiada la palabra
frente a la primacía lingüística del tacto.
Es tan inapropiada la razón
que abrazadas yacen las amantes,
fundidos al silencio sus poemas corporales.

Bajo un techo elevado,
un cielo traspasado mientras vuela la entrega
lejos de lo finito,
abrazadas yacen las amantes.

Acompasadamente,
como si los latidos dialogaran,
salen dos soledades al encuentro
proclamando en un lecho la estación de las lluvias.
Miel de helecho.

Como el género virgen en casa de un platero
al pasar por el yunque
abrazadas yacen las amantes,
enredados sin dueño sus poemas corporales.

Confrontados
en una noche plena que deja cicatrices,
en una noche ajena a todos los deslices,
en una noche llena
de instantes intangibles que ayudan a existir.

Lejos del estruendo de la épica…

De La ética del fragmento.
*La ética del fragmento (Pre-Textos, 2017).

DE ESTE LIBRO NO ME LIBRO

Para resultar aún más inútil y por eso imprevisible
este libro debería ser gratuito
y desobediente.
Debería empezar por el final
como se empieza a vivir tras los primeros desapegos
y el desamor, el desengaño político, el afrodisíaco
contacto con la muerte
van añadiendo ritmo a la existencia.

Podéis no estar de acuerdo ni despiertos
pero siempre hay alguno entre vosotros
que lo ve de otra forma, que pilota su mente;
que sobrevivió al naufragio
e insinúa
que hacer repaso es humillar al tiempo,
que hay que seguir a flote si compensa,
que conviene
leer con lápiz y hacer cosas absurdas
para no ahogarse dentro de la normalidad.

De hecho
el río sigue su cauce y la vida su curso
pero yo te recuerdo desnuda
cuando entro en esos monasterios-restaurante de Centroeuropa;
te recuerdo borracha
cuando la luna y las luces de neón rielan en un embarcadero;
te recuerdo enterrada
porque ya me he perdonado a mí y a Dios,
porque he vuelto a escribir
como quien guisa a las cuatro y treinta y seis de la mañana.
Y lee un periódico atrasado.
Y da cuerda al reloj.
Y se pone a vivir y a improvisar
como si barajara las cartas de póker.
Y te echa de menos por vicio.
Y publica de nuevo por vicio.
Y llora
por pernicioso vicio de opulento inconfeso…

Para resultar más inútil y por eso imprevisible
este libro debería ser gratuito.

(De Empezar por el número tres. Poesía 1995-2005)

CONOCÍ A UN ASPIRANTE A SANTO CUYA MENTE POCAS VECES HACÍA PIE Y CUYAS PREGUNTAS APENAS CABÍAN EN EL MUNDO

A Chema.

“Pueden reducirme el espacio pero no la libertad”
me dijo con la cadencia rota
de su hereje voz de vino.
Tras cinco años y un día
se había sobrepuesto al olor de las gasolineras
y al teleclub demolido de su juventud
flirteando impunemente
con cada higiénica cajera de farmacia.

No le gustaban ya
los besos con sabor a medicina
y en los mercenarios clubes de alterne
se sentía como un noble:
de él aprendí algo sobre la dignidad
que no viene en la Biblia de la Vida Moderna, no.

Nuestras intimidades asediadas
se reunieron por casualidad geométrica
en el invierno de la rehabilitación
mientras el párroco penitenciario
aún le decía en sueños:
“Dios aprieta pero no ahoga”.

Nos envolvimos en cierta empatía de franela
e iniciamos como niños-soldado la peregrinación
al otro lado de lo que sabíamos
pues así se empieza. Tras punto y seguido.

Intentar ser libre implica imaginar,
discrepar,
creer,
tener bandera propia…

Oh Capitán, mi Capitán:
todos los vapuleados de esta era
necesitarían tu indirecto adiestramiento.
Yo aún conservo como actitud intrépida y en tu memoria eterna
la costumbre de vivir
y un grito de asombro redondo como un abrazo.

¿Dios aprieta pero no ahoga?

La vida aprieta igual que un mendigo callejero
estruja su viejo acordeón
como diciendo:

produce música

o revienta.
(De Por si acaso la vida.)

CANCIÓN DE CUNA

A mi hermano César.

Voy a dejarte escrito este poema
antes de que se enfríe;
que te enfríes.
Hace viento
y a estas horas ya todo parece una plegaria
pero,
¿qué podemos perder?

Mamá ha llorado mucho
aunque tal vez podamos recoger lo derramado
cuando vuelvas.
Sí, tal vez.

