DEL MÓVIL Y LA BONDAD

Poeta sugerido: Margarita Otero Álvarez

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Yo creo en la bondad del ser humano,
mas ¿qué digo creer? mejor, creía,
la culpa es de un sujeto, de un rumano
que el móvil me ha arrancado de la mano
en tanto que noticias yo leía.

Relato como fue. Cafetería.
Media mañana, la hora del almuerzo.
Era un tipo al que yo no conocía
que acercóse y pensando abrazaría
birlóme mi alegría sin esfuerzo.

Fue un segundo, no más. Grité indignado
-tuvo que ver mi cara de mastuerzo-
¡a ese tipo, al ladrón, que me ha robado!
mas nadie allí se dio por enterado,
que hubiera precisado algún refuerzo.

Le quise perseguir. Salí a la calle.
Pedí la ayuda a dios. Avemaría.
Traté de no perderme ni un detalle.
El viento que tocaba un pasacalle
me dijo que de risa se moría.

El nombre de la calle era una santa*
-las ratas no respetan ni a la iglesia-,
así que ella se apode sacrosanta.
Triste queja de un nudo en la garganta,
suplicando le apliquen anestesia.
©donaciano bueno

*Sor Ángela de la Cruz

Comentario: Madrid se ha convertido en un lugar en el que proliferan personas dedicadas a la mendicidad, cada cien metros hay uno/una, y de rateros, generalmente de origen rumano.

POETA SUGERIDO: Margarita Otero Álvarez

Margarita Otero Álvarez

BIsiones (I)

Hay sombras detrás de las cortinas
y se han parado los relojes.
Fuera, los panfletos deshechos
cubren el suelo y huele a pólvora.
Hay que tomar una decisión
arrastrarse o

volar.

BIsiones (II)

Han liberado el mariposario.
Ya no se celebran metamorfosis en las jaulas
apenas unas cuantas alas de ceniza
cuelgan suspendidas de los alambres.
Hay que dar la bienvenida a nuestras bestias sin redención
o buscar un acantilado.

Moriré hoy

Moriré hoy
lo susurran las costras de sal
en el cuerpo de esta embarcación
y lo dibuja el vuelo de las gaviotas
con cara de buitre.
Moriré
y quizá, pueda agarrar una mano
antes de hacer volar los pies
y pueda mirar unos ojos que hablen
antes de llenarme con el plástico
que deshechan.
Mi número no será importante
como no los son los restos de naufragio
que atrás quedan y que un día fueron
como tú.

AULLADA

IV
La encontraron en medio del estanque
sin ropa
y todos aquellos abecedarios.
Coches atravesados sobre las marcas blancas
que un día pintaron unas manos
de un siglo incomprensible.
Ya nadie hace sonar su infierno.
Ya todos miran a la loca del estanque de patos
que no paraba de decir
una por una
las plegarias perdidas
en los huecos de los árboles
a la espera de aire.

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