MI NOMBRE ES LUCIFER

Alina Galliano (sugerido)
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Permítanme que aquí yo hoy me presente,
mi nombre es Lucifer,
les juro, pues me deben de creer,
que así que esto les suene a prepotente,
el mal es mi deber.

El dueño, el más injusto, el de la muerte,
el amo del dolor,
que todo está en mis manos. Y el amor,
que unido siempre va junto a la suerte
me tiene a mi temor.

Que a malo ¡voto a dios! nadie me gana,
así se alguien lo intente,
allí donde está el mal yo estoy presente
haciendo que otro esfuerzo salga rana,
pues soy omnipotente.

Me arrastro como experta sanguijuela
con saña y desparpajo,
que allí donde está el mal no me relajo.
Después me voy sin más. Firmo la esquela,
pues ese es mi trabajo.
©donaciano bueno

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Alina Galliano

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Mi ciudad es perfecta y necesaria para vivir y ser vivida;
sudar porque hay calor en un acto sobrado sobre un cuerpo,
sudar con propiedad sólo es posible
si un cuerpo te enamora la epidermis
y hace que la dermis se transfigure
desde un Renacentismo de sabores
donde puede ocurrir que uno comprenda
esas conversaciones
que suelen sostener a cal y canto:
la pulpa de los albaricoques,
una tajada de melón de agua,
la exótica fragancia que contienen los anones, las guanábanas,
los mamoncillos, el membrillo, la pulpa de las peras
quizás una ciruela o un caimito;
por eso mi ciudad es perfectamente necesaria al cuerpo
a las fractales zonas de mi espíritu,
es necesaria para que yo habite una volátil manera
de sentirme los pulsos y las ganas
sin perderme un instante del proceso que significa
sudar la maravilla de mi cuerpo y otros cuerpos,
saberlos caminar sin rumbo fijo
y sentir el cansancio de haberlos caminado abiertamente
a un júbilo fehaciente
de símbolos y abstractos contra el hueso.
Yo-Yo Ma ejecuta de un modo magistral
la sinfonía sonata número I, en F mayor desde su cello
y Ludwig van Beethoven, como yo,
se emociona por encima de su sorda experiencia,
con los arabescos de esas notas
que este descendiente de raíz china y nacido en París
saca de entre los malabares de sus dedos
y su amor por Manhattan, en la cual tiene, su casi fija residencia
entre contratos y contrastes de rascacielos
o de esas geografías de aviones y de hoteles
adonde le da la vuelta al mundo con la música.
Mi ciudad es sin dudas el perfecto lugar para vivir y ser vivida
desde compases simples o compuestos.

Te regalaría uno de esos días

Te regalaría uno de esos días repletos de pereza
con olor a hierbabuena,
te regalaría un platillo de higos
con un toque de miel y canela.
Sí, me gustaría regalarte mi libro predilecto,
el que nunca se separaba de mis manos
cuando tendida en las frías baldosas del traspatio
mi infancia se llenaba de mundos por ser vistos;
también me gustaría regalarte el sentimiento
de tanto mar rodeándome el corazón
y las risas que me acompañaban
al saltar desde el muelle queriendo ser
una alga marina más entreteniendo el agua.
Me gustaría regalarte la primera emoción
del primer beso que me supo a beso,
el que no pude compartir contigo,
ése que yo sabía que en tus labios tendría
todo la antigüedad de paisajes a contra ojo
y campos de amapolas o quitrines.
Me gustaría regalarte nuevamente
la parte de mi piel que de tan tuya
esperó por la elocuencia tus manos
y por la suavidad de tus cabellos
para darse a tus deseos de un modo tan definitivo
que no hubo más memorias en mi cuerpo
que las que tu dejaste con tu aliento y tu saliva.
Me gustaría amor murmurarte al oído
lo que aún te amo y lo que aún me falta
por enseñarle a tu amor
otras maneras de enamorarte, amor,
en esta vida.

Se baña frente a mí

Se baña frente a mí caldeando los glaciales
confundiéndole al agua territorios, espejos,
sorprendiendo a las piedras su víscera de musgo
y luego se sumerge de lleno con mis ojos
fabricando sin prisa una estación de lluvia,
un lugar de monzones al Océano Índigo que habita mi deseo,
despertando las fauces de la Cobra a su fuego,
devolviendo a las cosas emplumadas su atmósfera,
el orden de sus cielos, la alegría delirante;
porque vienen al mundo destinatarios, remanente suyos,
maneras de su andar afilando el momento
destrezas milagrosas convirtiendo segundos en frutos
o acaso en novedosas semillas como perlas,
mercaderías, magias que llegan de lo súbito
para aderezar el gusto de una boca exquisita;
tributo, maravilla con que pagar a su rodilla un roce
apresando el peligro perfecto de sus dedos
la privada elocuencia donde existen países,
consonantes e cartas que esperan ser escritas o pensadas;
aturdiendo a los libros: comas, pronunciaciones, adjetivos, artículos
efervescencias únicas reorganizando pronombres al papel,
instantáneas voraces del júbilo que vive entre su puño,
lo mismo que un halcón, seguro de su presa.

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