Elena Martín Vivaldi (poeta sugerido)

¡NO LEERLO!/Donaciano

EL POEMA Lee otros poemas de HUMOR

 

Perdonen los que saben lo que escriben
si heroico o no ha de ser este soneto.
¿Si nunca he de aprender por qué me meto
y a osar entrometerme no cohíben?

Yo soy loco de atar, un simple loco,
que se ofusca y que va contracorriente
¡decir, líbreme dios que soy demente
aunque a la mente palpo y no le toco!

Cual boca de botella de aguardiente
que rezuma en los labios de un beodo
vicioso de libar en ese lodo,
una especie de lengua de serpiente.

Poco más que el soneto que hoy escribo
expoliando meninges al cerebro.
A estos versos que no son de recibo,

renuncio. Que un soneto es de estraperlo
urdido con retazos que aquí enhebro,
que un canuto he fumado. ¡No leerlo!
©donaciano bueno

Comentario del autor sobre el poema: Un reclamo muy marketiniano para que alguien te compre un producto es decir que no lo compres. Claro que si después éste no es bueno, lo harán una vez pero ya están prevenidos en contra para tu siguiente mensaje. Ójala éste no sea mi caso.

POETA SUGERIDO: Elena Martín Vivaldi

Elena Martín Vivaldi

AMARILLOS

I
Qué plenitud dorada hay en tu copa,
árbol, cuando te espero
en la mañana azul de cielo frío.
Cuántos agostos largos, y qué intensos
te han cubierto, doliente, de amarillos.

II
Toda la tarde se encendía
dorada y bella, porque Dios lo quiso.
Toda mi alma era un murmullo
de ocasos, impaciente de amarillo.

III
Serena de amarillos tengo el alma.
Yo no lo sé. ¿Serena?
Parece que entre el oro de sus ramas
algo verde me encienda.
Algo verde, impaciente, me socava.
Dios bendiga su brecha.
Por este hueco fértil de mis ansias
un cielo retrasado me desvela.
Ay, mi esperanza, amor, voz que no existe,
tú, mi siempre amarillo.
Hazte un sol de crepúsculos, ardiente:
ponte verde, amarillo.

SOLEDAD

Y era un silencio duro como piedra;
un silencio de siglos.
Era un silencio adusto, impenetrable;
un silencio sin venas.
Era un dolor de amor, hecho de largas
noches sin el amado.
Hecho de fieles manos que se tienden
estremecidas, solas.
Era una voz dormida entre las sombras,
unas lágrimas secas.
Febril temblor de labios, una loca
esperanza desierta.

DESTINO

Entre ti, soledad, me busco y muero,
en ti, mi soledad, mi vida sigo,
vencida por tus brazos voy contigo
y allí te aguardo donde ya no quiero.

Desde siempre en mi calle yo te espero,
y amante de mis noches te persigo,
si alguna vez, dolida, te maldigo,
desde tu ausencia, triste, desespero.

Me diste la esperanza de tenerte
en mi dolor. Guiada por tu mano
subí los escalones de la muerte.

Aquí donde a tu sombra soy crecida,
el tiempo, tuyo y mío, va cercano,
dejándome la sangre ya cumplida.

DÍA 5

Dame tu mentira, abril,
venda mis ojos y enciende
toda la luz de tu sol,
y deja al alma que sueñe.

Esconde tú mi verdad.
No me la digas. Alegre
abre tu puerta. Que yo
por tu primavera entre.

Sonrisa. Abril. Cielo azul.
Con mis lágrimas, ya ausentes,
deja tu rocío a la flor.
¡Y dile al viento que espere!

EL ALA DE UN RECUERDO

Como un aire suave que el verano
nos deja entre la carne y acaricia,
trayéndonos, ausente, la primicia
de un otoño amarillo y más cercano.

Como un agua que llega hasta la mano,
sedienta de esperanza, y la delicia
de su frescura por la sangre inicia,
y calma el corazón. Así, lejano,

en brisas de nostalgias florecido,
el ala de un recuerdo, silencioso,
ha rozado mi alma, y, suavemente,

desde el umbral oscuro del olvido,
un sueño, de su noche, milagroso,
llega claro a mi sed con voz ausente.

GINKGO BILOBA – ÁRBOL MILENARIO

Un árbol. Bien. Amarillo
de otoño. Y esplendoroso
se abre al cielo, codicioso
de más luz. Grita su brillo
hacia el jardín. Y sencillo,
libre, su color derrama
frente al azul. Como llama
crece, arde, se ilumina
su sangre antigua. Domina
todo el aire rama a rama.
Todo el aire, rama a rama,
se enciende por la amarilla
plenitud del árbol. Brilla
lo que, sólo azul, se inflama
de un fuego de oro: oriflama.
No bandera. Alegre fuente
de color: Clava ascendente
su áureo mástil hacia el cielo.
De tantos siglos su anhelo
nos alcanza. Luz de oriente.
Amarillo. Aún no imagina
el viento, la desbandada
de sus hojas, ya apagada
su claridad. Se avecina
la tarde gris. Ni adivina
su soledad, esa tristeza
de sus ramas.
Fue certeza,
alegria – ¡otoño ! – . Faro
de abierta luz.
Desamparo
después. ¿Dónde tu belleza ?

LA LLUVIA

¿Cómo sería la lluvia
si no fuera de aroma,
de recuerdo,
de nube,
de color
y de llanto?
¿Cómo se oiría la lluvia,
si no brillara intensa,
pálida,
azul,
violeta,
relámpago,
arco iris
de olores y esperanzas?
¿Cómo daría la lluvia su olor,
su gris perfume,
si no fuera aquel ritmo,
aquella voz,
el canto,
eco lejano,
el viento,
una escala de ensueños?

¿Cómo sería la lluvia,
si no fuera su nombre?

POR TU SILENCIO AZUL

Tú, luna, si me hablaras,
si debajo de tu corazón frío
tuvieras, libre, un alma.

Si dentro de tu silencio azul
palpitaran palabras encendidas,
a mi vencida sangre despertando.

Si tus pasos dejaran una senda
y un marcado camino
para escapar al mundo de lo incierto.

Ay, luna, si llegaras,
luz de errante desvelo,
hasta mi casa.

Si abrieras los balcones de la noche,
y entre escalas de aromas
tus manos me tendieras.

Si olvidando tu ciega indiferencia,
llenaras a mis ojos de esos verdes
paisajes, donde tienes
escondido el secreto de tu llama.

Ay, luna, siempre luna,
por tu ventura inmóvil,
inútilmente luna de mi llanto.

¡Si tu me oyeras, luna!

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