POETA HORTELANO/

Aurora Luque (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Mis versos yo hoy extiendo por las Redes
igual que el hortelano
esparce las semillas con la mano
buscando que adornados de mercedes,
produzcan un buen grano.

Echando cual el trigo es a voleo
en campo no baldío.
Si puedo le acompaño de algún río
con agua, que evitando el abucheo,
le aplauda un buen gentío.

Los cuido con gran mimo y los abono,
la yerba mala escardo
tratando de extirpar si veo un cardo,
pues sé bien distinguir del que es muy mono
de aquel que es un bastardo.

Que yo soy un poeta, un hortelano
y amén no tengo abuela.
Los versos yo los labro con la azuela
disfruto y los digiero. Soy vegano
así que a alguien le duela.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDA: Aurora Luque

Aurora Luque

Premio Federico García Lorca (1981) y de Poesía Generación del 27 (2008)

Réplica de Adonis

He muerto. Mira mis manos malva
caer en el silencio, y mi sombra sin carne.
Mi nombre, desasido de mí, apenas levemente
se posa en vuestros labios.

No poseéis ya nombre,
leves frutos humanos: solamente la piel
teñida por el sol, el vello fino y blando,
el jugo que embriaga los muslos y los besos.

Mas ni siquiera el sueño de la luz
me permite la muerte:
la tierra que me abraza es más oscura
que el vientre de los bosques
o el espacio pisado por los astros.

Tras la muerte me nutre la nostalgia,
el aroma vinoso de la fruta
demasiado madura,
y su peso en mi palma,
mejillas con sabor a frutos de verano
y caricias devueltas a la luna
sobre una piel hermosa.

La nostalgia quemante de los muertos.
No hay por qué dar las gracias
a dios alguno.

Azuloscuro

No sé si te parece paradoja
pero quizá no mienta si declaro
la inmensa inteligencia del deseo:
las lentas odiseas por tu cuerpo
en el sabio navío de la búsqueda
en todos los senderos tan exacto,
propicio a saturar, con islas encendidas,
las nostalgias antiguas.

Azuloscuro y sabio es el deseo,
lira que desde lejos obligase a la danza,
a componer un himno de latidos:
la sola inteligencia de vivir
en deseo perpetuo de naufragio.

La deconstrucción o el amor

Amar es destruir: es construir
el hueco del no-amor,
amueblar con milagros la pira trabajosa
echando al fuego lenguas, carne de ojos vencidos,
piel jubilosa, dulce, nucas saladas, hombros temblorosos,
incinerar silencios y comprobar la altísima
calidad combustible del lenguaje.
Hay estadios del cuerpo a cuerpo a cuerpo
que no alcanzaron nombre en el origen.
Y quién inventa hoy
vocablos para el quicio
fragante de una piel, nombres para los grados de tersura,
acidez o tibieza de un abrazo, quién justificaría
las palabras-tatuaje, las palabras tenaces como un piercing,
las palabras anfibias e ilegítimas.
El poeta ha dejado junto a cada palabra
lo que cada palabra le pidiera al oído:
derramarse indecible en otro cuerpo
o estallar en un verso como válvula.
El poeta, desnudo,
cuelga una percha en un árbol perdido
y las palabras van
al poema a vestirse.

Definición del abrazo

-No temerás los odres destapados de Eolo.
Los vientos se entrecruzan tras los mares,
viajan en las borrascas, pulsan olas turgentes,
despeinan deportistas y palmeras.
Los abrazos son vientos concentrados y sabios
-mi noto tú mi céfiro mi bóreas.
No temerás las calles arrasadas,
los bosques descuajados, los altos oleajes.
No temerás los odres destapados de Eolo.

APROAR

Vino la poesía de improviso.
A mí, que me sentía
malquerida por ella
—porque yo no la quise a su capricho—
me dijo: Túmbate y mira al cielo.
Vuelve al ciclo del huerto,
vuelve al mar mitológico.
¿No adorabas de niña las mochilas?
Da la espalda al vecino vertedero
de datos, ruido y prosa.
Traduce —a ver si puedes—
esa gracia del mundo
que es aullido y sonrisa.
Métete ya en un barco
con proa de dragón.
Fuiste vikinga, sí,
aunque no lo sepas.
Así que bebe océano,
come islas y duerme ya en los bosques
que metí entre tus sueños
de once años.

ANFITRITE

Anfitrite. Qué pocos te nombraron.
Casi sola en tu nombre: no lo cedes
a una carencia triste o a un peligro.
No te asignaron ritos ni subieron
a colinas ni a acrópolis. Estás en tu albedrío.
Eres la mar tranquila
sin caballos de patas de huracán.
Poseidón, codicioso de Atenas,
destruyó con su cólera el voto de mujer,
los nombres de las madres.
Tú eres el mar-espejo, el mar-aceite,
la presencia mayor, mas no invocada:
no aterrorizas: bañas.
Matérica materna ensambladora,
regalas la corona submarina a Teseo.
Estar serenamente. Coexistir.
¿Y si aprendiéramos de ti
una forma de estar en el lenguaje?
¿Si expulsáramos
a los que exigen súplicas y trueques,
acatamiento, altares, sumisiones?
¿Y si cuidáramos la calma
circulante y azul en que consistes?
Tomar de ti, Anfitrite,
la ética serena
que aleje a los feroces.

MAR DE ARGÓNIDA

“No estuve nunca allí, dijiste,
nunca regresaré de aquella Atlántida”.
O estuve desde siempre. Navegarte más tarde
fue la duplicación de una existencia
jubilosa y absorta, previvida,
no sé qué transfusión
de salmo, sueño, sangre de aventura,
de olores subsumidos, deseos encriptados
en no sé qué vehículos del cuerpo.
Los mitos nos enseñan, Medusa, a habitar mares.
Tengo una casa, pero tengo los mares
cuando amo los mitos.
El cieno murmurante bajo el cauce, armazones de redes
clandestinas, diálogos de aves
puras e incandescentes, las arenas absueltas,
libres de orografías y echadas a volar,
a nadar onduladas como carne de ninfas.
Oh, sí, qué vivas siguen
las diosas de las aguas. Todas las extensiones del misterio
las prodigan los vientos oceánicos
o esa cuna de sombras y abismo que se mece
en cada ola cobalto de la tarde.
Las fábulas fascinan porque eligen un barco,
zarpan de puertos viejos, merodean marismas,
escuchan gritos hondos, roban música al mar.
Los limbos de los monstruos,
las cabezas de múltiples Orfeos,
la memoria errabunda de los náufragos,
las criaturas azules nunca vistas,
la locura del hombre mitad isla perdida:
fruta extraña del mar, droga insondable.

—Medusa, qué corales nacieron de la sangre
de tu pelo reptil, de la cólera roja de saberte
moribunda y vencida. Medusa, es hora ya
de anular tu mirada de piedra, tus serpientes.
Desencriptar la fábula que hundieron en el fondo,
robar contigo música del mar.
Y aquí, después del canto,
que la mar nos archive en su destino.

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