SI UN DÍA EL MAR…

Mi Poeta sugerido: »Abel Romeo Castillo

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Si un día el mar sufriera un cataclismo
y toda el agua que hay se desbordara,
la tierra con la misma se inundara,
el mundo no sería ya uno mismo.

Si el mismo sol de pronto se apagara
la luna la obligara a echar la siesta,
viviera cual pasota en la floresta
y nadie aquí quisiera dar la cara.

Si un mal día la tierra se secara
y sin agua, el principal, que es su alimento,
la verdad se quedara sin sustento
y muriera hasta el dios que lo fundara.

Si la banca saltara por los aires
y la bolsa se fuera a tomar viento,
los suspiros quedaran sin lamento
pues que el viento acabara con desaires.

Si es que un virus, tuviera o no corona,
sometiera los hombres a un asedio
pues quisiera quitárselos de enmedio
sin dejar ni a Madrid ni a Barcelona.

Si las aves quedaran sin sus nidos
y la flora y la fauna se pudriera,
no existiera ni un humano que nos quiera,
las canciones sonaran sin sonidos.

Si las bocas quedaran sin ofertas,
los oídos haciendo oídos sordos,
los manglares fundieran a los fiordos
y en las plantas las hojas todas muertas.

Suponiendo que yo aun siguiera vivo
pediría aun leyeras lo que escribo.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Abel Romeo Castillo

Abel Romeo Castillo

Romance criollo de la niña guayaquileña

Guayaquileña bonita, palomita cuculí,
fragancia de los frutales, granito de ajonjolí,
carnecita de canela, blancor de coco al reír,
pelo de noche sin luna, mirada oscura de añil,
¡no me mires de ese modo porque me voy a morir!

La lluvia va improvisando cortinas de agua sin fin
y las calles enlodadas visten un oscuro gris;
los grillos quieren cantar a lo Ibáñez-Safadí
y en las esquinas los pacos flautean su piulí.
¡Se está cebando el invierno con el pobre Guayaquil!

La niña guayaquileña, suavidad de caniquí,
pabilo que se consume, se está muriendo de esplín.
¡No te mueras, morenita sin antes quererme a mí!
¡Sin que me digan tus labios palabritas de canguil,
sin recostarte en mi pecho y dormirte de perfil!

Cuando la calle se quede color de guachapelí,
guáchara de todo ruido, triste como un amorfín,
yo me apearé de la noche y me llegaré hasta ti
para cantarte al oído eso que deseas oír:
«Me quiero casar contigo, pedazo de serafín».

Romance de mi destino

Todo lo que quise yo tuve que dejarlo lejos,
siempre tengo que escaparme y abandonar lo que quiero.
Yo soy el buque fantasma que no puedo anclar en puerto;
ando buscando refugio en retratos y en espejos,
en cartas apolilladas y en perfumados recuerdos.

Nadie sabe como yo el lenguaje de los pañuelos
agitándose en los muelles, sacudiendo el aire trémulo.
Nadie como yo nació con destino marinero;
la única flor que conozco es la rosa de los vientos.

Por más que estiro las manos nunca te alcanzo lucero,
jugo de amargos adioses es mi vaso predilecto;
yo me bebo a tragos largos mi pócima de recuerdos
y me embriago en lejanías para acariciar mis sueños.

Añoranzas

Y fue en Versailles, en la dorada fiesta
-¡oh eglógica pastora deliciosa!-
que te ofrendé mi amor en una rosa,
al arrullo sonoro de la orquesta.

El alma al sueño de la dicha, presta,  
abrevió su existencia dolorosa
al pronunciar tus labios la amorosa
confesión pasional, en la floresta…

Todo volviose para mí risueño:
la luz, el lago, el parque y las canciones  
de la fontana que arrulló mi ensueño.

Y cabe los perfumes de las frondas,
renacieron mis blancas ilusiones
bajo la seda de tus crenchas blondas.

