UN TRISTE FIGURANTE/

Juan Nicasio Gallego (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Mañana, si es que amaina la tormenta
y el sol desaparezca al horizonte
detrás de las colina de su monte
comprenda si el vivir le trae a cuenta.

Mañana cuando no haya nubarrones
y el cielo se descubra y transparente,
se aclare la negrura de su mente
y empiece a descubrir nuevas traiciones.

Mañana al contemplar, si es que hay mañana,
la corta trayectoria que ha tenido,
los muchos varapalos que ha sufrido
habrá de decidir si viene en gana

echar aquí el final a su carrera
de intérprete, no más que un figurante,
que sueña con matar a un contrincante
y acaba como un perro en la perrera.

Y así se irá, tal cual, como ha venido
sin nada que ocultar bajo el sobaco
igual que aquel que fuera a por tabaco*
y nunca más del mismo se ha sabido.
©donaciano bueno

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*Acerca de la expresión del marido que se fue a por tabaco y nunca más volvió.

¿Conoces a Juan Nicasio Gallego? Lee/escucha algunos de sus poemas

Juan Nicasio Gallego

A una señorita que me pidió versos

Del padre Tajo el agua cristalina
con su puñal sacrílego ensangrienta,
de estragos siempre y lágrimas sedienta,
civil discordia en la nación vecina.

La ambición, que a dos príncipes fascina,
de Montiel los escándalos ostenta
a la asombrada Europa; y muda y lenta
peste voraz sus pueblos extermina.

¡Ay, que ya el monstruo la comarca huella
de los hijos del Betis, que a millares
abandonan su hogar despavoridos!

¿No escuchas sus lamentos, Dina bella?
¡Y ahora me pides himnos y cantares!
Pídeme llanto, indignación, gemidos.

La primavera (Gallego)

Sacude abril su fértil cabellera
y el ancho suelo puéblase de flores;
el alba le saluda, y mil colores
en torno brillan de la clara esfera.

Anuncia alegre el soto y la pradera
la vuelta de la risa y los amores,
y arroyos, aves, selvas y pastores
cantan la deliciosa primavera.

Ríe el zagal; alégrase el ganado;
todo el placer de su presencia siente;
el bosque, el río, el páramo, el poblado,

mas yo, que estoy de mi Pradina ausente,
suspiro solo y de tristeza helado,
cual si bramara el ábrego inclemente.

A Zaragoza

Viendo el tirano que el valor ferviente
domar no puede del león de España,
ni el lazo oDioso de coyunda extraña
dobla el fuerte Aragón la invicta frente,

y juró cruel venganza, y de repente
se hundió en el Orco, y con horrible saña
del reino oscuro que Aqueronte baña
alzó en su ayuda la implacable gente.

De allí el desmayo y la miseria adusta,
de allí la ardiente sed, la destructora
fiebre salieron y el contagio inmundo.

Ellos domaron la ciudad augusta;
no el hierro, no el poder. ¡Decanta ahora
tu triunfo, oh Corso, y tu valor al mundo!

Cargado de mortal melancolía

Cargado de mortal melancolía,
de angustia el pecho y de memorias lleno,
otra vez torno a vuestro dulce seno,
campos alegres de la patria mía.

¡Cuán otros, ay, os vio mi fantasía,
cuando de pena y de temor ajeno,
en mí fijaba su mirar sereno
la infiel hermosa que me amaba un día!

Tú, que en tiempo mejor fuiste testigo
de mi ventura al rayo de la aurora,
selo de mi dolor, césped amigo;

pues si en mi corazón, que sangre llora,
esperanzas y amor llevé conmigo,
desengaños y amor te traigo ahora.

Al cumpleaños de Para

¡Pradina hermosa! cuando Dios quería,
y yo feliz tus ojos celebraba,
de tu presencia angelical gozaba
y en tu blando mirar me embebecía.

De tu boca dulcísima la mía
en tiernos besos el maná gustaba,
a tu bella garganta me abrazaba,
y de amor y placer desfallecía.

Mas hora ¡triste! de tu lado ausente,
de la esperanza el mentiroso halago
es cuanto gozo en mi dolor vehemente.

Beso un papel; abrazo el aire vago;
la hiel del tedio gusto solamente,
y en amargura y llanto me deshago.

Los hoyuelos de Lesbia

Cruzaba el hijo de la cipria Diosa
solo y sin venda la floresta umbría
cuando, al pie de un rosal, vio que dormía
al blando son del mar mi Lesbia hermosa;

y al ver pasmado que su faz graciosa
los reflejos del alba repetía,
tanto se deslumbró que no sabía
si aquello era mejilla o era rosa.

Alargó el dedo el niño entre las flores
y en ambos lados le aplicó a la bella,
formando dos hoyuelos seductores.

¡Ay, que al verla reír, la dulce huella
del dedo del amor mata de amores!
¡Feliz el que su boca estampe en ella!

Al Duque de Rivas

Tú a quien afable concedió el destino,
digna ofrenda a tu ingenio soberano,
manejar del Aminta castellano
la dulce lira y el pincel divino.

Vibrando el plectro y animando el lino,
logra Saavedra, con dichosa mano,
vencen las glorias del cantor troyano,
robar las gracias del pintor de Urbino.

Lógralo, y logre yo, si más clemente
se muestra acaso la áspera fortuna
que hoy no me deja en blando son loarte,

tejer nuevas coronas en tu frente
ya esclarecida por tu ilustre cuna,
ya decorada del laurel de Marte.

A Lord Wellington

A par del grito universal que llena
de gozo y gratitud la esfera hispana,
y del manso, y ya libre, Guadiana
al caudaloso Támesis resuena;

tu gloria ¡oh Conde! a la región serena
de la inmortalidad sube, y ufana
se goza en ella la nación britana;
tiembla y se humilla el vándalo del Sena.

Sigue; y despierte el adormido polo
al golpe de su espada; en la pelea
te envidie Marte y te corone Apolo;

y si al triple pendón que al aire ondea
osa Alecto amagar, tu nombre solo
prenda de unión, como de triunfo, sea.

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