Hoy le he hablado de ti a una maga quiromante
con novio y besos lentos como un jueves de marzo.
He dicho algunas cosas afiladas y rojas
pero la ingravidez no está de moda.

Venga, vuelve
que es demasiado pronto.
Da otro sorbo
de aire como quien pide otra copa.
Gin con labios cremosos y no hace falta hielo,
ya me entiendes.
Sé que insiste el invierno
pero no estarás sólo.

¿Sabes? Te escribo raudo
en esta habitación color memoria
que tú mismo pintaste hace algún tiempo.
Ahora miro mis manos
y me río de los libros.

De pequeños yo te leía historias
sobre piratas, indios o amores mitológicos
pero hoy de qué te sirve el sudor de la tinta
en la cárcel del sueño.

El médico nos habla de tiempos de gangrena
y el paro me da igual desde que no respiras.
Hace varias semanas crujientes que ese lecho
te sabe de memoria.

¡Yo protesto!

La rebeldía no cura
pero ahora
qué podemos perder.

Papá dice que voy muy poco a verte
pero ese box de urgencias huele igual que La Antártida
y desde ahí yo miro al mar con empatía.
Aún soy mayor que tú
y conozco los nombres de todas tus heridas
(al pegar mi oído en tierra
mido tus taquicardias).

Venga, que todo pasa
y si no estás de acuerdo
vuelve y lo discutimos.

Sí, sonámbulo,
gritándole a la vida hasta quedarte ciego,
sorprendido,
gastado de viajar sin equipaje o rumbo,
en tren, a nado
guiado por sirenas y el goteo del suero,
deslizándote…
Como tú quieras vuelve.

Guardo para ese instante
algunas lunas llenas dentro de tu petaca
de plata
y un abrazo
intenso y de juguete;
de mentira.

Lo escribió Jeannete Winterson:
-Te quiero
siempre es una cita-.

Por no hacerle preguntas a esta casa de nieve
ahora que los letreros de la noche están locos
voy a dejarte escrito este poema
en tu almohada materna

antes de que te enfríes;
que se enfríe.

(De Tu aroma en la licorería.)

HUBIERA SIDO HERMOSO SOBREVIVIR JUNTOS AL MARTIRIO QUIRÚRGICO PARA RECIBIR LUEGO ESAS SUGERENCIAS MELÓDICAS COMPUESTAS PARA SER DEGUSTADAS POR DESAHUCIADOS

A Sonia.

Otra vez observé a una muchacha lírica
divertida y abstracta como la banda de Count Basie
cuando despliega su saxo poseso Lester Young.

Entonces
-la derrota en principio proporciona inocencia
y cierto desvalimiento de algún modo atractivo-
había en mis venas ríos de ron con granadina,
me parecían las nubes relleno de colchón
y llevaba en bandeja el corazón en una mano
como esas camareras de la Calle
Cincuenta y Dos.

Sí, ella
solía también mezclar los nombres de su agenda
y decir ¡ven y fúmame! a los desconocidos
como para saciar su sed de disonancias;
tenía una voz rasgada de radio nocturna,
sonrisa experta, miedo, la cabeza afeitada
y un tumor cerebral
(a veces pienso
que sin el jazz absoluto de la muerte
no habría religiones ni poesía).

Improvisaba.

Porque la decadencia está llena de destellos
yo hablé mucho con ella hasta que me hipnotizó
con sus hermosos modos de marionetista
y lloré la noticia de su fallecimiento
así,
como si nadie antes hubiera muerto…

Aún suelo recordarla con un pendiente solo
como las chicas traviesas

(De Tres, dos, uno? jazz)

HE CONSEGUIDO QUE NUESTRA VIEJA ÉPICA CICATRICE PERO AUNQUE ME ARRANQUEN EL DEDO ÍNDICE SEGUIRÁ SEÑALANDO LA DIRECCIÓN DE TU CASA

A Donal Savage.

Conocí a un loco
tan febril y estrafalario como un líder ungido.
Sus palabras parecían los vestigios de oxidadas utopías.
En su casa bebíamos absenta, fumábamos free jazz
y le cerrábamos la puerta al acreedor encorbatado durante el desalojo.

Oh, la adolescencia legendaria.
Oh, el ánimo abollado…

Recuerdo sus soliloquios y recuerdo la música
-Ornette Coleman al saxo
como un poeta maldito desertando del idioma-
cada vez que la reminiscente culpa pequeñoburguesa
me aloja en el barato Motel de la Tristeza.

Conocí a un borracho hijo del hombre
capaz de supervisar el catálogo de nuestras revoluciones.
Los distribuidores de camisas de fuerza lo tomaron al final como rehén
para que todo siga como siempre.

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