Serenata

Es el bardo que dijo en romance galano
la legendaria historia del paladín audaz
que a las moriscas gentes abatió con su mano
que fue timbre y orgullo del valor castellano,
que de vencer a un mundo, se dijera capaz.

El que al pie de la reja de tu ventana gótica,
entona la vibrante, y amorosa canción,
que en su pecho ha nacido, como una flor erótica
como una roja rosa, perfumada y exótica,
para que tú la pongas, en tu ducal blasón.

¡Oh blonda Castellana!… ¡Mi Castellana blonda!
estrella de mis noches de pena y aflicción,
por quien el bardo amante, bajo la ojiva ronda,
sufriendo una incurable herida, roja y honda,
que tus ojos le hicieron en pleno corazón…

¡Oh blonda Castellana, que en los torneos galantes
aclamaron la Reina de Belleza sin par,
los bravos fijosdalgos, los de los tiempos de antes,
los de la espada al cinto, los del porte elegante,
que por una sonrisa se dejaban matar.

Reina y Señora mía, por quien mil trovadores
entonan sus rondeles, bajo del ventanal;
Reina, por tu belleza, de las fragantes flores
que para ti, despiden embriagantes olores,
perfumando la estancia de tu mansión feudal;

por ti, canta la fuente del parque cristalina
su canción, melodiosa serenata de amor,
y el ramaje verdoso entreteje una fina
labor, y así protege tu frente alabastrina
para que no la hiera de Febo el resplandor.

Por ti, los paladines a tu beldad rendidos,
hacen lujo en la liza, de valor sin igual,
que ante tus pies, se postran: vencedor y vencido,
pues tú, sola eres Reina, pues por ti ha perdido
su corazón y su alma, toda la Corte Real.

Por tu blancura, celos padece el marqués Lirio,
y diamantes y perlas se han negado a brillar
en nuestro pecho, porque, han sufrido el martirio
de ver, que ante tus ojos, eran cual blanco cirio,
que quisiese a dos soles, con su brillo igualar.

Y yo, bardo de raza, de los viejos troveros
que a la luz de la luna; cantaban su canción,
y que por su Señora, cruzaban los aceros,
y en la caza, servíanles de fieles halconeros
recibiendo por pago, de ellas el corazón;

os doy el alma entera, ¡Mi Reina, mi Señora!
os doy mi alma entera, mi alma de Trovador,
pobre alma vagabunda, que serlo a vos adora…
pero, si la rehusares, matadme mi Señora,
matadme con tus ojos: ¡quiero morir de amor!

La ninfa

Contemplaron los silfos su escultura
tras el sedoso vuelo del ramaje,
en la quietud solemne del paisaje
de rara, mitológica hermosura.

En su concha de plata, en la espesura
escanció el dulce néctar del salvaje
manantial, y dormida en el boscaje
Selene la encontró radiante y pura…

A las luces miríficas del astro
un erótico ensueño parecía
en su blancura tersa de alabastro;

¡y ceñida la frente con los lauros
de Diana, huyó, por la floresta umbría
en la grupa de helénicos centauros!

Canción de los quince años

Son los quince abriles como quince rosas
con rocíos claros de maga alegría.
¡Corazón que tiene, cual las mariposas
alas de azul y oro de la fantasía!

Cada frase tiene la gracia de un verso;
olor a jazmines el cabello efluvia,
compendian ese fragante universo
las flores, el ave, la muñeca rubia…

Son los quince abriles como quince rosas
divinas, robadas a un albo bouquet;
tener un anhelo de imposibles cosas
y ruborizarse sin saber por qué…

A flor de labios

Mi musa: toda ingenua, por ser joven,
se yergue melodiosa sobre un plinto.
Gusta de los jazmines que la arroben
y de los novilunios de jacintos.

Tiene los cisnes del ensueño,
bienes azules de los cielos y las nubes;
un jardín otoñal para Jiménez,
y para Nervo un coro de querubes.

Y ama el éxtasis: palmas y martirios,
las letanías, el celeste coro;
tiene para María blancos lirios,
y para Pedro, ¡las trompetas de oro!

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